RSAI y SJPAM participaron en el encuentro «Mujeres defensoras del territorio» de Alboan

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En un esfuerzo por articular estrategias de resistencia a escala global, las secretarias ejecutivas de SJPAM y la Red de Solidaridad y Apostolado Indígena – RSAI participaron en el tercer encuentro de mujeres defensoras del territorio, celebrado en Berriz, País Vasco, entre el 24 y el 27 de mayo.

El encuentro, organizado por ALBOAN, reunió a representantes de Guatemala, Honduras, Colombia, México, la Amazonía y Euskadi. Este espacio, que inició su andadura en 2020, se ha consolidado como un ámbito crítico para denunciar el impacto diferenciado que el modelo extractivista ejerce sobre los territorios, la vida y los cuerpos de las mujeres.

Durante las jornadas, las participantes analizaron la conexión entre las dinámicas globales y las realidades locales. Se denunció que la creciente demanda mundial de minerales y energía —presentada a menudo bajo la narrativa de una «transición energética» necesaria— está reproduciendo formas de despojo, desplazamiento y conflicto social en los territorios del Sur Global. Según las conclusiones del encuentro, los discursos de «progreso» y «modernización» suelen encubrir la explotación y expoliación de recursos, la militarización y la subordinación de la vida de los pueblos y la naturaleza a los intereses económicos.

La violencia sobre el cuerpo-territorio fue uno de los ejes más críticos del debate. Las participantes enfatizaron que la violencia patriarcal y sistémica que acompaña a los proyectos extractivos afecta a las mujeres de manera directa y estructural. Se debatió sobre el alarmante incremento de la violencia sexual y el abuso contra mujeres y niñas en zonas donde se asientan empresas mineras y petroleras, agravado por la prepotencia de actores externos y la presencia de grupos armados.

Asimismo, se denunció la sistemática vulneración del derecho a la consulta previa, libre e informada. En muchos casos, empresas y Estados excluyen deliberadamente a las mujeres, limitándose a negociar con los «jefes de familia» varones, lo que invalida el consentimiento real de las comunidades.

El encuentro visibilizó también la «triple carga» que enfrentan las defensoras: el trabajo asalariado, las tareas domésticas y el cuidado de la familia. A esto se suma lo que las participantes denominaron una «cuarta carga»: el agotamiento físico y emocional derivado de la lucha política y la defensa del territorio. Esta sobrecarga se ve agravada por la discriminación racial y de género, mientras que los Estados y las empresas suelen eludir su responsabilidad frente a los daños causados.

Ante este panorama, las defensoras reivindicaron el papel fundamental de los saberes ancestrales, exigiendo el reconocimiento y respeto de las medicinas y prácticas tradicionales, históricamente menospreciadas por el sistema pese a ser esenciales para la salud y la economía comunitaria.

La demanda central del encuentro fue inequívoca: una justicia social y ambiental de carácter intergeneracional. Las participantes exigen a los gobiernos que las empresas asuman su responsabilidad por la contaminación de ríos y la destrucción de ecosistemas, garantizando el derecho a una vida digna para las generaciones futuras. «No queremos lástima, exigimos que quienes autorizan las licencias se responsabilicen de los daños», concluyeron las representantes.

El encuentro cerró con el compromiso de continuar tejiendo redes internacionales, bajo la convicción de que la defensa del territorio es, intrínsecamente, la defensa del cuerpo y la dignidad de los pueblos.

María Eugenia Carrizo | Secretaría Ejecutiva SJPAM

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