27 junio, 2026
El Consorcio del DUEC, en alianza con investigadores internacionales y las comunidades locales, culmina con éxito un riguroso diagnóstico en los Centros Loyola de Cuba. El resultado es un modelo de intervención social diseñado como piloto escalable para apoyar la educación jesuita, contribuir a la dignidad y la educación popular en los territorios más vulnerables de la región latinoamericana1.
Como parte de un proceso de investigación-acción colectiva, el Sector Educativo de la CPAL conformó un equipo integrado por investigadores de universidades de AUSJAL y comunidades locales para desarrollar una etapa diagnóstica de los Centros Loyola en Cuba. Este proceso buscó generar conocimiento situado y aportar valor al fortalecimiento de su propuesta educativa desde el marco del Derecho Universal a la Educación de Calidad (DUEC).
La experiencia, desarrollada con un alto rigor metodológico, se articuló mediante un Consorcio de Observatorios/Laboratorios, integrado por universidades de AUSJAL y otros actores sociales y educativos. Su propósito fue observar, analizar y fortalecer las prácticas educativas en territorios vulnerables de América Latina priorizados por la CPAL, promoviendo procesos de transformación sustentados en la investigación colaborativa y el diálogo entre la academia y las comunidades.
1. El Nacimiento de un Modelo Réplica
¿Cómo contribuir y apoyar la educación de los Centros Loyola en Cuba?, La respuesta la está construyendo la CPAL a través del Consorcio del DUEC (Derecho Universal a la Educación de Calidad) con una primera experiencia piloto en los seis Centros Loyola de Cuba.
El esfuerzo conjunto de varios actores hizo posible un diagnóstico con todas las voces. En un proceso de co-construcción donde se articularon el gobierno de la CPAL, un equipo de investigadores del Consorcio, directivos, educadores, estudiantes y familias de los Centros Loyola, se fue hilando un trabajo de diálogo y revisión. Con el recurso de un modelo de intervención social y educativa se logró hacer una mirada colegiada y un diálogo compartido que puede ser faro metodológico transferible a otros territorios de alta vulnerabilidad social y política donde la Compañía de Jesús hace presencia.


2. La Radiografía del Territorio con el sello Ignaciano:
Fieles a la pedagogía de la encarnación de la Segunda Semana de Ejercicios Ignacianos, el Consorcio implementó una metodología dialógica, para escuchar las señales que aportó el territorio. Inspirados en Paulo Freire y Orlando Fals Borda, el equipo combinó:
El análisis, construido a partir de las voces de familias, estudiantes, docentes y equipos directivos, reveló tres grandes tensiones estructurales: En primer lugar, la precariedad de los servicios básicos, expresada en las dificultades de acceso al agua, la electricidad y la conectividad. En segundo lugar, un entorno social caracterizado por la deserción escolar, el consumo de sustancias, la fragilidad de los vínculos comunitarios y la escasez de referentes protectores para niños, niñas y jóvenes. Finalmente, el aislamiento geográfico, agravado por las limitaciones del transporte, que restringe las oportunidades de acceso, permanencia y participación educativa.
Al mismo tiempo, el diagnóstico identificó fortalezas significativas sobre las cuales es posible construir procesos de innovación y mejora. Los Centros Loyola se consolidan como espacios de protección, aprendizaje y cohesión comunitaria, con oportunidades para ampliar y diversificar su oferta formativa mediante talleres flexibles, fortalecer programas de acompañamiento socioemocional para distintas generaciones y potenciar iniciativas de cuidado, como las meriendas y los huertos comunitarios, que favorecen la permanencia educativa y fortalecen el tejido social.
En este contexto, el desafío no consiste únicamente en responder a las carencias identificadas, sino en convertir los hallazgos del diagnóstico en una agenda compartida de acción. Ello supone diseñar e implementar planes de mejora educativa construidos de manera colaborativa, capaces de articular recursos, conocimientos y compromisos institucionales para fortalecer el derecho a una educación de calidad en los territorios donde los Centros Loyola desarrollan su misión.



3. El Plan de Acción Integrado: Seis Líneas para mejorar la experiencia educativa de los Centros Loyola:
Con la convicción de que la educación es un derecho humano inalienable y de que las transformaciones más profundas nacen del reconocimiento de las capacidades ya presentes en las comunidades educativas, el Consorcio del DUEC en cabeza del equipo de investigadores ha diseñado una hoja de ruta de doce meses para acompañar el fortalecimiento de los Centros Loyola.
La iniciativa que se fundamenta en la perspectiva de cartografía social pone en el centro la escucha, el diálogo y la construcción colectiva del conocimiento. Más que llevar respuestas externas, la propuesta busca visibilizar y potenciar la riqueza pedagógica, comunitaria y espiritual que los Centros Loyola han venido construyendo en sus diversos contextos.
En este proceso, las redes de AUSJAL, FLACSI y Fe y Alegría, junto con el equipo de investigadores, se suman como interlocutores y compañeros de camino, aportando experiencias, aprendizajes y perspectivas que permitan enriquecer mutuamente la comprensión de los desafíos y oportunidades de los centros. Se trata de un ejercicio de colaboración entre redes apostólicas que reconoce que todos tienen algo valioso que ofrecer y algo nuevo que aprender.
Desde este horizonte compartido, la investigación propone seis líneas estratégicas orientadas a fortalecer y proyectar la calidad de los Centros Loyola, consolidando un camino de esperanza y de compromiso con una educación cada vez más humana, inclusiva y transformadora.
Estas líneas de acción serán desarrolladas entre 2026 y mediados de 2027 mediante un proceso de corresponsabilidad en el que los equipos de los Centros Loyola asumirán un papel protagónico en el diseño e implementación de las iniciativas, acompañados por el equipo de investigadores y por las redes de la Compañía de Jesús. De este modo, la investigación se convierte en una oportunidad para reconocer las capacidades ya existentes, aprender unos de otros y construir, en red, caminos de esperanza para la educación.


4. El Legado del Piloto: Una Brújula para la Compañía Universal
La riqueza de este proceso radica en su diseño organizativo. Para sortear las restricciones de movilidad y seguridad de Cuba, el plan distribuye responsabilidades entre múltiples agentes externos, evitando la saturación institucional. Aquí es donde el gobierno de la CPAL asume su rol más estratégico: el Consorcio de investigadores no solo monitorea, sino que documenta científicamente el proceso. Así, la sistematización de la experiencia en Cuba deja de ser un hecho aislado para convertirse en una metodología probada, eficiente y escalable, lista para ser exportada a cualquier otra frontera de la Compañía de Jesús en el mundo donde la educación popular sea la clave para restaurar la dignidad humana a través de una educación de calidad.
Grupo Proyecto Cuba-CPAL