28 septiembre, 2026

Compartimos el comunicado del encuentro regional de jóvenes de pueblos originarios, organizado por la Red de Solidaridad y Apostolado Indígena (RSAI), en compañía de la CPAL y el SJPAM:
Del 21 al 25 de septiembre de 2026 diversos jóvenes provenientes de Chile, Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala y México se han encontrado en el territorio Quechua de Andahuaylillas, Cusco, Perú, para iniciar un diagnóstico regional juvenil. Para ello, han llegado a tierras andinas cargando las voces de sus abuelos y abuelas, las luchas y dolores de sus territorios y pueblos, los colores y trajes de su cultura, la música y danzas de sus comunidades, sus sueños y proyectos comunitarios.

Contando con la protección de los Apus del Quispicanchi, las voces juveniles tseltales, nahuas, quichés, quechuas, quichuas, mbya guaraníes, macuchi, awajun, mojeño Ignaciano, maijuni, avá guaraní, matsigenka, yampara, chedungun, Maya mam y Maya Sakapulteko … se unieron con las de sus ancestros para recordar que hablar de un territorio es hablar de las personas que lo cuidan, de los saberes que permanecen y de los cambios que les amenazan.





La palabra empezó a tejerse desde el reconocimiento de las cicatrices y dolores, se habló del racismo, la discriminación y la violencia sexual, del machismo, la contaminación, la minería, las hidroeléctricas y los efectos devastadores del extractivismo; de lenguas y costumbres que se debilitan, de la migración juvenil y la discriminación; así como de la falta de oportunidades en las comunidades, la explotación al campo, y sobre los efectos de las redes sociales y la inteligencia artificial.
En la diversidad de tejidos, así como de territorios, los dolores abrieron paso a la esperanza, la que se gesta de raíz desde la sabiduría ancestral, la espiritualidad, la comunidad y la memoria. Se habló del ayni, la minga, las asambleas, el trabajo compartido, las formas de respeto de sus pueblos y la importancia de sus abuelos y abuelas como los principales transmisores de su cultura, su lengua, sus historias y el amor a la tierra; demostrando así que la memoria es resistencia, palabra y vida compartida.

Y es desde estas raíces que los y las jóvenes nombraron sus semillas y frutos. Se habló de acuerdos comunitarios para cuidar el territorio, espacios creados por jóvenes mediante la danza, la música, el cuidado ambiental y la conversación con personas sabias. Se escuchó sobre mujeres que están abriendo espacios de participación, aun cuando persisten el miedo y las dificultades para hacerlo. Dieron a conocer grupos juveniles, espacios pastorales, talleres de formación y experiencias de liderazgo juvenil; así como iniciativas agroecológicas, periodismo ambiental y recuperación de memorias mediante libros y bitácoras.
Desde sus territorios fueron llegando distintos proyectos y formas de actuar. Ya sea para cuidar el idioma y la espiritualidad o para compartir aprendizajes y estrategias mediante el arte, el deporte, la comunicación o la educación. Y al escuchar sus voces quedó claro que hay conocimiento, experiencia e iniciativas impulsadas por las mismas juventudes desde sus territorios; y que en la riqueza de esta diversidad hay aprendizajes, estrategias y posibilidades compartidas.



Desde los surcos iniciados por sus ancestros y ancestras, estas juventudes siguen sembrando sueños, rescatando la memoria y creando nuevos caminos en miras del Buen Vivir y el cuidado de la Pachamama. Hay mucho trabajo, hay muchos retos por delante, pero desde el caminar juvenil de estos pueblos se va construyendo el mañana que gestará un mundo distinto.
Agradecemos a nuestro Dios Padre-Madre, a los Apus, a las voces ancestrales de nuestros pueblos, por este diagnóstico que hemos iniciado, este camino que queremos trazar en común y en red, desde los distintos de territorios, para escuchar la resistencia y la lucha de nuestras juventudes de pueblos originarios.
RSAI y SJPAM