Experiencia en el Congreso de Investigadores Ignacianos
Compartimos la experiencia de Maximiliano Fernández SJ del CIF de Bogotá en el Congreso de Investigadores Ignacianos
Del 4 al 7 de agosto tuve la gracia de participar en el Congreso de Investigadores Ignacianos en la Pontificia Universidad Javeriana, lugar que también es mi casa de estudios en este tiempo de formación teológica. Fueron días intensos y llenos de aprendizajes, el primer día se centró en la investigación en fuentes ignacianas; el segundo, en la teología que surge de esas fuentes; el cuarto, en la proyección hacia el futuro de la espiritualidad ignaciana. Cada jornada me dejó algo, pero sin duda el tercer día fue el más significativo para mí, porque tuve la oportunidad de compartir mi propia experiencia.
Ese día estaba dedicado a reflexionar sobre la relación entre la espiritualidad ignaciana y el mundo contemporáneo. Mi ponencia se tituló “Espiritualidad Ignaciana y Migraciones en el Siglo XXI”. La dividí en tres momentos: primero, partí de la tragedia del incendio en la Estación Migratoria de Ciudad Juárez en 2023, en la que fallecieron 40 migrantes, una realidad dolorosa y profundamente injusta que me interpela a preguntarme dónde y cómo se hace presente Dios en medio de tanto sufrimiento. Luego, profundicé en cómo la contemplación de la Encarnación, tan central en los Ejercicios Espirituales, inspira el modo de proceder del Servicio Jesuita a Refugiados: acompañar, servir y defender a quienes se ven obligados a dejar su tierra. Finalmente, hablé de la misión de reconciliación que compartimos como cuerpo apostólico, convencido de que con Cristo estamos llamados a estar cercanos a toda la humanidad crucificada, especialmente a las personas migrantes.
Tuve la fortuna de compartir el panel con dos mujeres que admiro profundamente. Liliana Franco, religiosa de la Compañía de María y madre sinodal en el pasado Sínodo de la Sinodalidad, que nos habló de la importancia de atender lo germinal y de valorar los procesos más que los resultados inmediatos. También estuvo Nancy Fretes, de la misma congregación, quien nos habló de la segunda Preferencia Apostólica Universal: Caminar con los excluidos. Escucharla fue un recordatorio de que nuestra espiritualidad nos impulsa al servicio y en general nuestro ser Iglesia, tiene sentido precisamente cuando nos ponemos del lado de los más vulnerables.
Personalmente fue una jornada muy fructífera ya que pude revitalizar mi conocimiento de la espiritualidad que me ha acompañado a lo largo de mi vida religiosa; aprender de personas con una gran experiencia en la espiritualidad ignaciana y, al mismo tiempo; experimentar que desde mi propio quehacer apostólico también puedo aportar a esta gran conversación sobre cómo la espiritualidad ignaciana sigue iluminando los desafíos actuales, como el de las migraciones
Al terminar el congreso caí en la cuenta de la importancia de promover y cultivar estos espacio en los que podemos escucharnos, discernir juntos y dejarnos interpelar por la voz de los demás. Estos encuentros son un ejercicio concreto de sinodalidad, de caminar juntos y dejarnos guiar por el Espíritu en medio de la diversidad.