Humberto Guzmán Parra, S.J. de la Provincia de México nos cuenta su experiencia en Santa María de Nieva (Amazonía peruana), parte de uno de los territorios prioritarios de la CPAL. Actualmente, Humberto cursa su 2° año de Teología en el Centro Interprovincial de Formación de Belo Horizonte (Brasil).
En diciembre del 2025 fui enviado a colaborar durante el tiempo de adviento en la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, misión encomendada a la Compañía de Jesús, en la Amazonía Peruana. Además de sentir emoción por visitar comunidades y conocer el modo en cómo los pueblos originarios viven su Fe y su pertenencia a la Iglesia, también sentí nerviosismo, porque la principal misión encomendada fue dar formación bíblica a catequistas de todo el territorio parroquial. El reto, por ende, fue transmitir el mensaje principal del Antiguo Testamento y la Historia de Salvación, a pueblos que sufren las consecuencias del descarte por el egoísmo y la ambición humana.
En una de las clases, realicé una imagen con inteligencia artificial para explicar visualmente la cita bíblica de la vocación de Abraham (Gen 15, 5-6): “Iahweh lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y Abraham creyó en Iahweh”. Al momento de la explicación durante la clase, Miguel, uno de los catequistas me dijo: “Beto, en mi comunidad se ven las estrellas, así como en la foto que pusiste”.
Grande fue mi sorpresa cuando fui enviado a vivir la Navidad en Villa Gonzalo, la comunidad de Miguel, y en la primera noche allá, sin nada de luz de las grandes ciudades, pude percibir una gran cantidad de estrellas, que me hicieron recordar la clase del Antiguo Testamento y confirmar el comentario esporádico de Migual. En un momento de silencio orante, asombrado por la cantidad de estrellas que cubrían todo el cielo, me pregunté en qué otros lugares he podido ver esta misma cantidad de estrellas. Y como si fuera un coloquio con el Señor, comencé a hacer una relectura de mi historia vocacional, pensando en los lugares donde las estrellas capturaron mi atención. Al final de la oración, el Señor me decía con gran ternura: “desde donde puedas ver las estrellas, ahí está tu descendencia.”. En esas palabras, directas y con mucho sentido, Dios se reveló mostrando los lugares por donde Él me ha llevado, y donde lo he podido encontrar, y la Amazonia peruana se convirtió en un lugar de revelación del Dios de la Vida.
La descendencia que Dios promete está en las y los catequistas que viajaron dos, tres o cinco horas por los ríos de la Amazonia, con el deseo de profundizar en el Misterio de Dios mantiene viva su esperanza.
La descendencia que Dios promete está en las mujeres comprometidas con sus familias, sus comunidades y con la Iglesia, porque en ellas se revela el amor encarnado en gestos sencillos, concretos y llenos de la ternura que viene únicamente de Dios.
La descendencia que Dios promete está en el amor que los pueblos originarios tienen por sus pastores, pues en los momentos de enfermedad o limitación, su sabiduría y amistad se vuelven hogar.
La descendencia que Dios promete está en las y los catequistas que hicieron un gran esfuerzo para estudiar y profundizar en cómo Dios se revela en lo cotidiano de la vida, para saberse hijas e hijos muy amados por Dios, y confirmar su deseo de servir con alegría en el ministerio al que fueron llamados.
La descendencia que Dios promete está en los árboles, ríos y animales de la Amazonia, donde desborda la vida en un silencio que interpela, porque nos fueron entregados amorosamente y nos enseñan la gran generosidad y compromiso de muchas personas que desean cuidar nuestra casa común.
La descendencia que Dios promete está en los lugares, rostros o historias que te hacen rezar y agradecer a Dios por todo lo que nos ha entregado para vivir y para cuidarlo.
Puedo seguir enlistando más situaciones, anécdotas o imágenes en las que Dios se reveló durante la misión en la Amazonia peruana, pero vale la pena recordar que, en nuestra vida y misión itinerante, al rezar son sinceridad “no pases, Señor, sin detenerte” (Génesis 18, 3), el corazón se mantendrá en búsqueda de la fuente y origen del Amor, y la gran revelación de este tiempo de Navidad en que Dios se encarna en los pequeños del mundo, es recordarnos que allí donde el corazón late, donde la dificultad nos vuelve creativos, donde hay que resolver lo contingente e inesperado, y donde te sientes bienvenido…ahí está tu corazón (Mt 6,21), y así, podremos creer en el Dios que llegó para permanecer entre nosotros.
Pidamos a Dios la gracia de desear salir de nuestras casas, de agradecer por los lugares y situaciones que captan nuestros sentidos, y por la fe que crece al sabernos cerca de Jesús y de sus amigos predilectos, al estar en los lugares más lejanos y olvidados por el mundo, donde Dios nos invita a permanecer con él.