Compartimos la experiencia de misión de José Maria Caldeira Ribeiro S.J., jesuita de la Provincia de Portugal, quien está realizando sus estudios de Teología en el Centro Interprovincial de Formación (CIF) de Belo Horizonte. Este momento se llevó a cabo en diciembre en Santa María de Nieva, Amazonía peruana, la cual forma parte de uno de los territorios prioritarios de la CPAL.
Una experiencia misionera, aunque sea breve, puede permitir saborear intensamente la vida plena que Jesús promete a sus amigos. Ese fue mi caso y quiero contarles un poco de mi experiencia.
Como jesuita estudiante de teología, fui enviado a una experiencia misionera durante el mes de diciembre, en las vacaciones de verano. Me enviaron a la Amazonía peruana, más concretamente a la parroquia de Santa María de Nieva, un territorio de selva, ríos y comunidades indígenas. Compartí esta experiencia con otros estudiantes jesuitas (dos de México y uno de Rumanía) y con los jesuitas de la comunidad de Nieva, que viven allí y acompañan de forma permanente la realidad local. Los objetivos de la misión eran conocer de cerca la vida y los retos de las comunidades indígenas de los pueblos Awajún y Wampis, formar a futuros catequistas de/para estas comunidades y apoyar la celebración de la Navidad.
Quería compartir cuatro imágenes que ilustran los aspectos más importantes de esta misión, a partir de la experiencia interior y de lo que fui escribiendo durante este tiempo en mi cuaderno espiritual:
En la comunidad de Villa Gonzalo, en el río Santiago, tuve mi primer contacto con el pueblo Wampis. Nunca pensé que este estilo de misión se convertiría en una realidad para mí: siendo europeo, me sentía muy lejos de la realidad amazónica, de los pueblos indígenas, de una vida pasada entre selvas y ríos. Pero, de alguna manera, el Señor me ofreció esta sorprendente oportunidad de encontrarme con este pueblo, estos lugares de belleza, esta forma de vida sencilla y pobre, con tanta confianza en que «la selva nos da lo que necesitamos»…
Fueron días pasados en un pueblo de casas de madera y techos de palma, donde visité familias, recé con los enfermos, celebré la fe con la comunidad local, jugué con los niños y aprendí con ellos algunas palabras en su idioma. También di catequesis de forma improvisada, lavé la ropa en el río con las mujeres, compartí comidas y tomé «masato» (bebida local fermentada).
«Bendito seas, Padre querido y generoso, por los lugares a los que me llevas. Sabes cuánto estoy agradecido por mi biografía, por las experiencias con las que quieres moldearme; «me agrada mucho mi herencia» (Sal 16). Todavía me sorprendes cuando te dejas encontrar tan fácilmente en las miradas, en el sonido del río que corre, en la sencillez de una casa, en un encuentro que no volverá a suceder».
El recién creado centro de formación Sentuch acogió a 20 candidatos a catequistas de comunidades locales para un programa de formación de tres años que comenzó en diciembre. Como profesor de esta primera edición, fui testigo del afán de servicio, la profundidad y el conocimiento de estos hombres y mujeres de la Iglesia, que aparecen aquí en la fotografía.
Como estudiante de teología, tuve la prueba de que el estudio da frutos y que el servicio que se me pide también pasa por enseñar. Como cristiano, me alegra saber de primera mano que la «Iglesia tiene rostro amazónico» lleno de belleza y que en las comunidades habita el profundo deseo de crecer en la fe, de tener voz en la Iglesia, de asumir la responsabilidad de la vida eclesial.
«Jesús, esta misión me lleva a querer profundizar más en los estudios. Por mucha resistencia que haya por mi parte, tú vas encontrando la manera de conquistarme. ¡Gracias!».
En los días previos a la Navidad, los jesuitas de la comunidad de Nieva y los estudiantes extranjeros nos dividimos en parejas para recorrer ríos y caminos de tierra, visitando dos o tres comunidades al día para ayudar a celebrar la alegría de la Navidad. La narración del nacimiento de Jesús fue sucediendo a lo largo del camino, entre liturgias, obras de teatro, pinturas, conversaciones y fiestas… y el Niño iba naciendo de nuevo. En esta imagen, los pastores llegan al pesebre, se encuentran con la Sagrada Familia y adoran a Jesús. La gruta de Belén fue, ese día, una capilla en la comunidad de Achuaga, donde figura una imagen rota y ya sin brazos del crucificado, símbolo de la pobreza y las dificultades del pueblo Awajún.
El Evangelio también se encarna aquí, de forma despojada y frágil, y me sentí profundamente bendecido por poder presenciar una fe que no necesita grandes palabras para ser verdadera.
«Señor, ya siento cerca la misión de sacerdote a la que me llamas y me estoy preparando… como una nueva confianza o una piel que se va ajustando a mí. El agradecimiento lleva a la ofrenda y por eso estoy aquí: llévame donde necesites ayuda para que nazca tu Hijo».
Muchos de los desplazamientos durante este tiempo de misión se realizaban por el río, en unas canoas a motor llamadas peque-peque o chalupa. Horas de viaje por los ríos, rodeado de selva, cielo y agua… el momento ideal para rezar, respirar, mirar hacia dentro y permitirme vivir el presente y nada más. En el río se renovó mi amor por mi amigo Jesús, mi disponibilidad y mi deseo de vivir para su misión.
Todo, Señor, tú me lo has dado. Nada es mío, todo es gracia, en
tus manos recíbelo; tú eres mi tierra y mi misión.
Con Cristo en el corazón y el corazón en el horizonte,
no hay fronteras, no hay confines. Sólo Dios, mi esperanza.
En Portugués
Saborear a Amazónia em 4 imagens
Uma experiência missionária, mesmo que breve, pode permitir saborear intensamente a vida plena que Jesus promete aos seus amigos. Foi esse o meu caso e quero contar-vos um pouco da minha experiência.
Como jesuíta estudante de teologia, fui enviado para uma experiência missionária durante o mês de Dezembro, nas férias de verão. Fui enviado à Amazónia peruana, mais concretamente à paróquia de Santa María de Nieva, um território de selva, rios e comunidades indígenas. Partilhei esta experiência com outros estudantes jesuítas (dois do México e um da Roménia) e com os jesuítas da comunidade de Nieva, que ali vivem e acompanham de forma permanente a realidade local. Os objectivos da missão passavam por conhecer de perto a vida e os desafios das comunidades indígenas dos povos Awajún e Wampis, formar futuros catequistas de/para estas comunidades e apoiar na celebração do Natal.
Queria partilhar convosco 4 imagens que ilustram as moções mais importantes desta missão, a partir da experiência interior e do que fui escrevendo durante este tempo no meu caderno espiritual.
1. Na comunidade de Villa Gonzalo, no rio Santiago, tive o primeiro contacto com o povo Wampis. Nunca pensei que este estilo de missão se tornasse uma realidade para mim: sendo europeu, sentia-me muito distante da realidade amazónica, dos povos indígenas, de uma vida passada entre selva e rios. Mas, de algum modo, o Senhor ofereceu-me esta surpreendente oportunidade de encontro com este povo, estes lugares de beleza, este modo simples e pobre de viver, com tanta confiança de que “a selva dá-nos o que precisamos”…Foram dias passados numa aldeia de casas de madeira e telhados de palmeira, onde estive para visitar famílias, rezar com doentes, celebrar a fé com a comunidade local, brincar com as crianças e aprender com elas algumas palavras na sua língua, dar catequese de forma improvisada, lavar a roupa no rio com as mulheres, ser acolhido para as refeições ou para tomar “masato” (bebida local fermentada).
“Bendito sejas, Pai querido e generoso, pelos lugares onde me levas. Sabes o quanto estou agradecido pela minha biografia, pelas experiências com que me queres moldar; “muito me agrada a minha herança” (Sl 16). Ainda me surpreendes quando te deixas encontrar tão facilmente em olhares, no som do rio que corre, na simplicidade de uma casa, num encontro que não voltará a acontecer.”
2. O recém-criado centro de formação Sentuch acolheu 20 candidatos a catequistas de comunidades locais para um programa de formação de 3 anos que teve início em Dezembro. Como professor desta primeira edição, fui testemunha da sede de serviço, profundidade e conhecimento destes homens e mulheres de Igreja, aqui na fotografia. Como estudante de teologia, tive a prova de que o estudo dá frutos e de que o serviço que me é pedido também passa por ensinar. Como cristão, fico contente por saber em primeira mão que a “Igreja tem rosto amazónico” cheio de beleza e que nas comunidades habita o desejo profundo de crescer na fé, de ter voz na Igreja, de assumir responsabilidade pela vida eclesial.
“Jesus, esta missão leva-me a querer mergulhar mais fundo nos estudos. Por muita resistência que haja da minha parte, tu vais arranjando maneira de me ir conquistando. Obrigado!”
3. Nos dias próximos ao Natal, os jesuítas da comunidade de Nieva e os estudantes estrangeiros, dividimo-nos em pares para ir percorrendo rios e estradas de terra batida, visitando 2 ou 3 comunidades por dia para ajudar a celebrar a alegria do Natal. A narração do nascimento de Jesus foi assim acontecendo ao longo do caminho, entre liturgias, teatros, pinturas, conversa e festa… e o Menino lá ia nascendo de novo. Nesta imagem, os pastores chegam ao presépio, encontram-se com a Sagrada Família e adoram Jesus. A gruta de Belém foi, neste dia, uma capela na comunidade de Achuaga, onde figura uma imagem partida e já sem braços do crucificado, símbolo da pobreza e das dificuldades do povo Awajún. O Evangelho encarna também aqui, de forma despojada e frágil, e eu senti-me profundamente abençoado por poder presenciar uma fé que não precisa de grandes palavras para ser verdadeira.
“Senhor, já sinto próxima a missão de padre para a qual me chamas e me estou a preparar… como uma confiança nova ou uma pele que se me vai ajustando. O agradecimento leva ao oferecimento e por isso aqui estou: leva-me onde precisares de ajuda para que o teu Filho nasça.”
4. Muitas das deslocações deste tempo de missão eram feitas pelo rio, numas canoas com motor chamadas peque-peque ou chalupa. Horas de viagem pelos rios, rodeado de selva, céu e água… o tempo ideal para rezar, respirar, olhar para dentro e permitir-me viver o presente e nada mais. No rio renovou-se o meu amor ao meu amigo Jesus, a minha disponibilidade e o desejo de viver para a sua missão. Ia repetindo e cantando muitas vezes a Canción de San Francisco Javier, de Cristóbal Fones sj:
Vienes alegrando el camino,
vienes compartiendo tu paz y tu perdón.
Es tanto amor recibido que invita al encuentro
de un mundo que busca tu reino.
Todo, Señor, tú me lo has dado. Nada es mío, todo es gracia, en
tus manos recíbelo; tú eres mi tierra y mi misión.
Con Cristo en el corazón y el corazón en el horizonte,
no hay fronteras, no hay confines. Sólo Dios, mi esperanza.