9 octubre, 2025
En el corredor migratorio entre Colombia, Panamá y Costa Rica, la crisis humanitaria de las personas en movilidad forzada alcanza niveles cada vez más alarmantes. No es una problemática nueva. Por décadas, las redes y obras de la Compañía de Jesús han estado presentes en contextos complejos y cambiantes, en los que miles de personas que sufren desarraigo, desprotección y que se aferran al sueño de una vida mejor, cruzan países, cargando mochilas repletas de incertidumbre y miedo.
Son muchas las ONGs, agrupaciones comunitarias, grupos basados en la Fe y otras instancias solidarias en los distintos países, que han puesto por delante la defensa y la protección de los derechos humanos, con valentía y determinación. Con ellas y ellos hemos forjado alianzas y hemos escuchado el sentir de las personas que necesitan protección internacional. Colectivamente, imaginamos propuestas centradas en el alivio y en la recuperación de la dignidad de quienes resisten lo embates del autoritarismo y el odio. Decidimos no abandonarnos a la desesperanza y nos pusimos en marcha.
Por ello, y en atención al llamado a unirnos en la misión compartida de la Compañía de Jesús, surge el programa “Respuesta integral y articulada con base humanitaria para personas en movilidad forzada en tránsitos por Colombia, Panamá y Costa Rica con enfoque diferencial“, una estrategia de acción humanitaria que, a partir del mes noviembre, iniciarán el JRS-Colombia, Fe y Alegría Panamá, el Servicio Jesuita para Migrantes Costa Rica y JRS-LAC. Una articulación indispensable entre las obras y redes de la Compañía de Jesús, en tiempos en los que la respuesta humanitaria integral es un clamor que no puede ser ignorado.
El proyecto tiene lugar en el corredor migratorio del Darién, caracterizado por ser una frontera continuada entre tres países, Colombia, Panamá y Costa Rica. Se pondrá énfasis en los territorios fronterizos, donde se entrecruzan personas en tránsito hacia el Norte, personas en tránsito de retorno (flujo inverso), personas deportadas en tránsito, y personas “atrapadas” en países que pensaban permanecer.


La Red Jesuita con Migrantes de Latinoamérica y el Caribe (RJM) tiene el compromiso de impulsar este hilo de esperanza colectiva, que busca bordarse en una tela más amplia y con múltiples aliados locales. Luego de un periodo de reflexión, primero entre las Provincias Jesuitas de Centroamérica, Colombia y la Conferencia de Provincial de América Latina y el Caribe (CPAL) y en una segunda etapa, con Entreculturas, ALBOAN y la RJM, se avanzó hacia un proceso de construcción conjunta con equipos de trabajo, en los tres países escogidos.
La Agencia Vasca de Cooperación y Solidaridad, Elankidetza, ha decidido apoyar esta iniciativa en asocio con ALBOAN. Se parte del convencimiento de que el tránsito por la selva del Darién es uno de los puntos más críticos de la ruta de las personas migrantes. El impresionante aumento del flujo de personas desde el año 2021 es una alerta y un llamado a la actuación inmediata. En 2024, el Servicio Nacional de Migración (SNM) de Panamá registró más de 300 mil personas en tránsito irregular por El Darién, más de 80 mil fueron mujeres y 65 mil fueron niños y niñas. De ellas, más de 250 mil provenían de Sudamérica, el 85% de los cuales eran personas de origen venezolano, a lo que se suman también, numerosos contingentes de personas de distintas partes de Asia, las Antillas y África.
Las historias de dolor dominan la escena, otras de esperanza y reconciliación sostienen a quienes luchan por auxiliar y transformar las dinámicas más nocivas. Y aunque que siempre estamos observando una balanza que parece mantenerse inclinada hacia el lado más triste de esta historia, detenerse ahora no es opción.
Con el arranque del segundo mandato de Trump, las situaciones de abusos se han agudizado en el continente. Sin embargo, basta con abrazar la segunda Preferencia Apostólica Universal de la Compañía de Jesús que nos llama a “Caminar con los excluidos”. Caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia”, para mantenernos compasivamente cercanas y cercanos a las personas que enfrentan la crueldad de actuaciones que necesitan contrapesos audaces y compasivos.

Celebramos pues, el inicio de un proceso que apunta a múltiples colaboraciones en red. Tenemos dos años por delante para impulsar iniciativas conjuntas; de alivio que alcance a quienes más los requieran, de voces que deban ser escuchadas y tomen su lugar como protagonistas y de una humanidad que se sobreponga y siga su camino dignamente. Un camino que debería ser, en cualquier circunstancia, siempre el elegido.
Karina Fonseca V.
Coordinadora General Red Jesuita con Migrantes Latinoamérica y el Caribe.
Fotos: SJM Costa Rica