19 enero, 2026
En octubre de 2025, once líderes y lideresas Asháninka y Matsigenka viajaron desde Ayacucho hacia Santa María de Nieva en Perú para participar en el 1er Encuentro Territorial de Hermanamiento Amazónico junto al pueblo Awajún. La pasantía —impulsada por el Centro Loyola Ayacucho y SAIPE, con apoyo de la Red Solidaridad y Apostolado Indígena de la CPAL— se convirtió en un espacio único de intercambio, reconocimiento mutuo y reafirmación cultural.
Un encuentro marcado por la emoción y el reconocimiento
Desde el inicio, el encuentro estuvo atravesado por una profunda alegría de encontrarse entre pueblos hermanos: “Fue impresionante encontrarme con los hermanos Awajún en los espacios que hemos visitado.”, contó uno de los participantes.
Para varios de ellos, era la primera vez que salían de su territorio para conocer otras realidades indígenas: “Nosotros solo conocíamos a los Asháninkas y Machiguengas; no teníamos la posibilidad de conocer a otros pueblos.” Esta apertura fortaleció la visión compartida de que la diversidad indígena es una riqueza viva que une y orienta.


Atravesar territorios, afirmarse en la identidad
El viaje significó cruzar fronteras geográficas y también barreras culturales. La delegación llegó con dudas y expectativas: “Pensé que no podríamos interactuar por la diferencia de lenguas.”
La travesía, marcada por lluvias intensas y largas navegaciones por los ríos Marañón y Cenepa, exigió fortaleza interior: “Espiritualmente y emocionalmente teníamos que estar fuertes.” La bendición de Mamá Rosa, sabia Asháninka, marcó el inicio del camino: “Ella nos dio la bendición para salir de la comunidad.”
Aprender desde el encuentro
La primera visita fue a la Asociación de Artesanas Tuwish, donde el liderazgo de las mujeres Awajún dejó una huella profunda. “Era impresionante ver cómo las mujeres estaban empoderándose en la lucha por el reconocimiento de su asociación.” Allí nació un diálogo intercultural sobre técnicas, semillas, tejidos y simbolismos que fortaleció la identidad de todas y todos.
La experiencia continuó en Kamit Entsa, donde conocieron iniciativas de producción orgánica basadas en saberes ancestrales. Los visitantes identificaron retos comunes: “Una preocupación grande es el avance de la minería.” “En nuestra región avanza el narcotráfico, y vemos aguas contaminadas y uso de químicos.”
Estos intercambios reafirmaron la necesidad de fortalecer la organización comunitaria: “Necesitamos fortalecer nuestras asociaciones para defender mejor el territorio.”
La visita al Centro de Espiritualidad y Jardín Etnobotánico Tunaants permitió conectar con la dimensión espiritual del territorio. Las voces lo expresan con claridad: “Las plantas son nuestra salvaguarda; los ríos tienen espíritu, los cerros también.” “Nuestros abuelos nos acompañan, los ancestros nos dan sabiduría.”
Cuando el grupo llegó a Huampami bajo una lluvia intensa, lo interpretaron como un gesto de acogida: “Fue su manera de reconocernos como hermanos.”

Reflexiones que fortalecen raíces
El día central en Santa María de Nieva reunió testimonios y debates sobre identidad, territorio y liderazgo. Uno de los aprendizajes más potentes fue la urgencia de revitalizar la identidad cultural: “La identidad es nuestra forma de resistencia.” “No debemos dejar nuestra vestimenta, decir quiénes somos y de dónde venimos.” “Es importante escuchar a los ancianos y comprometernos con la comunidad.”
También surgió un fuerte llamado a fortalecer el liderazgo juvenil: “Necesitamos fortalecer el liderazgo de los jóvenes.” Y una reafirmación del protagonismo de las mujeres: “Las mujeres participan activamente en la construcción de sus espacios propios”; “Van fortaleciéndose poco a poco; hay que seguir impulsando sus liderazgos.”
La inspiración llevó a nuevas ideas: “Queremos también elaborar productos con nuestras hierbas medicinales.” Y, sobre todo, dejó una certeza compartida: “La experiencia que me llevo es el trabajo en conjunto; organizarnos.” “Unidos hacemos la fuerza. No podemos rendirnos.”
Impactos y aprendizajes del encuentro
El encuentro consolidó la confianza entre pueblos que, aunque distantes, comparten desafíos y aspiraciones comunes, y reforzó el vínculo entre las comunidades participantes y las obras sociales que las acompañan. También permitió visibilizar la importancia de impulsar el liderazgo de las mujeres, fortalecer el intercambio de saberes productivos y profundizar la identidad cultural desde la vivencia y el reconocimiento mutuo.
Al mismo tiempo, la pasantía reveló algo esencial: el orgullo de reconocerse como pueblos hermanos; el compromiso compartido por la defensa del territorio; la revalorización cultural como acto de resistencia; y la certeza de que la unidad y el diálogo auténtico son pilares para el futuro de sus territorios.

Conclusión: una semilla para el futuro
El 1er Encuentro Territorial de Hermanamiento Amazónico no fue solo una visita entre pueblos; tejió vínculos, fortaleció memorias y abrió caminos de colaboración. Las delegaciones regresaron con aprendizajes, nuevas relaciones y símbolos que inspiran continuidad.
Como expresó un participante: “Me llevo con orgullo que somos hermanos.”
La experiencia deja una convicción clara: “Venimos con la convicción de mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos.”
Esa certeza seguirá guiando los pasos que vendrán, porque cuando los pueblos se escuchan, se reconocen y caminan juntos, la fuerza colectiva se multiplica.
Agradecemos profundamente al Centro Loyola Ayacucho y a SAIPE por su compromiso y caminar junto a los pueblos originarios, así como a Canadian Jesuit International (CJI) y ALBOAN, cuya generosidad hizo posible este encuentro.
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RSAI