Mes Arrupe 2025-2026

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Desde El Salvador, Juan Luis Panizza, S.J. comparte una crónica del Mes Arrupe 2025–2026, una experiencia formativa clave en el camino hacia el ministerio sacerdotal en la Compañía de Jesús.

¿Qué es el Mes Arrupe?

Una experiencia para reconfirmar la vocación al sacerdocio, comprender más cabalmente sus implicaciones y ponerlo en perspectiva de que es un paso más en el camino a la incorporación definitiva a la Compañía de Jesús. Así podríamos sintetizar el Mes Arrupe, una experiencia de formación que realizamos un grupo de 16 escolares jesuitas entre el 15 de diciembre de 2025 y el 14 de enero de 2026 en El Salvador.

El Mes Arrupe toma su nombre del P. Pedro Arrupe, quien sirvió como General de la Compañía entre 1965 y 1983. El P. Arrupe escribió una carta pidiendo que los jesuitas que se estaban preparando para el sacerdocio tuvieran una experiencia en la que pudieran considerar con mayor detenimiento y profundidad las implicaciones del sacerdocio. Hoy, en una cultura en la que las opciones para toda la vida parecen diluirse más fácilmente, la intuición del P. Arrupe de dedicarle un tiempo especial a la preparación de dar el paso al ministerio ordenado tiene especial relevancia. En Latinoamérica esta experiencia la realizamos normalmente los jesuitas que estamos pasando del segundo al tercer año de estudio de teología.

¿Qué hicimos?

La experiencia contó, en primer lugar, con dos talleres: uno de afectividad y sexualidad, y otro sobre el sacerdocio ministerial. Abordamos estas temáticas desde distintas perspectivas, y también teníamos la oportunidad de compartir nuestras experiencias y reflexiones al respecto.

En segundo lugar, para los días en torno a la Navidad fuimos a una parroquia rural, San Juan Opico, en el departamento de La Libertad. Allí el grupo se dividió en distintas casas de familias que nos hospedaron, y compartimos con ellos y con la comunidad parroquial la fiesta de la Navidad.

En tercer lugar, tuvimos distribuidos a lo largo de la experiencia algunos días de paseos y descansos. Nos dieron la oportunidad de disfrutar y de cultivar la fraternidad, propiciando conversaciones espontáneas pero profundas. También pudimos visitar los sitios en donde fueron asesinados y reposan los restos mortales de algunos mártires salvadoreños: Rutilio Grande y compañeros, Monseñor Romero y los mártires de la UCA.

Finalmente, el Mes Arrupe culminó con un retiro de Ejercicios Espirituales de ocho días.

Algunos frutos especiales de esta experiencia

Lo primero que me gustaría destacar del Mes Arrupe es que es una experiencia de la universalidad de la Compañía de Jesús. La mayoría de nosotros somos latinoamericanos: de México, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. Pero también había dos asiáticos, de Timor Oriental, y un africano, de Mozambique. Si bien nos une una misma fe y un mismo carisma, cada uno de nuestros contextos es distinto —a veces radicalmente—, y distintos también son los rumbos y las opciones que cada provincia ha tomado para responder a cada uno con fidelidad al carisma y a la fe.

Si bien la mayoría de nosotros vivimos en casas internacionales de estudios —los Centros Interprovinciales de Formación (CIFs) de Bogotá y Bello Horizonte—, escuchar las reflexiones y experiencias de los compañeros en una ocasión como esta es una ayuda muy valiosa para tener una perspectiva y unos horizontes más amplios.

También nos enriqueció el acompañamiento de jesuitas de distintos países: el Mes Arrupe estuvo acompañado por el P. Hernán Quezada SJ, jesuita mexicano, delegado de formación de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina (CPAL); el P. Larry Yévenes SJ, de Chile, junto con la Mtra. Fabiola Cervantes, nos ofrecieron el taller de afectividad y sexualidad; el P. Uriel Salas SJ, de Colombia, el taller de sacerdocio; y el P. Leonardo Amaro SJ, de Uruguay, se sumó a acompañar los Ejercicios Espirituales.

Además, fue una oportunidad para ganar mayor claridad sobre qué es ser sacerdote, y más específicamente qué es ser sacerdote en la Compañía de Jesús. Trabajamos varios textos, entre ellos el Decreto 7 de la Congregación General 34. Este decreto explicita algunos rasgos del sacerdocio en la Compañía que resuenan particularmente en nosotros: la dedicación profunda y seria al estudio, el esfuerzo por llegar a los lugares a los que no llega fácilmente la Iglesia y el compromiso con una evangelización integral que ayude al mundo a llegar a ser el Reino.

Los Ejercicios Espirituales fueron un tiempo de especial bendición. Por un lado, fue la ocasión para preguntarle en la oración personal a Dios, con humildad y honestidad, si es su deseo que seamos sacerdotes en la Compañía de Jesús. Por otro lado, cada uno experimentó gracias e invitaciones particulares de cara al camino que tenemos por delante.

El contacto con la historia viva de los mártires en El Salvador le dio un tinte especial a la experiencia. Estar en los lugares en los que fueron asesinados, ver los ornamentos litúrgicos manchados de sangre que estaba usando San Óscar Romero cuando recibió el disparo al corazón que lo mató, celebrar la misa junto a la comunidad parroquial de El Paisnal en la iglesia en la que están enterrados el Beato Rutilio Grande y sus compañeros, y celebrar nuestra última eucaristía juntos en la UCA, visitando la tumba de nuestros hermanos jesuitas mártires, es una experiencia muy poderosa. Fueron sacerdotes que, por odio a la fe y a su entrega generosa, fueron asesinados. Esto nos conmueve y nos interpela.

El Mes Arrupe nos coloca ya con el horizonte de la petición de órdenes, un paso más en nuestra incorporación y entrega en la Compañía de Jesús y a nuestra Iglesia.

Por: Juan Luis Panizza, S.J.

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