31 octubre, 2025
Editorial del informativo InfoCPAL – Edición #7, correspondiente al mes de octubre
Noviembre es, para la Compañía de Jesús, un mes profundamente vocacional. El 5 celebramos a todos los santos y beatos jesuitas: hombres de carne y espíritu que, en distintas épocas y culturas, respondieron a la misma llamada —seguir a Jesús con radicalidad y alegría—. No los recordamos como figuras lejanas, sino como compañeros de camino. En ellos reconocemos la fuerza del Evangelio hecho vida, la certeza de que toda existencia cobra sentido cuando se pone al servicio de los demás.
Celebrar su memoria es, también, una ocasión para mirar el presente con gratitud y esperanza. En tiempos de cambios acelerados y de profundas tensiones sociales, políticas y ecológicas, la vocación —toda vocación— se vuelve signo profético: un acto de libertad que afirma que vale la pena vivir para algo más grande que uno mismo. Vocación no es solo elegir una profesión o un estado de vida; es descubrir un modo de estar en el mundo con sentido, pasión y entrega.
Hace apenas unos días, en Roma, el Papa León XIV se reunió con los Superiores Mayores de la Compañía de Jesús en el marco del 3.er Encuentro Mundial de Superiores Mayores (MMS). En su mensaje, el Santo Padre recordó que “vivimos en lo que muchos describen como un cambio de época”, marcado por transformaciones culturales, tecnológicas, económicas y espirituales que desafían nuestros modos de comprender y de actuar. En medio de estas transformaciones, afirmó con claridad que “la misión jesuita florece precisamente en las fronteras”: allí donde los mapas conocidos dejan de bastar y donde el Evangelio sigue abriéndose paso con creatividad y esperanza.
El Papa invitó a la Compañía a leer los signos de los tiempos con hondura espiritual y valentía apostólica, recordando que las Preferencias Apostólicas Universales, confirmadas por el Papa Francisco en 2019, son caminos privilegiados para orientar la misión hoy. En ellas —mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el discernimiento, caminar con los excluidos, acompañar a los jóvenes y cuidar de la Casa Común— se concretan las fronteras que reclaman discernimiento y coraje.
En su mensaje, el Papa León XIV añadió que una frontera decisiva en nuestro tiempo es el camino de la sinodalidad: un proceso que no se suma a las Preferencias, sino que las atraviesa, porque invita a la Iglesia entera a escuchar más profundamente al Espíritu y a los demás, buscando estructuras más ágiles, transparentes y conformes al Evangelio. Señaló también otras fronteras urgentes: la reconciliación en un mundo herido por la violencia y la desigualdad, y el discernimiento ético frente al desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial, con su potencial de servicio y sus riesgos de deshumanización.
“Permanezcan contemplativos en la acción —exhortó el Papa—, arraigados en la intimidad diaria con Cristo, porque solo quienes están cerca de Él pueden guiar a otros hacia Él.”
Estas palabras resuenan con particular fuerza en América Latina y el Caribe, una región donde las fronteras de las que habla el Papa son parte de la vida cotidiana: fronteras entre pobreza y esperanza, entre exclusión y creatividad, entre crisis ecológica y conversión. Desde esta realidad, la CPAL reconoce en el llamado del Santo Padre una confirmación del camino que anima a nuestro cuerpo apostólico: servir donde la vida clama, acompañar donde el sufrimiento se hace más visible y anunciar la Buena Noticia allí donde la esperanza parece desvanecerse.
En ese contexto, hablar de vocación es hablar de esperanza activa. Es afirmar que cada persona, desde su propio lugar, puede ser signo del amor de Dios en la historia. La vocación no se impone ni se planea: se descubre, se acoge y se cultiva. Supone entusiasmo y entrega, pero también renuncia y perseverancia. Quienes nos precedieron lo supieron bien: Abraham, María, los discípulos, Ignacio, Rutilio Grande, Agustín Pro, Alberto Hurtado… todos ellos respondieron desde su fragilidad, dejando que Dios completara la obra que apenas comenzaban.
La memoria de los santos jesuitas nos recuerda que esa llamada se encarna en realidades concretas: en quienes trabajan por la justicia y la paz, en quienes cuidan la Casa Común, en quienes acompañan a los jóvenes y a los más vulnerables, en quienes aman y sirven con generosidad silenciosa en lo cotidiano. En ellos y ellas se hace visible el rostro de Cristo, el amor que da sentido a nuestras búsquedas y sostiene nuestras esperanzas.
La Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL) acoge con gratitud el llamado del Papa a servir en las fronteras. Este llamado renueva el compromiso de seguir tejiendo redes de colaboración, discernimiento y esperanza; de fortalecer una cultura del cuidado que integre misión y vida; y de continuar mostrando que la vocación —laica, religiosa o sacerdotal— es siempre respuesta al Dios que sigue llamando, también hoy.
En tiempos de cambios acelerados, la vocación no es refugio ni evasión: es presencia lúcida y comprometida allí donde la vida y la fe se entrecruzan. En esas fronteras, con gratitud y audacia, la Conferencia sigue discerniendo cómo servir mejor a la misión de Cristo en nuestro tiempo.
Editorial InfoCPAL