Enviados a donde no hay mapas: Ecos del encuentro con el P. Mark Ravizza, SJ y los jesuitas en formación en Bogotá

En el marco de nuestros días de trabajo en Bogotá, se propició un espacio fundamental: el encuentro del P. Mark Ravizza, SJ, Asesor para la Formación del P. General, con jesuitas que se encuentran en su etapa de formación.

Desde el primer minuto, el P. Ravizza marcó la pauta con una actitud espontánea y cercana, generando un clima de confianza que invitaba a la apertura. Su charla fue un recorrido por las llamadas actuales de la Iglesia y de la Compañía, poniéndonos en el centro del escenario eclesial. Nos recordó el reciente mensaje del Papa León a los Provinciales Jesuitas, en el que nos confirma en las Preferencias Apostólicas Universales y nos reta a ir hacia nuevas misiones en nuevos contextos. El Papa enfatizó que la Iglesia nos necesita en las fronteras —sean geográficas, culturales, intelectuales o espirituales—, esos lugares de riesgo donde «los mapas conocidos ya no son suficientes».

Mark Ravizza desglosó algunas de estas fronteras actuales planteadas por el Santo Padre a la Compañía de Jesús hoy: la sinodalidad, la reconciliación y el mundo digital, especialmente el desafío de la Inteligencia Artificial. Frente a este panorama, planteó que no podemos ayudar a otros a habitar estas realidades si no dejamos que Dios nos forme primero. Para ello, recurrió a nuestras fuentes, específicamente a nuestras Constituciones. Subrayó que la profundidad intelectual siempre ha sido una marca de nuestro carisma, entendida no solo como «saber muchas cosas», sino como una sabiduría que integra el estudio, la espiritualidad y la vida comunitaria. Las Constituciones, como el libro de los Ejercicios Espirituales, no son material literario, sino un camino y una ruta que tienen sentido si se ponen en práctica.

Uno de los momentos más luminosos de su intervención, para algunos jesuitas en formación, fue cuando recuperó las Constituciones para hablar de la «recta intención» tan propia de Ignacio. Compartió cómo, en la espiritualidad ignaciana, el cumplimiento del deber cotidiano o del estudio, cuando se asume por amor y obediencia, puede ser tan valioso y unirnos tanto a Dios como la más profunda experiencia mística.

La mayoría de las preguntas se presentaron en torno a la Inteligencia Artificial, que ya es una realidad en la vida de nuestras casas de formación y en los centros académicos de formación.

Lo que resonó en los escolares

Para tomarle el pulso a lo vivido, busqué a algunos de nuestros compañeros jesuitas en formación y les pregunté directamente qué impresiones les había dejado el encuentro.

El primer eco que recogí tuvo que ver con el tono de la presentación. A uno de ellos le entusiasmó cómo el P. Ravizza logró equilibrar el amor por nuestra tradición y carisma con una mirada de futuro llena de esperanza. «Me gustó que presentó el énfasis que el Papa hizo de ir a las fronteras, allí donde no hay mapas, con entusiasmo, como un desafío que vale la pena porque es nuestra manera de seguir a Cristo», me compartió. A este mismo escolar le quedó grabada una frase en inglés que definió el horizonte de su etapa vital: «Your formation is for you to become a holy man who has intellectual depth» («Tu formación es para que llegues a ser un hombre santo con profundidad intelectual»).

Otro de los compañeros me confesó que su parte favorita fue precisamente la reflexión sobre las Constituciones y la «recta intención». Le pareció precioso recordar que encarnar la misión que nos toca en el momento presente es la médula de nuestro ser jesuitas.

El tema de la sinodalidad y el discernimiento comunitario resonó con fuerza en los jesuitas en formación; de hecho, dos de ellos me expresaron sentir una tensión genuina. Aunque valoraron que se presentara el discernimiento en común como nuestra forma de colaborar con la propuesta sinodal de la Iglesia, confesaron que, en la práctica, el tema se sigue sintiendo como un desafío.

Uno de ellos me lo explicó con mucha claridad: existe un gran reto para lograr que prevalezca la escucha, la participación y el caminar juntos dentro de una Compañía que posee un modo organizativo jerárquico. «No digo que la jerarquía en sí misma sea negativa», me aclaró, «pero no deja de ser un desafío vivir un ambiente sinodal con ciertas estructuras que a veces no lo facilitan». Sentía que a veces nos cuesta asimilar y encontrar una sinfonía armónica entre nuestro modo de proceder y la sinodalidad, y que no reconocer estas dificultades institucionales que vivimos a diario tampoco ayuda a superarlas.

En definitiva, las impresiones de los escolares me confirmaron algo esencial: tenemos hombres en formación que aman profundamente su vocación y nuestras raíces, pero que también piensan la Compañía con espíritu crítico, los pies en la tierra y el deseo genuino de que nuestras estructuras respondan, cada vez con mayor fidelidad, a la misión que se nos encomienda.


P. Hernán Quezada, S.J.

Delegado de Formación de la CPAL

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