Cuando la memoria se vuelve solidaridad: el pueblo warao en la Romería de los Mártires

La Red de Solidaridad y Apostolado Indígena (RSAI) nos comparte el testimonio del P. Aloir Pacini, SJ sobre la participación de una delegación warao en la Romería de los Mártires, la cual unió la memoria de quienes entregaron su vida con la oración y la solidaridad ante la emergencia en Venezuela.

Durante la noche del 18 de julio, miles de peregrinas y peregrinos caminamos en Ribeirão Cascalheira, Mato Grosso, hacia el Santuario de los Mártires de la Caminata. Entre cantos, velas y gestos de memoria, participó una delegación del pueblo warao procedente de Venezuela y asentada actualmente en Mato Grosso. Su presencia llevó hasta la Romería una intención muy concreta: rezar por las víctimas de los terremotos que, pocas semanas antes, habían golpeado con fuerza a su país.

La octava Romería de los Mártires de la Caminata Latinoamericana, celebrada los días 18 y 19 de julio de 2026, tuvo como lema “Testigos de la esperanza” y conmemoró los 50 años del martirio del jesuita João Bosco Penido Burnier. Su testimonio, marcado por la defensa de dos mujeres que eran torturadas, volvió a reunir a comunidades, pueblos indígenas, agentes pastorales, religiosas, religiosos y laicos comprometidos con la justicia y la dignidad humana.

Nuestra peregrinación había comenzado meses antes mediante distintos gestos de memoria. En abril participamos en el entierro definitivo de los restos del hermano Vicente Cañas, asesinado por su compromiso con los pueblos indígenas. En junio, una transmisión organizada desde Brasil reunió testimonios sobre Cañas y Burnier. Recordar sus vidas nos preparó para comprender que la memoria de los mártires no puede permanecer encerrada en el pasado: debe ayudarnos a reconocer y acompañar las heridas de los pueblos en el presente.

La oración del pueblo warao por Venezuela

Durante la Romería, la delegación warao fue acogida por las comunidades participantes y se sumó a la oración por Venezuela. Al conversar con sus integrantes, la tragedia adquirió rostros, nombres y vínculos concretos.

Virgilio José Morelada Mariano, uno de los referentes del grupo, había seguido mediante las redes sociales las noticias procedentes de La Guaira, una de las zonas más afectadas por los terremotos. Desde su experiencia, destacó la respuesta solidaria de la población: “Vi un desastre y fueron los vecinos quienes salvaron a la gente”. También señaló la importancia de canalizar la ayuda mediante instituciones confiables y cercanas a las comunidades.

Malvilia Rivero Rivero e Ingly Cardona Rivero, integrantes de la delegación warao, compartieron su dolor por las personas fallecidas y heridas, así como por quienes habían perdido sus hogares. Durante la Romería pidieron a la Virgen de la Consolata que acompañara a las familias en duelo y despertara la generosidad de quienes podían colaborar con la emergencia.

Uno de los jóvenes de la delegación expresó su deseo de regresar a Venezuela para ayudar a las personas afectadas. Conmovido por lo que estaba ocurriendo, dijo: “No tengo palabras para expresar lo que siento”. Sus palabras mostraron que los jóvenes warao no participaron únicamente desde el dolor o la preocupación, sino también desde su voluntad de servir y acompañar a otros.

Otro joven participante compartió que la Romería había sido “mucho más que un viaje”: significó un encuentro con Dios, una renovación de su fe y una invitación a mantenerse firme en el servicio a la Iglesia. Su testimonio ayudó a reconocer cómo la espiritualidad compartida puede fortalecer el compromiso de las juventudes.

Una comunidad que comparte

Nuestro acompañamiento a las familias warao nos ha permitido comprender la importancia del aidamo: una persona reconocida por su capacidad para orientar a la familia extensa y compartir lo que recibe, ya sea mediante su trabajo o gracias a la solidaridad de otras personas. Desde esta forma de organización, la autoridad no se sostiene en la acumulación, sino en la responsabilidad de redistribuir, cuidar los vínculos y procurar el bienestar de la comunidad.

Esta ética del compartir dialogó profundamente con el sentido de la Romería. Mientras recordábamos a quienes entregaron su vida por los pueblos indígenas, las comunidades campesinas, las mujeres y las personas empobrecidas, la presencia warao nos invitaba a mirar hacia Venezuela y a preguntarnos cómo convertir la memoria y la oración en solidaridad concreta.

Una esperanza que cruza fronteras

Durante el mes de julio, se llevó a cabo la campaña “La misión es Venezuela – Emergencia 2026”, impulsada por la Provincia de Venezuela y articulada regionalmente por la CPAL mediante la Red Claver. Esta iniciativa convocó a las obras y provincias jesuitas a acompañar a las poblaciones afectadas y canalizar la ayuda de forma coordinada y transparente.

La Provincia de Brasil también se sumó a esta cadena de solidaridad mediante los aportes de personas, instituciones y empresas. De esta manera, la oración compartida durante la Romería se transforma en una respuesta concreta que cruza fronteras y expresa el sentido de cuerpo universal de la Compañía de Jesús.

Al finalizar la caminata, un canto resumió lo que habíamos vivido: “Del tronco de la Vida, aunque herido, nace una flor”. La presencia del pueblo warao mostró precisamente eso: que la memoria de quienes entregaron su vida se vuelve acogida, oración y compromiso; una esperanza capaz de caminar junto a los pueblos que hoy necesitan consuelo, justicia y solidaridad.


P. Aloir Pacini, SJ
Integrante del ERCRILA de la Red de Solidaridad y Apostolado Indígena (RSAI) y miembro del  Departamento de Antropología de la Universidad Federal de Mato Grosso.

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