11 mayo, 2026
Movidos por el deseo de servir al Señor y a su Pueblo, los superiores mayores de la Compañía de Jesús en América Latina y el Caribe nos hemos reunido una vez más como hermanos que disciernen juntos la voluntad de Dios, manifestada en la Palabra, en nuestros corazones y en las entrañas de nuestra historia. Esta 56.ª Asamblea de la CPAL se llevó a cabo del 4 al 8 de mayo de 2026 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, con el apoyo de todo el equipo central, el asesoramiento de coordinadores y coordinadoras apostólicos de diversas redes, la colaboración de los dos asistentes del Padre General para América Latina y el Caribe, y la presencia de los superiores de dos regiones prioritarias de nuestro Plan Apostólico Común: Cuba y la Amazonía. Damos la bienvenida a los provinciales que inician este servicio de liderazgo apostólico en nuestro continente y recordamos, con amistad, a aquellos que participaron en esta Conferencia y ya han asumido nuevas misiones.
En primer lugar, queremos dar gracias al Señor por el don de la vocación y por los jóvenes a quienes sigue llamando a formar parte de este Cuerpo Apostólico al servicio de la Iglesia y del mundo. También agradecemos a nuestros compañeros de la Provincia Boliviana de la Compañía de Jesús por su cálida hospitalidad y por compartir con nosotros el legado de las misiones jesuitas en la Chiquitanía. Por un lado, este nombre – Chiquitos – nos recuerda una verdad fundamental del Evangelio de Jesús: ¡Dios quiso revelar su misterio a los más pequeños (cf. Mt 11,25)! Por otro lado, la belleza arquitectónica, cultural y espiritual de las antiguas misiones nos inspira a seguir sirviendo a la fe que promueve la justicia y la reconciliación, construyendo puentes entre los talentos y valores de personas de todas las naciones, lenguas y culturas.
Durante estos días, nuestras reflexiones, oraciones y celebraciones de la Eucaristía giraron en torno a tres temas principales: el progreso y los desafíos de articular nuestra misión en redes apostólicas; el cuidado de la formación de los jóvenes jesuitas, en vista de esta misión articulada y colaborativa; y algunos aspectos de nuestro modo de proceder apostólico.
Acerca de las redes apostólicas, en un contexto desafiante marcado por retrocesos en la promoción de los derechos humanos, fue importante percibir el progreso en la organización de redes nacionales y continentales en las áreas más diversas de nuestra misión. En esta Asamblea, prestamos especial atención a la situación actual de las redes educativas en sus distintos niveles, con un tiempo de reflexión sobre la Federación Internacional de Fe y Alegría; de las redes de servicio a migrantes y refugiados; y de las redes de espiritualidad ignaciana. ¡Alabado sea Dios por tanto bien realizado con la ayuda de tantas personas de buena voluntad! Hemos tomado conciencia de que las redes apostólicas latinoamericanas y caribeñas se están convirtiendo en «redes de redes», con las oportunidades y los desafíos que esto representa.
En cuanto a la formación de jóvenes jesuitas, se distinguen con mayor claridad dos aspectos clave. Por un lado, hemos avanzado y debemos seguir avanzando en la reestructuración de nuestras casas de formación, no solo por razones pragmáticas, sino principalmente por la necesidad de formar jóvenes abiertos y disponibles a las necesidades de la misión universal de la Compañía. La integración local sigue siendo un valor innegable, pero debe estar siempre orientada hacia la movilidad apostólica que caracteriza nuestro carisma e instituto. Por otro lado, nos complace colaborar, desde nuestros centros de formación, con compañeros de otras asistencias de la Compañía de Jesús. Las culturas de nuestros pueblos, la fe de nuestras comunidades eclesiales y la tradición de nuestra reflexión filosófica y teológica son un don de Dios para la Iglesia y para el mundo, y nos sentimos responsables y comprometidos a ofrecer este don más allá de nuestras provincias y nuestro continente.
Con respecto a nuestro modo de proceder apostólico, analizamos cuatro temas con mayor profundidad. La relación entre superiores locales y directores de obra continúa siendo un tema que nos interpela y exige actualización. La implementación del Programa para una Cultura Consistente de Protección (PCCP) ya ha dado pasos importantes, pero aún necesitamos pasar de una fase de sensibilización a otra de procesos formativos y creación de estructuras más consistentes. La sostenibilidad de nuestra misión también fue un punto importante de reflexión, basado en las iniciativas de la Red Claver, que reúne, fomenta y coordina el trabajo de las oficinas de desarrollo de nuestras provincias. Finalmente, el tema de la solidaridad financiera en relación con la formación y la salud de los jesuitas en diversos países también nos impulsó a avanzar hacia la corresponsabilidad fraterna, más allá de las fronteras provinciales.
Con el corazón consolado, encomendamos a todos ustedes, compañeros jesuitas y demás compañeros y compañeras en la misión, a la intercesión y al cuidado de María, Madre de Nuestro Señor, celebrada en Santa Cruz con el título de Nuestra Señora de Cotoca, a quién visitamos en su santuario. Que ella siempre nos mantenga cerca de su Hijo Jesús, pobre y humilde, para que seamos fieles colaboradores en su Reino de fraternidad, justicia y paz.
Conferencia de Provinciales de América Latina y el Caribe (CPAL)
Mensagem final da 56ª Assembleia da CPAL
Movidos pelo desejo de servir ao Senhor e Seu Povo, os superiores maiores da Companhia de Jesus na América Latina e Caribe nos reunimos, uma vez mais, como irmãos que discernem juntos a vontade de Deus, que se manifesta na Palavra, no interior de nossos corações e nas entranhas de nossa história. Esta 56ª Assembleia da CPAL ocorreu nos dias 4 a 8 de maio de 2026, em Santa Cruz de la Sierra, Bolívia, com o apoio de toda a equipe central, a assessoria de coordenadoras e coordenadores apostólicos de algumas redes, a colaboração dos dois assistentes do P. Geral para a América Latina e Caribe e a presença dos superiores de duas regiões prioritárias em nosso Plano Apostólico Comum: Cuba e Amazônia. Acolhemos os provinciais que iniciam este serviço de liderança apostólica em nosso continente e lembramos, com amizade, daqueles que fizeram parte desta Conferência e já assumiram novas missões.
Queremos, antes de tudo, agradecer ao Senhor pelo dom da vocação e pelos jovens a quem Ele continua chamando a fazer parte deste Corpo Apostólico a serviço da Igreja, no mundo. Agradecemos, também, aos companheiros da Província boliviana da Companhia de Jesus, por sua calorosa hospitalidade e por compartilhar conosco a herança das missões jesuítas na Chiquitanía. Por um lado, este nome – Chiquitos – nos recorda uma verdade fundamental do Evangelho de Jesus: Deus quis revelar seu mistério aos pequeninos (cf. Mt 11,25)! Por outro lado, a beleza arquitetônica, cultural e espiritual das antigas missões nos inspira a continuar a servir a fé que promove a justiça e a reconciliação, construindo pontes entre os talentos e valores de pessoas de todos os povos, línguas e culturas.
Nossas partilhas, reflexões, orações e Eucaristias destes dias giraram em torno a três temas principais: os avanços e desafios da articulação de nossa missão em redes apostólicas; o cuidado com a formação dos jovens jesuítas, em vista desta missão articulada e colaborativa; alguns aspectos de nosso modo de proceder apostólico.
Em relação às redes apostólicas, num contexto desafiador e marcado por recuos na promoção dos direitos humanos, foi importante perceber o avanço da organização das redes nacionais e continentais, nas mais distintas áreas de nossa missão. Nesta Assembleia, demos uma atenção particular à situação atual das redes educativas, em seus vários níveis, com um tempo de reflexão sobre a Federação Internacional Fé e Alegria; das redes de serviço aos migrantes e refugiados; das redes de espiritualidade inaciana. Deus seja louvado por tanto bem realizado com a ajuda de muita gente de boa vontade! Crescemos na consciência de que as redes apostólicas latino-americanas e caribenhas estão se tornando “redes de redes”, com as oportunidades e os desafios que isso representa.
No que diz respeito à formação dos jovens jesuítas, dois focos também aparecem com maior clareza. Por um lado, já avançamos e devemos continuar avançando na reestruturação de nossas casas de formação, não somente por questões pragmáticas, mas principalmente pelas exigências de formarmos jovens abertos e disponíveis para as necessidades da missão da Companhia universal. A inserção local permanece um valor incontestável, mas ela deve estar sempre voltada à mobilidade apostólica que caracteriza nosso carisma e instituto. Por outro lado, também nos alegramos em poder colaborar, a partir de nossos centros formativos, com companheiros de outras assistências da Companhia de Jesus. As culturas de nossos povos, a fé de nossas comunidades eclesiais, a tradição de nossa reflexão filosófica e teológica são um dom de Deus para a Igreja e para o mundo, e nos sentimos responsáveis e comprometidos em oferecer este dom para além de nossas províncias e de nosso continente.
Em relação ao nosso modo de proceder apostólico, discutimos quatro temas com maior atenção. A relação entre superiores locais e diretores de obra continua sendo um tema que nos interpela e exige atualização. A implementação do Programa por uma Cultura Consistente de Proteção (PCCP) já deu passos importantes, mas ainda nos falta passar de uma fase de tomada de consciência para uma outra de processos formativos e criação de estruturas mais consistentes. A sustentabilidade de nossa missão também foi um ponto importante de reflexão, a partir das iniciativas da Rede Claver, que reúne, anima e coordena os trabalhos dos escritórios de desenvolvimento de nossas províncias. Por fim, o tema da solidariedade financeira em relação à formação e à saúde dos jesuítas dos vários países também nos fez avançar no sentido de corresponsabilidade fraterna, para além das fronteiras provinciais.
Com o coração consolado, confiamos todos vocês, companheiros jesuítas e demais companheiros e companheiras na missão, à intercessão e ao cuidado de Maria, Mãe de Nosso Senhor, celebrada em Santa Cruz com o título de Nossa Senhora de Cotoca, a quem visitamos em seu santuário. Que ela nos ponha sempre junto a seu Filho Jesus, pobre e humilde, para que sejamos fiéis colaboradores de Seu Reino de fraternidade, de justiça e de paz.
Conferência dos Provinciais da América Latina e do Caribe (CPAL)
Final Message of the 56th CPAL Assembly
Moved by the desire to serve the Lord and His People, the major superiors of the Society of Jesus in Latin America and the Caribbean have gathered once again as brothers discerning together the will of God, which is revealed in the Word, within our hearts, and in the depths of our history. This 56th CPAL Assembly took place from May 4 to 8, 2026, in Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, with the support of the entire Central Team, the guidance of apostolic coordinators from various networks, the collaboration of the two assistants to the General for Latin America and the Caribbean, and the presence of the superiors from two priority regions in our Common Apostolic Plan: Cuba and the Amazon. We welcomed the provincials who are beginning this service of apostolic leadership in our Common Apostolic Plan. General for Latin America and the Caribbean, and the presence of the superiors of two priority regions in our Common Apostolic Plan: Cuba and the Amazonia. We welcome the provincials who are beginning this service of apostolic leadership on our continent and remember, with friendship, those who were part of this Conference and have already taken on new missions.
Above all, we wish to thank the Lord for the gift of vocation and for the young people whom He continues to call to be part of this Apostolic Body in the service of the Church throughout the world. We also thank our companions in the Bolivian Province of the Society of Jesus for their warm hospitality and for sharing with us the legacy of the Jesuit missions in Chiquitanía. On the one hand, this name—Chiquitos—reminds us of a fundamental truth of Jesus’ Gospel: God chose to reveal his mystery to the little ones (cf. Mt 11:25)! On the other hand, the architectural, cultural, and spiritual beauty of the ancient missions inspires us to continue serving the faith that promotes justice and reconciliation, building bridges between the talents and values of people of all peoples, languages, and cultures.
Our sharing, reflections, prayers, and Eucharistic celebrations during these days revolved around three main themes: the progress and challenges of coordinating our mission through apostolic networks; the care given to the formation of young Jesuits, in view of this coordinated and collaborative mission; and certain aspects of our apostolic approach.
Regarding apostolic networks, in a challenging context marked by setbacks in the promotion of human rights, it was important to recognize the progress made in organizing national and continental networks across the most diverse areas of our mission. At this Assembly, we paid particular attention to the current situation of educational networks at various levels, taking time to reflect on the International Federation of Faith and Joy; networks serving migrants and refugees; and networks of Ignatian spirituality. Praise be to God for all the good accomplished with the help of so many people of good will! We have grown in the awareness that the Latin American and Caribbean apostolic networks are becoming “networks of networks,” with the opportunities and challenges that this represents.
With regard to the formation of young Jesuits, two focal points also emerge with greater clarity. On the one hand, we have already made progress and must continue to do so in the restructuring of our houses of formation, not only for pragmatic reasons, but primarily because of the demands of forming young people who are open and available to the needs of the mission of the universal Society. Local insertion remains an indisputable value, but it must always be oriented toward the apostolic mobility that characterizes our charism and institute. On the other hand, we also rejoice in being able to collaborate, from our formation centers, with companions from other Conferences of the Society of Jesus. The cultures of our peoples, the faith of our ecclesial communities, and the tradition of our philosophical and theological reflection are a gift from God to the Church and to the world, and we feel responsible and committed to offering this gift beyond our provinces and our continent.
Regarding our apostolic approach, we discussed four themes in greater detail. The relationship between local superiors and project directors remains a challenging issue that requires updating. The implementation of the Program for a Consistent Culture of Protection (PCCP) has already taken important steps, but we still need to move from a phase of raising awareness to one of formative processes and the creation of more consistent structures. The sustainability of our mission was also an important point of reflection, based on the initiatives of the Claver Network, which brings together, animates, and coordinates the work of the development offices in our provinces. Finally, the theme of financial solidarity regarding the formation and health of Jesuits in various countries also helped us move forward toward fraternal co-responsibility, beyond provincial boundaries. With hearts filled with consolation, we entrust all of you—fellow Jesuits and all our companions in mission—to the intercession and care of Mary, Mother of Our Lord, venerated in Santa Cruz under the title of Our Lady of Cotoca, whom we visited at her shrine. May she always place us close to her Son Jesus, poor and humble, so that we may be faithful collaborators in His Kingdom of fraternity, justice, and peace.
Conference of Provincials in Latin America and the Caribbean (CPAL)