Rutilio Grande: memoria viva de una Iglesia cercana a los pobres

La comunidad de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, UCA, conmemoró el martirio del beato Rutilio Grande, destacando no solo su testimonio de fe, sino también el profundo legado pastoral que transformó la manera de vivir la Iglesia en El Salvador.

A casi cinco décadas de su asesinato martirial, la figura de Rutilio sigue interpelando a la Iglesia latinoamericana. Su vida y misión marcaron un punto de inflexión: con él, como lo señala la teóloga Martha Zechmeister, irrumpió “un nuevo modo de ser Iglesia”, más cercano a las comunidades, encarnado en la realidad de los pueblos y comprometido con la dignidad de las personas empobrecidas.

Formado en una espiritualidad profundamente ignaciana, y enriquecido por su contacto con experiencias pastorales como la del obispo Leonidas Proaño en Ecuador, Rutilio Grande impulsó una Iglesia que rompía con la distancia entre clero y pueblo. Su apuesta fue clara: formar comunidades vivas, conscientes de su dignidad y protagonistas de su propia historia.

En su trabajo pastoral, especialmente en Aguilares, el jesuita promovió una comprensión del Evangelio que cuestionaba las estructuras de injusticia. Ayudó a que muchas personas reconocieran que la pobreza no es voluntad de Dios, sino una realidad que debe ser transformada. Esta toma de conciencia, profundamente evangélica, lo colocó en el centro de tensiones sociales y políticas que marcarían el rumbo de su vida.

La conmemoración realizada el pasado 12 de marzo en el campus de la UCA, reunió a miembros de la comunidad universitaria en una celebración eucarística en memoria de Rutilio Grande, junto a sus compañeros mártires, Manuel Solórzano y el joven Nelson Rutilio Lemus. Más que un acto conmemorativo, fue un espacio de actualización de su mensaje y de reconocimiento a una Iglesia que sigue caminando con el pueblo.

Durante la celebración, se destacó que el testimonio de Rutilio no puede comprenderse de manera aislada. Su vida estuvo profundamente entrelazada con la de comunidades enteras —catequistas, mujeres y hombres— que compartieron su compromiso y que también fueron víctimas de la violencia. En este sentido, su memoria remite a una Iglesia martirial, que ha dado testimonio de fe en medio de contextos adversos.

Diversas voces han subrayado también la relación entre Rutilio Grande y san Óscar Arnulfo Romero. Siguiendo la reflexión del teólogo Jon Sobrino, se reconoce en Rutilio a quien “preparó el camino”, al modo de Juan el Bautista, para el despertar pastoral de Romero. Su asesinato, ocurrido el 12 de marzo de 1977, marcó un antes y un después en la vida del arzobispo y en la historia de la Iglesia salvadoreña.

Hoy, el legado de Rutilio Grande continúa vigente. Su opción por los pobres, su cercanía con las comunidades y su manera de anunciar el Evangelio desde la realidad concreta, siguen siendo un horizonte para la Iglesia en América Latina.

Recordarlo no es solo hacer memoria del pasado, sino asumir el desafío de seguir construyendo una Iglesia encarnada, comprometida y fiel al Evangelio, en la que – como él lo vivió-  los más pobres sean verdaderamente el centro.

RRSJLAC

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