San Pedro Claver: un santo que inspira trazos de vocación

El 9 de septiembre, la Iglesia celebra la memoria de San Pedro Claver, “esclavo de los esclavos”. Su figura, profundamente marcada por la espiritualidad ignaciana, sigue interpelando a quienes buscan vivir la fe desde la entrega radical. Pedro Claver, catalán del siglo XVII, decidió hacer de las personas esclavizadas llegadas a Cartagena de Indias en condiciones inhumanas, el centro de su misión. Con alimentos, agua, consuelo y dignidad, los recibía en los puertos y se hacía uno con ellos, recordándonos que el amor cristiano se encarna más en obras que en palabras, como enseñaba San Ignacio de Loyola.

Hoy, casi cuatro siglos después, su vida continúa siendo semilla fecunda. Lo demuestra el testimonio de Sebastián Salamanca, jesuita en formación, que ha plasmado en lienzo la ternura y la fuerza del santo. Dos cuadros –uno en óleo y otro en acrílico– se han convertido para él en oración, en búsqueda de Dios a través de la belleza, y en respuesta a esa pregunta que acompañó a San Pedro Claver: ¿cómo amar hasta el extremo?

El arte como oración

Entrevista con Sebastián Salamanca, S.J. (MEX) – Por: Tiffany Trejo – Oficina de Comunicaciones de la CPAL

Sebastián descubrió en la pintura un camino de encuentro con Dios desde niño. Pero en la Compañía de Jesús, esa pasión se integró a su vocación. “El arte es un puente muy claro entre Dios y nosotros. Si Dios es lo bello, lo encontramos a través de la belleza. He aprendido a que la pintura sea también mi forma de orar”, comparte con sencillez.

La historia de su primera pintura de San Pedro Claver nació casi por casualidad. Un jesuita de su comunidad le pidió realizar un cuadro inspirado en una imagen ya existente. Sebastián lo recibió como encargo, pero pronto sintió que no podía limitarse a copiar. “El original tenía a los esclavos difuminados, sin rostro. Yo quise darles dignidad, hacerlos presentes, con gestos, pieles y miradas vivas”. Así nació la obra en óleo, un lienzo vertical de gran formato en el que Claver aparece solemne, sosteniendo el crucifijo, mientras una mujer y un hombre afrodescendientes lo miran con esperanza. La escena, bañada en tonos cálidos y cielos contrastantes, recoge la fuerza de un santo que siempre señaló hacia Cristo.

Abrazos que sanan

Pero Sebastián no se detuvo allí. Animado por la sugerencia de Aura Camilo, una Religiosa Apostolina y afroamericana, decidió emprender un segundo cuadro, esta vez en acrílico. En él, Claver no aparece distante, sino abrazando a dos personas afrodescendientes, una mujer y un hombre, cuyos cuerpos cansados se apoyan en él. La escena es íntima, profundamente humana: un santo que ofrece sus brazos como refugio, un gesto capaz de resumir la esencia de su misión.

En esta obra, la técnica revela tanto como la intención. Sebastián partió de una base en rojo, siguiendo la tradición barroca que permite resaltar la viveza de los colores. El fondo no es neutro, sino el paisaje verde y exuberante de Manizales, lugar que lo inspiró durante una visita: montañas, cafetales, un cielo nublado que envuelve la ternura de la escena. “En persona los colores son más vivos. La cámara no les hace justicia”, confiesa el autor. En el óleo, su parte favorita es el rostro de la mujer: “quedó con una expresión hermosa, con un tono de piel muy vivo”, expresa Sebastián con gran sensibilidad.

Vocación que se pinta con trazos de entrega

La vida de este escolar y su arte encuentran resonancia en la de Pedro Claver. Así como el santo fue criticado por dedicar su ministerio casi exclusivamente a los esclavos, este joven jesuita reconoce en su propia misión un llamado a situarse junto a los más pequeños. Haber convivido con comunidades indígenas en la Sierra Tarahumara le enseñó a descubrir “a un Jesús pobre y humilde, que me hizo uno de ellos sin dejar de ser jesuita”. Desde ahí entiende a Claver, no como figura lejana, sino como compañero de camino.

Pedro Claver fue canonizado en 1888, y el papa León XIII afirmó entonces en aquel discurso de canonización: “Después de la vida de Cristo, ninguna otra vida me ha conmovido tan profundamente como la de San Pedro Claver”. Esa conmoción sigue viva en quienes, como Sebastián, encuentran en él inspiración para vivir con radicalidad la entrega.

Un santo que sigue abrazando

Los lienzos de Sebastián son más que obras de arte. Son una catequesis visual que nos recuerda que la santidad no es abstracta, sino concreta: brazos que abrazan, manos que sostienen, rostros que miran con dignidad recuperada. San Pedro Claver se convirtió en esclavo de los esclavos para siempre; hoy, sus gestos siguen inspirando a jóvenes que, con pinceles y vocación, buscan dar a conocer a Cristo a través de la belleza.

Celebrar su fiesta es dejarnos abrazar también por él, y dejarnos interpelar por su vida. Como Sebastián lo ha hecho con sus cuadros, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿a quiénes estamos llamados a abrazar hoy?

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