Estudiando en la universidad, conocí a un joven que estaba haciendo proceso de discernimiento vocacional con los jesuitas. Me llamó la atención una camisa que llevaba puesta, con el logo de la Compañía. De esa conversación surgió una gran amistad y la invitación a participar de las experiencias vocacionales. Una de esas experiencias fueron los Ejercicios Espirituales. Esto me ayudó a descubrir una nueva imagen de Dios que me llenó profundamente y me hizo crecer en libertad. A partir de allí, me sentí movido a dar un salto de fe. También me movió mucho el encuentro con la gente más sencilla y el deseo de servirles; un deseo de ser enviado con el pueblo y acompañar a la gente, así como Jesús, sin hacer diferencias, ayudándoles a sacar lo mejor de sí. Como jesuita, sigo soñando que el Reino de Dios siga siendo una realidad en medio nuestro, seguir trabajando con el Señor para que la humanidad se sume a ese proyecto de amor y esperanza.