Educadores de Brasil viven una experiencia de espiritualidad ignaciana

En la Escuela Santo Afonso Rodriguez (ESAR), una obra de la Red Jesuita de Educación ubicada en la periferia de Teresina, en el estado de Piauí, Brasil, las y los educadores encontraron en los Ejercicios Espirituales un espacio para detenerse, escuchar su corazón, compartir sus experiencias y renovar el sentido de su misión educativa.

Entre enero y julio de 2026, participaron en un proceso de formación y espiritualidad inspirado en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. A través de momentos de oración, silencio, reflexión personal y encuentro fraterno, tuvieron la oportunidad de profundizar en su relación con Dios y fortalecer los vínculos que los unen como comunidad educativa.

Esta iniciativa contó con el apoyo del Programa Fabro de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL), con el propósito de fortalecer la espiritualidad ignaciana y su vínculo con la misión educativa.

Un camino de silencio, oración y encuentro

El camino comenzó en enero con tres encuentros de espiritualidad, realizados a lo largo del primer semestre. En ellos, las y los participantes se acercaron a la oración, el silencio, la revisión de vida y el discernimiento, como herramientas para reconocer la presencia de Dios en su vida cotidiana.

En total, 43 colaboradores participaron en al menos uno de estos encuentros preparatorios, que dieron paso a un retiro espiritual de cinco días, realizado en julio.

Durante el retiro hubo tiempo para la oración personal, la lectura, la reflexión y el encuentro con los demás. Las dinámicas grupales y los espacios de ayuda fraterna también ofrecieron oportunidades para escucharse, compartir experiencias y fortalecer los vínculos entre quienes trabajan diariamente en la escuela.

Entre las actividades más significativas destacó la reflexión sobre la pesca milagrosa, un pasaje del Evangelio que invitó a las y los participantes a mirar su propia vida y misión desde la confianza en Dios.

Para una de las coordinadoras pedagógicas de la escuela, el retiro fue una oportunidad para recuperar fuerzas en medio de las responsabilidades y desafíos del trabajo educativo:

“Detenernos en medio de las tareas del día a día y vivir los ejercicios espirituales es de gran alegría y consolación”.

En su testimonio destacó especialmente el valor de encontrarse con Jesús desde la oración, mirar a los ojos a sus compañeros y compañeras, y compartir aquello que viven cotidianamente. Estos momentos, expresó, le dejaron el corazón motivado para continuar con una misión que muchas veces resulta desafiante.

Sus palabras reflejan cómo los espacios de oración y encuentro pueden ayudar a renovar el ánimo para seguir acompañando a los estudiantes, incluso en medio de las dificultades cotidianas.

De manera semejante, uno de los profesores encontró en el silencio una oportunidad para profundizar en su relación con Dios y comprender mejor su propia vida:

“La experiencia del silencio y la oración es una oportunidad de escuchar nuestro corazón y sentir la presencia de Dios en nuestras vidas”.

Para este educador, fueron días intensos que le permitieron reconocer de una manera más profunda la presencia de Dios y el sentido de su misión.

Estos testimonios recuerdan que, detrás de cada educador y educadora, hay también una persona con inquietudes, esperanzas y desafíos, que necesita espacios para detenerse, sentirse acompañada y renovar sus fuerzas.

Una experiencia que invita a seguir caminando

Las valoraciones recogidas al finalizar el retiro muestran la importancia de lo vivido. De los 35 educadores que respondieron la evaluación, más del 90 % calificó como excelentes las distintas dimensiones de la experiencia, entre ellas las vivencias, la ayuda fraterna, los momentos de intercambio y el acompañamiento espiritual.

Pero uno de los resultados más alentadores fue el deseo de continuar. El 71 % de quienes respondieron la evaluación manifestó su interés en participar en los Ejercicios Espirituales en la Vida Cotidiana, una propuesta que busca integrar la oración y el discernimiento en los espacios habituales de trabajo, familia y comunidad.

Como parte de la continuidad del proyecto, la escuela propuso desarrollar esta nueva etapa entre agosto de 2026 y enero de 2027, mediante momentos semanales de oración y acompañamiento espiritual personal.

En una escuela que desarrolla su labor educativa en un contexto de vulnerabilidad social, ofrecer espacios para cuidar la vida interior de sus colaboradores tiene un significado especial. Es reconocer que quienes dedican sus días a acompañar la formación de otras personas también necesitan oportunidades para crecer, compartir sus vivencias y sentirse acompañados.

Gracias al compromiso de la comunidad educativa y al apoyo del Programa Fabro de la CPAL, fue posible ofrecer este espacio de formación y encuentro, que invita a seguir cultivando la espiritualidad ignaciana en la vida cotidiana.

Lo vivido por las y los educadores nos recuerda que cuidar a quienes educan es también una manera de fortalecer la misión educativa. Una oportunidad para reconocer la presencia de Dios en la propia historia y encontrar nuevas fuerzas para seguir acompañando, educando y sirviendo a los demás.

Fondos Claver y Fabro

Compartir