P. João Bosco Burnier, SJ: 50 años de un martirio en defensa de los derechos humanos

El lunes 12 de octubre, se cumplieron 50 años de la muerte del padre João Bosco Penido Burnier, SJ, asesinado cuando intentaba defender a dos campesinas que estaban siendo torturadas en la comisaría de Ribeirão Cascalheira, en el estado de Mato Grosso, Brasil. Su testimonio sigue siendo un referente en la defensa de los derechos humanos durante la dictadura militar brasileña (1964-1985).

El P. Burnier fue asesinado en 1976 como consecuencia de su labor pastoral junto a las poblaciones vulnerables y de su denuncia de las violencias cometidas contra los pueblos indígenas, los ocupantes de tierras y los trabajadores rurales, en el contexto de la expansión de la frontera agrícola en el centro-oeste de Brasil.

Una vocación misionera

Nacido en Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais, el 12 de junio de 1917, Burnier ingresó en el seminario a los 11 años. Durante sus estudios en Roma, Italia, conoció a los jesuitas y decidió ingresar en la Compañía de Jesús. Fue ordenado sacerdote en 1946.

En la década de 1960, pidió ser destinado al estado de Mato Grosso, una región marcada por conflictos sociales. Al explicar su decisión, afirmó: «Esta petición de ir a Mato Grosso no es una huida, sino la convicción profunda de que la Compañía de Jesús tiene que ser cada vez más misionera».

En su misión, trabajó con pueblos indígenas, como los Bakairi y los Bororo, y con trabajadores rurales, en iniciativas de evangelización, alfabetización, salud y asistencia jurídica. En 1976, coordinaba regionalmente el Consejo Indigenista Misionero (CIMI), organismo vinculado a la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB).

En Mato Grosso, también trabajó junto a Dom Pedro Casaldáliga, obispo español nacionalizado brasileño, conocido por su defensa de los pueblos indígenas y de los trabajadores rurales, así como por denunciar las violaciones de derechos humanos durante la dictadura.

El asesinato en Ribeirão Cascalheira (Mato Grosso)

El 11 de octubre de 1976, Burnier y Casaldáliga acudieron a la comisaría de Ribeirão Cascalheira para interceder por dos campesinas detenidas y sometidas a tortura. Durante la intervención, el jesuita fue golpeado y recibió un disparo en la cabeza. Trasladado a Goiânia, capital del estado de Goiás, murió al día siguiente, 12 de octubre, fecha en que la Iglesia celebra la solemnidad de Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil.

Más de dos mil personas participaron en su funeral, convirtiendo la despedida en una manifestación pública de memoria y resistencia.

En abril de 2010, la Comisión Especial sobre Muertos y Desaparecidos Políticos reconoció oficialmente que su muerte ocurrió en el contexto de la represión de la dictadura militar. En memoria de los Mártires de la Caminhada, se erigió en Ribeirão Cascalheira un santuario dedicado a quienes dieron la vida en defensa de los derechos de los pueblos. Allí se exhibe la camisa manchada con la sangre de Burnier, que forma parte de un acervo de memoria colectiva.

La memoria de Burnier llega a nuevas generaciones

En vísperas del 50.º aniversario de su martirio, la Provincia de los Jesuitas de Brasil, con el apoyo de la Radio Amar e Servir y del Instituto Humanitas Unisinos (IHU), promovió, durante los meses de junio y julio de este año, la campaña Testigos de la Esperanza. La iniciativa buscó dar a conocer la historia del P. Burnier a nuevos públicos y relacionar su testimonio con los desafíos actuales de la defensa de los derechos humanos.

La campaña reunió testimonios en vídeo de jesuitas, religiosos, religiosas y laicos que convivieron con Burnier o conocen su trayectoria. Publicados principalmente en formato de reels en la cuenta de Instagram de la Provincia de los Jesuitas de Brasil, los relatos recuperaron recuerdos y dieron a conocer su legado a nuevas generaciones.

Organizada en torno a tres ejes —memoria, reflexión y vivencia—, la iniciativa también difundió contenidos en distintos formatos, como stories, artículos, transmisiones en directo y programas de radio, relacionando la historia del jesuita con la defensa de la vida y de los derechos humanos.

La cobertura en tiempo real de la 8.ª Romería de los Mártires de la Caminhada llevó también la campaña al territorio donde el P. Burnier vivió sus últimos momentos, compartiendo la experiencia de fe, memoria y compromiso de las comunidades locales.

Burnier y Cañas: la defensa de los pueblos indígenas

El testimonio del P. Burnier se relaciona con el de otro jesuita asesinado por su labor junto a los pueblos indígenas: el hermano Vicente Cañas, SJ, conocido como Kiwxi.

De origen español, el Hno. Cañas llegó a Brasil en la década de 1960 y vivió durante más de diez años entre el pueblo Enawenê-Nawê, en Mato Grosso. Aprendió la lengua indígena y se integró en la vida cotidiana de la comunidad.

Al igual que Burnier, afrontó conflictos relacionados con la tierra y con los intereses económicos sobre los territorios indígenas. En 1987, fue asesinado en ese contexto.

Cincuenta años después de la muerte del P. Burnier, su historia sigue vinculada a la defensa de los pueblos indígenas, de los trabajadores rurales y de todas las personas cuyos derechos se ven amenazados.

Por Silvia Lenzi, periodista y asesora de Comunicación de la Provincia de los Jesuitas de Brasil, y Cristiane Garcia Azevedo, periodista de la Provincia de los Jesuitas de Brasil.

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