Juventudes de pueblos originarios construyen un camino común desde sus territorios

Para las y los jóvenes, los bosques y el territoio son una primera escuela: allí se aprende de la Madre Tierra y se reciben saberes que pasan de una generación a otra. Cuidarlos es proteger la vida y la memoria de sus pueblos. Esta convicción atravesó el Encuentro Regional de Jóvenes de Pueblos Originarios de América Latina, realizado del 21 al 25 de septiembre de 2026 en Andahuaylillas, Cusco, Perú. Delegaciones de México, Guatemala, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Chile y Paraguay llegaron con experiencias nacidas en sus comunidades y con el deseo de escucharse entre territorios.

El encuentro contó con la participación de 49 jóvenes y 9 acompañantes, y fue impulsado por la Red de Solidaridad y Apostolado Indígena (RSAI) y el Servicio Jesuita Panamazónico (SJPAM) de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL). El propósito fue construir, desde las propias miradas juveniles, un diagnóstico participativo regional: comprender cómo viven su identidad y su relación con el territorio, qué desafíos enfrentan, qué acciones ya realizan y qué acompañamiento desean. Durante cinco días, sus relatos, análisis y propuestas marcaron el rumbo de un trabajo que continuará con la sistematización y devolución de los aportes a las delegaciones.

El proceso comenzó meses antes de la reunión presencial. El equipo conformado por el P. Carlos Bresciani, S.J. y Mercedes Solis, Coordinador y Secretaria Ejecutiva de la RSAI, respectivamente, sostuvieron la preparación metodológica, las coordinaciones y el acompañamiento continuo a las delegaciones. En los territorios, jesuitas, laicas y laicos indígenas con misión junto a sus pueblos acompañaron la preparación de las y los participantes. Los jóvenes conversaron con abuelas, abuelos y otras personas referentes para llevar al encuentro memorias, saberes y preocupaciones de sus comunidades. A ello se sumaron espacios territoriales articulados por el SJPAM y una reunión virtual previa para conocerse y compartir expectativas.

La apertura se vivió mediante un ritual andino para pedir por el encuentro y por quienes participaban. Cada día hubo momentos rituales preparados por las regiones Andina, Mesoamérica, Cono Sur y Amazonía. «Nuestra espiritualidad es el corazón de la resistencia», expresaron las juventudes al relacionar la memoria de sus pueblos con el cuidado de la vida. El proceso metodológico fue implementado por mujeres indígenas vinculadas a la RSAI y jesuitas con misión en los territorios como Rodrigo Galindo SJ, Coordinador de la red indígena de MX, quienes facilitaron el diálogo y cuidaron la escucha intercultural.

El primer día, cada participante colocó en un altar colectivo un símbolo de su pueblo o territorio. En un mapa vivo se hicieron visibles las procedencias y los caminos recorridos para llegar a Cusco. Después, el bosque de identidades reunió palabras, dibujos y relatos sobre lenguas, memorias, vínculos comunitarios y sueños. Las abuelas y los abuelos aparecieron como referentes fundamentales en la transmisión de saberes, historias y formas de cuidar la tierra. El intercambio mostró identidades diversas, vividas tanto dentro como fuera de los territorios.

Los diálogos dieron lugar a las heridas que atraviesan la vida de muchos pueblos: racismo, violencia en sus diversas formas contra niñas y mujeres, pérdida de lenguas, presiones extractivas, contaminación, migración y falta de oportunidades. Las y los jóvenes reconocieron desafíos compartidos sin borrar las diferencias entre regiones. También cuestionaron la distancia entre lo que se dice y lo que se hace: proteger la vida exige coherencia con la Madre Tierra, incluso en los modos cotidianos de consumo.

En los círculos de palabra, las mesas y la feria de experiencias quedó claro que las juventudes ya están actuando. Defienden la tierra, acompañan a niñas, niños y otros jóvenes como maestras y maestros, e impulsan bitácoras para recuperar y preservar la memoria de sus pueblos. A estas acciones se suman huertos, comunicación comunitaria, arte y espacios de encuentro. Son respuestas situadas, construidas con sus comunidades, que merecen ser escuchadas y fortalecidas.

Al pensar los siguientes pasos, las delegaciones propusieron una red regional de jóvenes de pueblos originarios para articularse y hacer eco de las acciones que ya existen en sus territorios. Identificaron a la CPAL, las organizaciones sociales de base y sus comunidades como aliados. Su planteamiento fue claro: fortalecer lo que ya vienen haciendo, facilitar el intercambio entre pueblos y dar mayor alcance a sus voces. La CPAL recogerá las propuestas y las acompañará mediante reuniones virtuales de seguimiento. En ellas, las y los jóvenes podrán contrastar prioridades, acordar cómo desean mantenerse vinculados y definir, junto con la RSAI y el SJPAM, primeros pasos para una articulación regional más efectiva. Así se dará continuidad al proceso y a los acuerdos surgidos del encuentro, mientras la forma de la red se construye desde sus experiencias y decisiones.

El cierre y envío estuvo a cargo de la región Andina. Una comparsa vinculada a la tradición del Señor de Qoyllurit’i, expresión de fe y cultura de los pueblos del Cusco, acompañó la despedida con música y movimiento. Estuvo presente el P. Víctor Hugo Miranda, SJ, provincial del Perú. La RSAI y el SJPAM agradecen a Canadian Jesuits International (CJI) y ALBOAN por su generoso apoyo; a Karem Farfán, delegada del Sector de Justicia Social y Ecología de la Provincia del Perú, por la acogida y el acompañamiento; y a los equipos metodológico y de comunicación que se sumaron al proceso. Las delegaciones regresaron con vínculos y propuestas para conversar en sus comunidades. El diagnóstico deberá recoger fielmente sus voces y ayudar a discernir cómo acompañar las acciones que ya sostienen en sus territorios.

RSAI | Encuentro regional de jóvenes de pueblos originarios

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