“Caminamos con un corazón que no se acomoda”. Es la frase que tomamos para que nos inspirara en la VIII Asamblea de la Provincia Ecuatoriana de la Compañía de Jesús. Es del Papa Francisco en la alocución del 24 de octubre a la Congregación General 36. Insiste Francisco en que se trata de un corazón “que no se cierra a sí mismo, sino que late al ritmo de un camino que se realiza junto a todo el pueblo fiel de Dios”. Queríamos resaltar la imagen del peregrino, de la constante movilidad, de quienes no están quietos por lograr la búsqueda del bien más universal.
Semanas de preparación nos convocaron para poder alcanzar los objetivos que nos proponíamos:
- Unión de ánimos
- Fortalecer la vida comunitaria para revigorizar la Misión
- Conciencia que nuestra Misión es junto a los crucificados
- El cuerpo apostólico: un esfuerzo de todos
- Afinando nuestras prioridades apostólicas
La CG 36 nos brindó el espíritu para crear un ambiente fraterno y de cercanía en el que la conversación espiritual fuera una metodología auténtica para profundizar los temas, pero sobre todo para lograr el intercambio espiritual que deseábamos.
El primer día y medio correspondió solamente a los jesuitas. Hubo dos grandes temas. El primero, ahondar en la necesidad de fortalecer la vida comunitaria jesuita para que ésta nos permita revitalizar la vida apostólica. El ser lugares privilegiados para el discernimiento o el rol del Superior local como primer animador de nuestro compromiso apostólico, ocuparon el tiempo de nuestra meditación personal y posterior reflexión grupal. Fuimos invitados a hacer un examen sobre la calidad de nuestra vida religiosa, para renovar nuestro compromiso con los más vulnerables. Esto nos llevaba al segundo tema, para el cual invitamos a Pacho De Roux, S.J., quien nos iluminó para considerar los grandes criterios que nuestra Provincia debe tener en cuenta para vivir nuestras responsabilidades apostólicas desde los crucificados.
Para el tercer día llegaron colaboradoras y colaboradores laicos, y religiosas que conforman nuestro cuerpo apostólico. Esa presencia enriqueció tremendamente la Asamblea y nos daba las pautas para la toma de conciencia de que es el esfuerzo de todos lo que va a dar cohesión a nuestra Misión. Ese día deseábamos enfocar aún más las prioridades apostólicas que fueron delineados en el plan apostólico provincial. En la mañana el padre Provincial expuso sobre el estado de situación de la Provincia y sus desafíos. Luego, un panel desde tres perspectivas distintas nos dio información sobre el Ecuador, América Latina y el mundo; la vida religiosa y la visión de la jerarquía ecuatoriana con la intervención del Obispo de Guayaquil. Con ello, estuvimos listos para en la tarde hacer un ejercicio de discernimiento común sobre las prioridades apostólicas provinciales.
El último día nos congregó alrededor de los retos para construir un mundo más sano y seguro desde nuestras obras, y comprender mejor las exigencias de la Colaboración en lo cotidiano. Las oraciones de la mañana y las celebraciones eucarísticas contribuyeron a crear un clima que dejó a todos consolados. Los espacios sociales y la conversación gratuita en los pasillos fueron elementos que fomentaron la unión de ánimos. Damos gracias a Dios por esta experiencia de familia ignaciana en el Ecuador.
Oficina de Comunicación - Jesuitas Ecuador