Compartimos el artículo del P. José Rafael Garrido SJ, jesuita colombiano que vive actualmente en Boston, quien participó en Roma de la Jungmann Society, un grupo internacional de jesuitas que fomentan la reflexión sobre liturgia y ministerios pastorales. En esta ocasión, la reunión se trató sobre las Preferencias Apostólicas Universales (PAU) de la Compañía de Jesús.

 

Jesuitas y Liturgia:

En caso de duda… genuflexión

 

Memorias del Congreso de la Jungmann Society
Junio 2022

 

Hace poco, en un monasterio que visité aquí en los Estados Unidos, escuché una frase que llamó mi atención de parte de uno de los monjes: “entre los jesuitas, una liturgia se considera buena si no se reportan heridos de gravedad, y excelente, si al terminar, el informe del sacristán no arroja evidencia de daños materiales” (tales como vinajeras rotas, casullas rasgadas por la mitad o cirios pascuales destrozados en varias partes). Esta frase, dicha con humor y “bastante lejos de la realidad” me recordó otra que escuché durante mi tiempo de Magisterio, dicha en este caso por un jesuita: “en caso de duda haga genuflexión y por ningún motivo considere treparse en el altar “(en medio de la celebración, claro está). ¿Tan torpes somos los jesuitas para la liturgia? Ciertamente, esta fama que hemos ganado en algunos círculos eclesiásticos puede tener algún asidero, sin embargo, no nos representa. De hecho, existe un grupo de jesuitas que se reúne cada dos años a reflexionar sobre estos temas – cosa que no se ve ni siquiera en la orden benedictina- y que se llama la Jungmann Society for Jesuits and Liturgy.

En el pasado mes de junio nos reunimos, pues, en Roma, celebrando el décimo octavo aniversario de esta sociedad que fue fundada por el P. Kolvenbach en el 2004. Uno de los padres fundadores fue nuestro querido Germán Bernal, quien ha sido abanderado en estas lides y gracias a quien también pude vincularme a este grupo de reflexión. Una treintena de jesuitas asistimos al pasado Congreso. Entre nosotros, personas de todos los continentes: algunos escolares en teología, otros profesores de liturgia en nuestros centros universitarios, otros simplemente amigos y simpatizantes de nuestro encuentro. De hecho, la Jungmann Society, no es sólo para liturgistas, sino que está abierta a todos los jesuitas que, a partir de los estudios de teología, quieran hacer parte de un grupo chévere de reflexión sobre temas que tocan nuestro ministerio pastoral y sacramental, tan importante en todas nuestras provincias.

¿Hablaron de mucha rúbrica? De hecho, es un malentendido pensar que los amantes de la liturgia somos “rubricistas”. Quizá algo de responsabilidad tenemos en este sentido, más debido a las neurosis personales que a la doctrina de la Iglesia. Por supuesto, queremos celebrar lo mejor posible, en espíritu de comunión eclesial, sabiendo que el arte de la celebración expresa de manera excelente aquello que somos y creemos. Sin embargo, más allá de lo que podemos hacer como asambleas litúrgicas, está lo que acontece cuando celebramos, ese ex opere operato de Dios, su compromiso sin reservas y su sí definitivo cuando la Iglesia se reúne en su nombre. Esto es tan valioso que queremos ser generosos, poner todo de nosotros: nuestra música, nuestra participación, nuestro cuerpo, nuestro intelecto: que nada humano deje de tener un puesto de honor en nuestra asamblea litúrgica. Conscientes de ello, los jesuitas hemos destacado algunos temas que han surgido como iniciativas para vivir de un modo más fructífero nuestra vida como ministros de la Iglesia. Entre ellos, en los últimos años: la liturgia y pastoral con pueblos originarios, liturgia y el ministerio de la reconciliación, el lugar de la piedad popular, así como las Preferencias Apostólicas de la Compañía, tema central de nuestro último congreso en Roma.

Entre las diversas alocuciones que tuvo nuestro congreso de junio, quiero destacar algunas que más llamaron mi atención y cuyas ideas quiero compartir con ustedes. El cardenal Michael Czerny, jesuita, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, tomó la voz cantante para introducirnos al trabajo con los excluidos. Sus palabras resonaban con la experiencia de los migrantes de Ucrania, con los de Lampedussa, con los del río bravo del Norte. Visualmente, su cruz pectoral hacía eco con sus palabras, al ser un trozo tallado proveniente de una balsa de migrantes africanos que salieron a la mar con nada más que sus esperanzas. “Todos somos migrantes, todos venimos de lejos”, nos decía. Estar juntos alrededor de la mesa del altar nos ayuda a partir del yo hacia el nosotros como servidores de la misión de Cristo de acoger, promover e integrar. En este sentido, la liturgia constituye un espacio forjador de identidad que expresa lo que somos, lo cual es parte integrante de culturas tales como la africana: “soy porque hay un nosotros”. Es por ello que la identidad es siempre vinculante. Aun en el triste caso de ser desheredados, perseguidos o ajusticiados, siempre podemos regresar a la mesa del altar en donde Cristo se ofrece y donde podemos mirarnos a los ojos para darnos el abrazo de la paz, recordando al fin quiénes somos. Pero eso no se queda ahí; parafraseando las palabras de Czerny: salimos siendo enviados, como recuerda la expresión latina: Ite, missa est; salimos para inflamar todas las cosas de Cristo, “con Él y en Él”.

Desde esta mirada, la liturgia constituye el momento de abrir nuestros ojos y pies hacia el otro, hacia el verdadero “necesitado”, no hacia quienes “deberían sentir necesidad”. Se trata de necesidad sin etiquetas, sin criterios, sin condiciones impuestas. Czerny también nos recordó las palabras del Papa Francisco de cómo la odisea hacia Lampedussa era ciertamente un milagroso pasaje hacia la libertad que para algunos no trajo más que dolor y muerte. ¿Cómo dejamos atrás nuestros miedos para acoger a aquellos que como ellos tocan nuestras puertas? ¿Cómo los hacemos partícipes de nuestras asambleas, para que celebren la vida junto con nosotros? Estas preguntas del cardenal Czerny, seguirán siempre presentes.

En su mensaje, el cardenal Arthur Roche, Prefecto de la Congregación del Culto Divino, destacó que es un error suponer de entrada que nuestros sacerdotes y seminaristas cuentan con una buena formación litúrgica. En este sentido, parafraseando al cardenal, la Iglesia espera de la Compañía contribuir a una reflexión más profunda de la liturgia en todas las dimensiones de la vida, de modo que podamos auxiliar en esta formación. De hecho, la carta del Papa Francisco, Desiderio desideravi, promulgada poco después de nuestro Congreso, hace hincapié en este punto importante.

Monseñor Irwin, de la Universidad Católica de América en los Estados Unidos, nos invitó a llevar nuestra reflexión a la ecología. Destacó cómo la liturgia es constructora de fraternidad. Al llamar a Dios Padre en nuestra oración dominical, nos vemos a todos como hermanos y herederos de una casa común que debemos cuidar y amar. Las palabras del Prefacio de la Plegaria Eucarística IV también resaltan que no estamos solos. La creación entera, de la que hace eco el salmo 103 que recitamos en las Laudes, se vuelca hacia la alabanza por medio de nuestras palabras: “y por nuestra voz, las demás criaturas, aclamamos tu nombre cantando: Santo, Santo…”. El mundo ha sido visitado por Dios, por lo que es en sí mismo sacramental. Todo tiene la capacidad de llevarnos a la experiencia de la gracia, sólo es estar atentos.

El P. Erik Oland, Provincial del Canadá, nos invitó a reflexionar sobre la espiritualidad de la Compañía, otra de nuestras preferencias apostólicas. Dedicó particular atención a la anotación 15 de los Ejercicios. Dios ha de comunicarse con sus creaturas, por consiguiente, nos corresponde facilitar dicho encuentro mediante el uso de todos los medios posibles. La oración comunitaria aparece aquí como un espacio imprescindible de un doble encuentro: con el Creador y asimismo con el “nosotros” eclesial, que al mismo tiempo nos mueve en una dinámica de generosidad para responder “ante tanto bien recibido”. De este modo, liturgia y Ejercicios quieren llevarnos en una misma dirección.

Esta experiencia de “orar juntos” ha sido necesaria en nuestro modo de discernir como jesuitas. Los Padres Fundadores se reunieron para orar, celebraron juntos la Eucaristía y se preparaban para ella fervientemente. Esto sigue siendo una realidad. El P. John Dardis, consejero del P. General, mencionaba en su alocución cómo los momentos de celebración litúrgica fueron importantes en el proceso del discernimiento de las Preferencias Apostólicas, por parte del P. General y su consejo. Asimismo, el P. General, en su homilía durante la misa de clausura del Congreso, nos manifestaba el lugar importante que tiene para nosotros los jesuitas la oración y el discernimiento comunitario. Nada reemplaza, pues, a la ocasión de orar juntos, de escuchar y decantar la Palabra de Dios mientras nos reconocemos como hermanos y compañeros de una misma misión, la de Cristo.

Además de los congresos bianuales, ¿qué otros proyectos tienen la Jungmann Society? Si bien los congresos y la preparación de cada uno de ellos demandan un esfuerzo de preparación y de recaudación de fondos, estamos trabajando en llave con la oficina del Postulador General para la edición de los Propios de la Compañía. Estas ediciones han de enriquecerse con las memorias de los últimos santos y beatos jesuitas. Asimismo, como nos lo enfatizaba el P. Pascual Cebollada, Postulador General, queremos ayudar a promover liturgias que nos ayuden a vivir nuestra vocación no solamente desde la acción, sino también desde estos espacios que nos nutren desde dentro. Es un tema siempre presente la formación litúrgica que, esperamos abordar con más profundidad en un próximo congreso.

Sería un gusto también poder contar con más voces latinoamericanas en estos espacios de la Jungmann Society, así que ayúdennos a difundir la invitación de ser parte de este grupo de reflexión. Si bien la mayoría de los miembros son angloparlantes, existe un “resto fiel” que hablamos la lengua cervantina y que nos gustaría tener más interlocutores. Así que sean muy bienvenidos y reciban un saludo cordial desde las tierras de Boston.

P. José Rafael Garrido, SJ
Realiza estudios especiales de doctorado
en Liturgia/sacramentos en Boston (EEUU)