Compartimos el artículo de Carmen de los Ríos, Delegada Social de la CPAL, publicado en la web del Secretariado de Justicia Social y Ecología (SJES) de la Compañía de Jesús.
No existe “la mujer”. Existen las mujeres reales de carne y hueso. Las mujeres de África, Asia, América, Europa, Oceanía, con sus diversas realidades y culturas. En América Latina somos mujeres que nos expresamos desde la riqueza de culturas diferentes (mayas, aztecas, quechuas, aymaras, ashaninkas, shipibas, mapuches, y otras); desde diversa ubicación socioeconómica unas con menores oportunidades que otras; mujeres que luchan cada día por sobrevivir y las que luchamos cada día por conquistar la igualdad de oportunidades haciendo alianzas con otros para construir una sociedad mejor.
Nos hermana la vulnerabilidad y la resiliencia. La vulnerabilidad de años bajo estructuras patriarcales y machistas que no solo han invisibilizado a las mujeres sino que las han colocado en situaciones de injusticia, falta de oportunidades, desventajas para su crecimiento humano y profesional. Y la resiliencia por nuestra gran capacidad de transformar el dolor y las experiencias adversas, de sobreponernos, de levantarnos, de seguir adelante, de cuidar la vida.
Mujer y pandemia
El informe anual de la Comisión Económica para AL (CEPAL): “Panorama Social de América Latina”, estima que entre los años 2020 y 2021 las personas en situación de pobreza extrema se incrementaron en cerca de cinco millones, actualmente 86 millones de personas viven en AL en pobreza extrema. “La crisis sanitaria permanece vigente y América Latina y el Caribe es la región más vulnerable del mundo en esta pandemia.” La región ha experimentado un gran retroceso en la lucha contra la pobreza, los niveles de pobreza extrema son similares a los de hace 27 años. Se menciona el “riesgo de una generación perdida” por el deterioro en la educación.
El covid ha golpeado con mayor fuerza a la población vulnerable: las mujeres, la juventud y la niñez. Y entre ellos a la población perteneciente a los pueblos indígenas, a las zonas rurales, a la población afrodescendiente, a los millones de personas obligadas a migrar.
Aumentó el número de mujeres que no se matricularon en las escuelas, las que interrumpieron sus estudios, las que no pudieron seguir el ritmo de la educación virtual. Aumentó la proporción de las mujeres que no reciben ingresos propios, las que perdieron sus precarios trabajos, las que sí los tienen pero están mal remunerados: “La autonomía económica de las mujeres sufrió un retroceso histórico en la región”. Las niñas, adolescentes y jóvenes han llevado la peor parte incrementándose la violencia familiar en los hogares. “La pandemia dejó como resultado una sobrecarga de tareas domésticas y de cuidados no remunerados que asumieron en su mayoría las mujeres”. Las mujeres estuvieron sobrerrepresentadas y en primera línea de respuesta a la pandemia: trabajadoras de la salud, trabajadoras de la educación, trabajadoras en hogares particulares, entre otros. E incluso como doble jornada de cuidado en el centro profesional y en el hogar: el “trabajo invisible” de la mujer.
No solo se ha evidenciado la desventaja en la que viven las mujeres en LAC. Según el informe de CEPAL, la pandemia del COVID 19 ha mostrado a las mujeres como indispensables, necesarias para las dinámicas de cuidado, no solo para la sanidad pública sino también para garantizar la vida en los hogares y en los ambientes laborales. Las tareas más humildes de limpieza pública, de atención en salud, de atención en los hogares han sido indispensables para garantizar la salud de todas las personas.
Mujer, nuevo Pacto Social y cuidado
El informe de la CEPAL concluye proponiendo un nuevo Pacto Social en América Latina y el Caribe. La post pandemia es la gran oportunidad de construir un futuro con un horizonte de igualdad para todas las mujeres, las jóvenes, las adolescentes y las niñas si es que los esfuerzos se orientan a redistribuir los tiempos, los recursos y el poder hacia una cultura del cuidado. Esto requiere Estados fuertes que puedan impulsar procesos transformadores y avancen hacia la construcción de una sociedad del cuidado.
Se trata de un cambio de paradigma que pone en el centro el cuidado de las personas, de quienes cuidan, el autocuidado y el cuidado del planeta. La inversión en cuidados contribuiría a reducir las brechas de género en la educación, la salud, el empleo y los salarios, e incidiría en los niveles de productividad y la tasa de crecimiento de la economía. (Seguino, 2020).
El cuidado, no sería tarea solo de las mujeres. Se trata de promover la igualdad en el acceso al cuidado de calidad, fomentar la corresponsabilidad entre todas las personas y los actores capaces de brindar cuidados desde un enfoque que considere la desigualdad social, la edad, la raza o etnia, el territorio y los ingresos. Estos son desafíos clave para que la recuperación sea transformadora y sostenible.
La Compañía de Jesús y su compromiso con las mujeres
En 1995 la Congregación General 34 emitió el Decreto 14 “Los jesuitas y la situación de las mujeres en la iglesia y en la sociedad”. Luego de 25 años, (8 de marzo de 2020) el Padre General aprobó la conformación de la Comisión Intercontinental sobre las Funciones y Responsabilidades de las Mujeres en la Compañía de Jesús, que evaluará la recepción y puesta en práctica del Decreto 14, evaluará la participación y situación de las mujeres en las estructuras de colaboración en las instituciones de la Compañía de Jesús y su compromiso apostólico, y brindará recomendaciones para el desarrollo de prácticas transformadoras.
En América Latina, la Compañía de Jesús está comprometida con la construcción de una sociedad de justicia y reconciliación por lo que no es ajena a la situación de las mujeres. Lo manifiesta de diversas maneras: desde el acompañamiento a las mujeres más vulnerables -las que llevan la carga y el dolor de las estructuras de pecado y las que han sido doblemente afectadas por la pandemia- el aporte en investigación y creación de experiencias innovadoras para su desarrollo e inclusión positiva como actor social, político y económico en la sociedad; hasta la revisión de sus estructuras institucionales a fin de generar juntos condiciones de vida digna y una sociedad de cuidado que ofrezca igualdad de oportunidades.
El Grupo de Género e Igualdad de la CPAL (2019), tiene como misión “la reflexión y acción sobre el lugar de la mujer en la vida y misión apostólica de la Compañía de Jesús en LAC”. En cada provincia se están conformando grupos similares, siendo pioneras las provincias de Centroamérica, Ecuador y México. Esto ha de movilizar la reflexión y producir cambios al interior de las instituciones, y promoverá que las Provincias vayan asumiendo el enfoque de género en los indicadores de sus planes apostólicos.
El Proyecto Apostólico Común - PAC.2 de la CPAL (2021 - 2027) considera el objetivo específico: “Promover en todo el Cuerpo Apostólico relaciones de igualdad entre los géneros, que sean testimonio contra cultural de superación de cualquier tipo de sexismo”.
Hemos iniciado un proceso que durará varios años promoviendo cambios culturales e institucionales hasta que las relaciones igualitarias de género se conviertan en algo natural en las estructuras de nuestra sociedad.
En esto hemos de priorizar la “interiorización de la perspectiva de mujer” desde el corazón y en el quehacer intelectual y teológico, el análisis permanente del contexto social, el afrontar con mayor decisión el papel de la mujer en la Iglesia, la incorporación de mujeres en los órganos de gobierno de nuestras instituciones, un modelo coeducativo que supere los prejuicios y roles asociados a los géneros, así como avanzar en el uso del lenguaje inclusivo “no sexista”, entre otros muchos desafíos.
Agradecemos a la Compañía de Jesús por todo lo que se ha hecho e invitamos a todo el Cuerpo Apostólico de la Compañía de Jesús en la CPAL (laicos y laicas; sacerdotes y hermanos) a trabajar por la igualdad entre todos los géneros.
Información de sjesjesuits.global