A propósito del Día Internacional de la Mujer, compartimos un texto del historiador español Wenceslao Soto Artuñedo SJ, quien aborda cómo fue al actitud del fundador de la Compañía de Jesús con las mujeres.

 

 

La Congregación General 34 de la Compañía de Jesús, celebrada en Roma del 5de enero al 22 de marzo de 1995 aprobó, entre otros, dos decretos, uno sobre la mujer y otro sobre los laicos[1]. El primero, especialmente aplaudido a pesar de lo inesperado, se dirige a los jesuitas, y pretende que, en fidelidad a su misión, no olviden un problema tan evidente como el de esa “tradición civil y eclesial que ha ofendido a la mujer” (n. 9). En el segundo se refleja el tema de la cooperación con el laicado, que fue el que más interés había despertado en vísperas de la Congregación General.

Este trabajo puede considerarse como la presentación de los precedentes históricos de ambos temas en la Compañía: Por un lado, pretendemos situar la relación histórica de Ignacio de Loyola y su Compañía de Jesús con la mujer en los términos que según los datos actuales parecen más adecuados, lejos ya del mito de la misoginia con la que se ha tildado durante tiempo al fundador de esta orden religiosa. Recorreremos las diversas etapas de su vida y el papel que en ellas jugaron figuras femeninas. Relatamos las obras llevadas a cabo por San Ignacio y la incipiente Compañía en pro de la mujer marginada en Roma, en colaboración con mujeres de la nobleza romana. También trataremos la colaboración de laicas con la Compañía de Jesús incipiente, incluso la militancia en sus filas de algunas mujeres; en unos casos se trataron de intentos fallidos, pero hubo una excepción que se llevó hasta el final, la de Juana de Austria, que hizo los votos de los escolares jesuitas, estado en el que murió. Por otro lado, el cuarto centenario de la muerte de Felipe II que se conmemora en el año 1998 también nos da ocasión de ocuparnos de su hermana, Juana de Austria, que fue regente de España durante los cinco años de ausencia de Felipe II, desplazado a Inglaterra y Flandes

¿Misoginia ignaciana?

La Compañía de Jesús es, quizás, la única de las grandes órdenes religiosas que no tiene rama femenina. Durante tiempo se ha explicado esta “anomalía” por una supuesta misoginia de su fundador. Mucho tuvo que ver el jesuita Pedro de Ribadeneira (1526-1610) primer biógrafo oficial de San Ignacio de Loyola, en privarlo de naturalidad y corazón en el trato con la mujer. Esta biografía[2] fue publicada en Nápoles en 1572 con ilustraciones de Rubens, cuando el mito misógino de Ignacio había sido ya delineado por Francisco de Borja (1510-1572), tercer general de la orden. Para entender esta postura de Borja hay que tener en cuenta que este descendía del papa Alejandro VI y es posible que desarrollara esa actitud como expiación por un supuesto complejo de culpabilidad.

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[1] Decreto 14 “La Compañía y la situación de la mujer en la Iglesia y en la sociedad”, Decreto 13 “Colaboración con los laicos en la misión”, Congregación General 34 de la Compañía de Jesús, Mensajero, Bilbao 1995, pp. 283-313. Fruto de esta preocupación de la Compañía es la publicación de la Fundación Lluis Espinar: ARANA, Mª J., Rescatar lo femenino para reanimar la tierra, Cristianisme i Justícia, Barcelona 1997; AGÚNDEZ, M., “Colaboración con los laicos en la misión”, en Educación, misión compartida, MADRID, CONEDSI, 1997, 15-33; O’HANLON, Th., “A theological reflection onJesuits and the situation of women in Church and civil Society, Milltown Studies (1997) Winter, 147-157; ROBITALLE S., “La collaboration féminine et les jésuites”, Cahiers de spiritualité ignatienne,Suppléments 44 (1997), 63-69
[2] Vita Ignatii Loiolae, edición crítica en Monumenta Historica Societatis Iesu, Monumenta Ignatiana, series quarta, Fontes Narrativi IV, Roma 1965