El jesuita p. Karl Rahner fue uno de los primeros en reconocer que el Concilio Vaticano II había transformado a la Iglesia Católica occidental en una Iglesia Mundial. Afirmó: «El Concilio Vaticano II fue el primer gran evento oficial, en el que la Iglesia se convirtió en una Iglesia mundial»[1]. Si en el Concilio Vaticano I estaban presentes incluso los obispos de países no occidentales, estos eran todavía en su mayoría obispos misioneros de origen europeo y norteamericano. Los obispos que participaron del Vaticano II provenían de 116 países, la mayor parte de los cuales eran nativos: el 36% venía de Europa, el 23% de América Latina, el 12% de América del Norte, el 20% de Asia y de Oceanía y el 10% de África. En el Sínodo extraordinario de los obispos de 1985, en Roma, el 74% de los obispos venía de países no europeos o de América del Norte, lo que reflejaba la proporción (más del 70%) de los católicos de todo el mundo.
La más antigua de las instituciones del mundo, la Iglesia Católica, es realmente una Iglesia global[2]. Con 1.300 millones de miembros, representa más del 50% de los 2.500 millones de cristianos del mundo. Estas enormes cifras y su organización internacional hacen de la Iglesia Católica un actor transnacional. Estimaciones recientes muestran que los protestantes dan cuenta aproximadamente de un 37%, y el resto de las Iglesias ortodoxas del 12%. Otras comunidades, menos tradicionales, como los miembros pertenecientes a la Ciencia Cristiana, los Mormones, los Testigos de Jehová, representan cerca del 1%. Hoy están creciendo con rapidez las comunidades pentecostales, carismáticas o de la Renovación, con más de 682 millones de miembros[3].
Cambios demográficos
Sin embargo, el rostro del cristianismo mundial hoy está cambiando. Las principales Iglesias europeas y norteamericanas siguen perdiendo miembros, lo que ocurre en magnitudes particularmente relevantes en la Iglesia Católica. En América Latina, donde viven unos 425 millones de católicos, el crecimiento del cristianismo evangélico y pentecostal significó el éxodo de decenas de millones de miembros de la Iglesia Católica. Los pentecostales se atribuyen alrededor del 70% de todos los protestantes latinoamericanos. Basándose en un culto sobrenatural, emotivo y en las oraciones de sanación, a menudo predican el «evangelio de la prosperidad», o evangelio de la salud y de la riqueza, que hunde sus raíces en el pentecostalismo estadounidense[4]. Precisamente el pentecostalismo, en su diversas formas, ha sido especialmente atrayente para los pobres de América Latina. Los pentecostales son evangelizadores eficaces, con su celo por comunicar su fe, el acento puesto en los dones carismáticos y en una experiencia subjetiva de Dios. Elementos que la teología occidental perdió de vista hace ya bastante tiempo.
En Estados Unidos el porcentaje de católicos cayó del 23 al 20%, con una reducción mayor en el Noreste[5]. La caída es más sensible entre los adultos jóvenes. El 36% de los post-millennials (jóvenes de entre 18 y 24 años) no tiene relación con ninguna tradición religiosa. Se les conoce como los “no”, por la respuesta negativa que dan cuando se les pregunta por su filiación religiosa.
En 1910, Europa albergaba el 65% de los católicos del mundo, frente al exiguo 24% actual[6]. La caída se debe, entre otras razones, a las bajas tasas de fertilidad, al hecho de que la mayor parte de los cristianos es anciana y al aumento de quienes abandonan el cristianismo. El número de personas que participan de la Misa continúa disminuyendo. La caída no afecta solamente a los católicos: una investigación de Stephen Bullivant reveló que en 12 de los 22 países europeos examinados, más de la mitad de los adultos jóvenes declara no identificarse con una religión particular o con alguna denominación específica.
Sin embargo, mientras el cristianismo está en declive en Occidente, está explotando en África, Asia y América Latina, es decir, en zonas que suelen denominarse «el Sur del mundo». Según una encuesta del Pew Research Forum, más de 1.300 millones de cristianos (61%) viven en el Sur del mundo, frente a los cerca de 860 millones que viven en Europa y América del Norte (39%)[7].
En África, el crecimiento del cristianismo ha sido extraordinario: de los nueve millones en 1900 a unos 380 millones hoy. De acuerdo a Todd Johnson y sus colaboradores, «antes de 2050 probablemente habrá más cristianos en África (1.250 millones) que en América Latina (750 millones) y Europa (490 millones) juntos»[8]. Esto significa que terminará el dominio numérico de Europa sobre el cristianismo global, como sucedía en el pasado.
En Asia, el cristianismo continúa creciendo, sobre todo en sus expresiones evangélicas y pentecostales. Los 17 millones de evangélicos y pentecostales asiáticos de 1970 hoy se han multiplicado hasta superar los 200 millones. En Singapur, Corea del Sur y Filipinas existen las Mega-Iglesias con decenas de miles de miembros. En Indonesia y Malasia la adhesión al cristianismo crece entre budistas y confucianos. Muchos de estas Iglesias predican el evangelio de la prosperidad. En China el cristianismo sigue progresando, no obstantes los esfuerzos del gobierno actual por controlarlo. Se calcula que los católicos oscilan entre los 10 y los 12 millones, con un crecimiento lento. Los cristianos evangélicos y pentecostales son entre 40 y 60 millones, aunque algunos estiman números más elevados, que llegan hasta los 100 millones.
Desafíos
Si bien el Concilio Vaticano II hizo mucho por renovar y revitalizar la Iglesia, esta debe afrontar actualmente muchos desafíos, más allá de la caída del número de sus miembros. Los abusos sexuales de menores por parte de exponentes del clero causaron graves daños, llevando a la Iglesia a enfrentar su crisis más grave desde los tiempos de la Reforma. El problema, inicialmente descartado por algunos en Roma como una cuestión estadounidense, ahora es mundial[9].
Otro desafío es la carencia de sacerdotes, teniendo en cuenta que muchos de los que hasta hora estaban activos alcanzan la edad de jubilación y que las nuevas vocaciones al ministerio del orden disminuyen. En Europa muchas parroquias cierran o se unen con centros pastorales. Algunos países dependen cada vez más del clero nacido en el extranjero.
La diversidad cultural y el pluralismo religioso son también claros desafíos. Como comunidad global, la Iglesia Católica está presente en países cada vez más laicos y convive con otras religiones que no siempre muestran una buena disposición hacia ella. Si en América Latina los católicos trabajan con escaso éxito en establecer mejores relaciones con las florecientes Iglesias pentecostales, en China, la India y en algunos países islámicos deben hacer frente a gobiernes hostiles, presiones políticas, ausencia de libertad religiosa e incluso persecuciones. Muchas Iglesias nacionales están desgarradas por facciones internas que representan una amenaza para la unidad. Finalmente, aún está por verse cómo las Iglesias se recuperarán de los cierres causados por la pandemia y del consecuente cambio en las prácticas religiosas.
Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco se ha empeñado en impulsar a la Iglesia hacia delante, proyectándola en un mundo muy necesitado del Evangelio y desviándola de un enfoque «autorreferencial» sobre sí misma y sus propios problemas. El Papa imagina un discipulado misionero, capaz de combatir los «mitos de la modernidad» («individualismo, progreso indefinido, competencia, consumismo, mercado sin reglas»[10]) y de llevar la buena nueva a las periferias, a todos los excluidos: los pobres, los inmigrantes, los que sufren. Quiere que la Iglesia sea conocida no por aquello a que se opone, sino por aquello a lo que es favorable, una Iglesia que construye puentes. ¿Qué aspecto podría tener una Iglesia como esa?
Mirar hacia delante
En 2009, John Allen publicó un libro sobre la Iglesia del futuro. A partir del hecho demográfico de que la mayoría de los cristianos pasaron de estar en Europa y América del Norte a situarse en el Sur del mundo, el autor predijo que el catolicismo del futuro sería muy diverso del actual. Este sería en su mayoría no occidental, no blanco y no rico, más conservador sobre cuestiones sexuales, más liberal sobre temas de justicia social; contrario a la guerra, favorable a las Naciones Unidas y desconfiado del capitalismo de libre mercado; más bíblico y evangélico al afrontar las cuestiones culturales; más atento a su fuerte identidad católica frente al pluralismo religioso. La Iglesia del futuro será más joven, más optimista y más abierta a la práctica religiosa autóctona[11].
¿Qué podríamos añadir, a la luz de los esfuerzos que el Papa Francisco está llevando a cabo para renovar la Iglesia, especialmente en lo que concierne a los desafíos que hemos mencionado más arriba?
Una Iglesia policéntrica
La Iglesia del mañana será policéntrica en lugar de eurocéntrica. Francisco espera un mayor reconocimiento de la autoridad magisteral de las Conferencias episcopales nacionales y religiosas e insta a pensar con toda la Iglesia, no solo con la jerarquía. Destaca la «sinodalidad», es decir, el «caminar juntos», resistiendo la tentación de gobernar de manera vertical, desde arriba hacia abajo[12]. En un contexto de multiculturalidad, la sinodalidad desempeñará un papel cada vez más importante, favoreciendo la variedad en la teología, en la liturgia y la práctica pastoral. En cierta medida, este proceso ya está en marcha en el trabajo que las Iglesias de África, Asia y América Latina están realizando para asimilar la dimensión cultural de su propia fe.
El pentecostalismo ha dejado su huella en las liturgias y en las catequesis de América Latina. Los teólogos africanos se están comprometiendo por desarrollar una teología auténticamente africana, en la que las mujeres tienen un papel cada vez más importante. Las Iglesias asiáticas, sobre todo la de la India, luchan por presentar a Jesús como la Palabra de Dios y el salvador en un contexto de pluralismo religioso y en condiciones de minoría. En el futuro podrán existir nuevos centros de autoridad, basados en las Conferencias episcopales nacionales o regionales, sobre el modelo de la Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), con sede en Washington, y de la Federación de las Conferencias de los Obispos de Asia (FABC). Un proceso de este tipo podrá desarrollarse si se logra concretar la visión que Francisco tiene de una Iglesia más sinodal.
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[1] K. Rahner, «Interpretazione teologica fondamentale del Concilio Vaticano II», en Id., Sollecitudine per la Chiesa. Nuovi saggi VIII, Roma, Paoline, 1982, 345.
[2] Cfr T. P. Rausch, Global Catholicism: Profiles and Polarities, Maryknoll (NY), Orbis Books, 2021.
[3] Cfr T. M. Johnson et Al., «Christianity 2018: More African Christians and Counting Martyrs», en International Bulletin of Mission Research 42 (2018) 23 s.
[4] Cfr S. Coleman, The Globalisation of Charismatic Christianity: Spreading the Gospel of Prosperity, New York, Cambridge University Press, 2000.
[5] Cfr Pew Research Center, «In US, Decline of Christianity Continues at Rapid Pace», 17 de octubre de 2019.
[6] Cfr Id., «5 facts about Catholics in Europe», 19 de diciembre de 2018.
[7] Cfr Id., «Global Christianity – A Report on the Size and Distribution of the World’s Christian Population», 19 de diciembre de 2011.
[8] T. Johnson et Al., «Christianity 2018: More African Christians and Counting Martyrs», cit., 21.
[9] Cfr S. Poggioli, «Pope Meets US Bishops in Rome Over Sex Abuse», en NPR, 13 de septiembre de 2018.
[10] Francesco, Encíclica Laudato si’ (LS), n. 210.
[11] Cfr J. Allen, The Future Church: How Ten Trends Are Revolutionizing the Catholic Church, New York, Doubleday, 2009, 432-435.
[12] Cfr Francisco, «Discurso de conmemoración del 50 aniversario de la Institución del Sínodo de los Obispos». Véase también: Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, 2 de marzo de 2018.
Imagen e información de laciviltacattolica.es