La fraternidad no es sólo un concepto o una idea plasmada en la Encíclica del Papa Francisco,  Fratelli Tutti, es algo mucho más concreto, real y URGENTE. Voltear la cara, dejar de oír los quejidos del que sufre o rodear el camino del desvalido (como en la parábola del buen samaritano) puede convertirse en fratricidio, aunque suene duro de leer.

 

Por José Laguna

Que un papa hable de fraternidad no es ninguna novedad, los arquitectos hablan de edificios, los mecánicos de motores, los dentistas de endodoncias y los papas de fraternidades, caridades, sacramentos y demás temas afines, ¡de qué si no! En la previsibilidad del tema de la última encíclica de Francisco reside su talón de Aquiles comunicativo: son muchos los creyentes que se han sumado con entusiasmo a la llamada fraterna del pontífice argentino sin haber leído ni una sola línea de ‘Fratelli Tutti’ (en adelante, FT).

Como aquel viejo chiste del niño que se saltaba sistemáticamente el precepto dominical y sorteaba el control paterno repitiendo siempre el mismo estribillo: “El cura ha dicho que seamos buenos”, los embajadores espontáneos de la fraternidad al modo bergogliano no necesitan leer ningún documento para defender lo que ya sabemos todos: que lo más importante es el amor a los demás y que debemos rezar y trabajar por un mundo presidido por la fraternidad… ¡Qué va a decir un papa!, lo de siempre: “Que seamos buenos”.

Frente a estas interpretaciones tópicas, que funcionan como relatos adormidera sin relevancia social alguna, propongo una lectura crítica que saque a la luz el nervio disruptivo de una encíclica que no dudo en calificar como “urgente”. Puede que los debates pastorales tengan tiempo para entretenerse en matices teológicos sobre la naturaleza de la fraternidad, pero en las fronteras geográficas –esos purgatorios sociales donde hoy se juega el futuro de la humanidad–, la existencia o no de fraternidad es una cuestión de vida o muerte.

Para los millones de “huérfanos” que diariamente mueren frente a costas y concertinas esperando la hospitalidad de hermanos que no salen a recibirlos, la construcción de una hermandad universal es una tarea urgente en la que se juega la fraternidad o el fratricidio de nuestro proyecto civilizatorio. La pregunta de Dios a Caín por la suerte de su hermano Abel, no surge de la retórica hueca que habita la laxitud de un tiempo infinito, sino de la memoria de la víctima que busca respuesta urgente ante el fratricidio cometido.

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Con información e imágenes de: Vida Nueva Digital