Ya está disponible la versión en español del documento Aqua fons vitae. Orientaciones sobre el Agua: símbolo del grito de los pobres y del grito de la Tierra . Este documento se publicó en inglés el pasado mes de marzo, mes en que se celebró el Día Mundial del Agua 2020, y está enraizado en la Enseñanza Social de los Pontífices; y se inspira en el trabajo que miembros de las Iglesias nacionales y locales han venido realizando en varios países. "Agua" es un vocablo que llama la atención sobre varios desafíos para la familia humana.
Cabe señalar que, aunque "todo está relacionado", como enseña el Papa Francisco (LS, nn. 16, 117), en este documento se describen tres aspectos o dimensiones del uso del agua:
1) el agua para uso humano;
2) el agua como recurso utilizado en muchas actividades humanas, especialmente en la agricultura y la industria;
3) el agua como superficie, es decir, los ríos, los acuíferos subterráneos, los lagos y, sobre todo, los mares y océanos.
El Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral ha preparado esta reflexión para ofrecer a las Iglesias locales indicaciones operativas sobre el tema del agua, el desarrollo y el futuro de la vida humana en la Tierra. El encuentro con Jesucristo y su enseñanza, tiene implicaciones sociales:
«Poned en práctica la palabra, y no os contentéis con oírla (...) ¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras?». Cada misterio eucarístico nos obliga a asumir este compromiso social. Los cristianos no «conciben una mente sin encarnación, incapaz de tocar la carne sufriente de Cristo en los otros». Aceptar el Evangelio nos alienta y nos motiva a adelantar el Reino de Dios durante nuestra vida terrena. El Reino de Dios es un regalo y, precisamente por esto, es grande, hermoso, y constituye la respuesta a nuestra esperanza. No podemos “merecer”, por usar la expresión clásica, el Paraíso gracias a nuestras obras: el Paraíso siempre es más de lo que podríamos merecer, así como ser amado no es nunca algo “merecido”, sino siempre un regalo. Sin embargo, incluso cuando somos conscientes de que el Paraíso supera lo que merecemos realmente, sigue siendo cierto que nuestro comportamiento no es indiferente ante Dios y, por lo tanto, no es indiferente para el desarrollo de la historia. No es la tarea propia y principal de la Iglesia asumirse la batalla política para construir justicia y un orden social justo. Como algunos sugieren o bromean, la Iglesia no debe reemplazar a los gobiernos ni a las Naciones Unidas. Sin embargo, no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Los valores evangélicos no pueden ni deben ser abstractos, sino que deben orientarse hacia acciones concretas y llamar la atención de todos. La Iglesia tiene una capacidad excepcional para contribuir positivamente en la lucha por la justicia porque puede reunir las fuerzas del bien. Los miembros y las organizaciones eclesiásticas pueden alcanzar e informar a aquellos a quienes las autoridades públicas consideran “inalcanzables” o son “descartados” por «una economía que excluye y mata» y promover su bienestar. En la Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia (2015), el Papa Francisco describió esta misión social a los fieles: «Este Año Santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús que resuena en las palabras del Profeta: llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella. La predicación de Jesús se hace de nuevo visible en las respuestas de fe que el testimonio de los cristianos está llamado a ofrecer».
Aqua fons vitae, «el agua es fuente de vida» y es vital para todas las formas de vida. Esta declaración, que con toda razón reconoce el papel esencial del agua, tanto en el origen como en la conservación de la vida en la Tierra, inspiró el título de las contribuciones que el Pontificio Consejo
«Justicia y Paz» preparó para representar a la Santa Sede en los Foros Mundiales del Agua que tuvieron lugar en 2003 (Kyoto), 2006 (Ciudad de México), 2009 (Estambul) y 2012 (Marsella). A continuación, la Carta Encíclica Laudato si’ volvió a poner de relieve el tema del agua. Desde su publicación, el Santo Padre no ha perdido ocasión para llamar la atención sobre el gran significado del agua para la civilización humana.
Para cada aspecto o dimensión, el documento presenta desafíos conexos y propuestas operativas para la sensibilización y el compromiso a nivel local. La parte final del documento ofrece una reflexión sobre la educación y la integridad.
Aqua fons vitae está ahora disponible en inglés, francés y español. Descárgalos aquí debajo o visita la sección "Documentos" de la web del Dicasterio.