Fe y Alegría ante las consecuencias del COVID-19 

 

Ya salimos del primer shock mundial del “no puede ser” ante las noticias de las consecuencias del “coronavirus” en la humanidad. Ya vimos como la gente de muchos países se fue enfermando cada vez más, como la información oficial nos dice que no se ha alcanzado “el pico infeccioso” a nivel mundial y como el foco de la pandemia se mudó a América. La cosa va para largo. Y en eso estamos todavía.

Paralelamente, vimos como uno a uno, los gobiernos de los países donde Fe y Alegría hace vida fueron cerrando las escuelas por medidas sanitarias. Limitando los trabajos en oficinas públicas y privadas, y la prohibición de aglomeración de personas, como “barrera” para enfrentar el contagio. Como a muchas personas y organizaciones, la situación nos puso ante el “no saber qué hacer”, pero “algo hay que hacer”.

Afortunadamente, el mundo colapsado como está, Fe y Alegría dentro de él, ha empezado a dar respuestas más orgánicas. En nuestro caso, las respuestas han ido en la dirección de lo “que sabemos hacer” y que es nuestro aporte específico en este tiempo-espacio que nos toca vivir.

De la emergencia educativa … en la “actual normalidad”

Ha sido un esfuerzo muy grande acortar las brechas de todo tipo que las consecuencias del Covid-19 han profundizado. #LávateLasManos y #QuédateEnCasa aparecen como las consignas universales más poderosas para enfrentar la pandemia del COVID-19. Sin embargo, entre nuestras poblaciones vulnerables, emergen dos situaciones mundiales que nos interpelan y marcan nuevas fronteras de trabajo.

¿Cómo quedan las personas que no tienen todos los servicios básicos? Según la Organización Mundial de la Salud, 3 de cada 10 habitantes de la Tierra no disponen del servicio de agua potable, situación que tiende a agravarse en los sectores populares con los que trabajamos, donde se hace muy difícil lavarse las manos cada 2 ó 3 horas. Y ¿cómo quedan las personas que se “mueven con su casa”, que no tienen casa porque están en situación de calle, que viven de y en la calle, presos de la informalidad laboral o de la migración forzada?

En este contexto, nuestra opción de “desarrollar programas de educación popular de calidad” se ha visto movida a buscar nuevas formas, y otras no tan nuevas, de educación a distancia transitando por metodologías ya probadas como la teleeducación. Hemos vivido el resurgimiento de la educación por radio que hacemos desde hace más de 45 años para contextos de poca conectividad y falta de equipos tecnológicos en las casas. Nos ha tocado modificar las metodologías pedagógicas, tiempos, contenidos y desarrollo de competencias, apoyándonos en los recursos existentes en nuestros centros y familias, trabajando más con otras organizaciones en diversos escenarios.

Hay que hacer una mención especial a nuestros maestros y maestras, docentes del mundo, que viviendo la misma realidad de sus alumnos, han tenido que triplicar sus tiempos para preparar los procesos nuevos, garantizar su desarrollo y medir los impactos en el después de manera creativa. Este esfuerzo de cara al futuro es comparable con el de los médicos y enfermeros que han dado un paso al frente en esta primera etapa de la crisis sanitaria originada por la pandemia. Son los docentes junto a las familias, las madres y los padres convertidos en “docentes”, los que nos pueden ayudar para evitar, a punta de educación, las pandemias del futuro; y ayudar a que todos y todas en todas partes podamos ejercer el derecho a una educación de calidad. Y en eso estamos. Ya les iremos contando a través de nuestras publicaciones periódicas a través de www.feyalegria.org y en todas las redes sociales como @feyalegriafi

Si una palabra tiene sentido en nuestra gestión institucional es el “acompañamiento”. Cuidamos sobremanera “la atención a las personas que somos y hacemos Fe y Alegría”, cuidamos a las personas cuidadoras. No cambiamos las cosas para cambiar a las personas, hemos optado por cambiar a las personas que somos las que cambiamos las cosas. Seguimos con clara conciencia de nuestra misión de “transformar personas para cambiar el mundo”.

En nuestra cultura como organización se va posicionando, cada vez más, la idea de que para gestionar Fe y Alegría hay que ser “expertos en humanidad” y que “para ser efectivos hay que ser afectivos”. Esto no es nuevo, ni moda, ni ha emergido recientemente entre nosotros como el COVID-19. Esto de acompañarnos en la misión se viene haciendo desde hace muchos años, pero sin duda en estos tiempos recobra nuevos escenarios, acciones y dimensiones. Informarnos y compartir sobre cómo estamos viviendo como personas, como familia, como “movimiento” y como institución es agenda prioritaria y obligada en cada encuentro virtual.

En este sentido, el acompañamiento espiritual, afectivo y psicológico hoy tiene dimensiones de confinamiento en el espacio-tiempo-relación primero de nuestras vidas. En Fe y Alegría se están produciendo piezas de comunicación para medios, redes, trabajo personal y grupal, para ayudar con herramientas a llevar de la mejor manera posible esta situación de confinamiento. Sabiendo que el encierro también genera nuevas situaciones de vulnerabilidad donde las mujeres, los niños y niñas, y las personas ancianas llevan la peor parte. Eso, además, vivido en tiempos de Cuaresma, Semana Santa y Pascua de Resurrección que no olvidarán nuestras generaciones ni nuestras vidas.

La gestión global, nacional y local de Fe y Alegría, en este tiempo y circunstancias, tiene el reto de revisar “nuestros modos de proceder y el seguimiento a nuestros planes y proyectos”. Estamos, a todos los niveles, revisando nuestras prioridades y planes operativos anuales que recién terminamos a fines del año pasado y principios de este, los cuales, sin duda, se han visto impactados por la emergencia. Estamos reorientando estrategias, metas e indicadores de lo que podemos seguir haciendo en este nuevo contexto; incorporando las acciones emergentes y hasta donde nos da la “mayor capacidad de prever” los recursos y plazos para responder.

Estamos en diálogos con mucha gente que apoya económicamente nuestro trabajo para redefinir los términos de los acuerdos. Y por qué no reconocerlo, estamos preocupados porque ya los fondos de los que disponemos para nuestro accionar ordinario son limitados, hasta con déficit, ahora tenemos que seguir dando nuestro aporte específico ordinario y los emergentes para los cuales no tenemos nada presupuestado. Tenemos que accionar rápido y asertivamente, por eso también necesitamos la comprensión y mayor solidaridad en la procura de los fondos que requerimos para seguir “dando la cara”.

Afortunadamente no vamos solos, nos hemos ido integrando cada vez mas a otras obras, redes, sectores y servicios de la Compañía de Jesús para dar respuestas como cuerpo apostólico universal. Nos compromete más aún las respuestas comprensivas y solidarias de nuestros donantes privados (personas e instituciones) y públicos.

A la Educación en Emergencia … en la “nueva normalidad”.

No pretendemos una narrativa desde la épica institucional sino desde la vulnerabilidad personal y como Movimiento, de lo que somos y hacemos ante la magnitud del desafío. Somos personas y voluntades organizados por una causa: la transformación social a través de la educación.

Nos comprometemos a dar nuestro aporte específico desde la Educación Popular y Promoción Social bajo el paraguas del Derecho Universal a una Educación de Calidad (DUEC) y al Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS4) «Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos»

Nos sentimos movidos y nos hacemos un llamado a repensar propuestas educativas pertinentes que respondan a la declaración de Educación en Emergencia, desarrollando modelos de mixtos Virtual-Presencial. Prestarle más atención de la que ya le préstamos a la Formación Docente para estos nuevos tiempos. Pero, sobre todo, a trabajar más entre nosotros y con otros expresado por ahora de esta manera:

1. Garantizar el derecho a la educación de calidad para todos y todas en todas partes, poniendo énfasis en el acceso, permanencia, conectividad y logros de aprendizaje. Acompañar y cuidar a las personas, en especial a los equipos, los docentes, familias y estudiantes. Repensar la propuesta educativa, teniendo presente el marco de la emergencia. Desarrollar plataformas virtuales propias y en alianzas para la educación.

2. Elaborar una nueva estrategia de sostenibilidad de la Federación y las Fe y Alegría nacionales al servicio de la atención en emergencia. Búsqueda de fondos públicos y privados para proyectos de respuesta inmediata. Apoyo en la búsqueda de oportunidades de financiación, con especial atención a las prioridades de necesidades regionales y específicas de países.

3. Posicionar a Fe y Alegría como un actor internacional y nacional relevante en el campo de la educación popular de calidad, para incidir en las definiciones de las políticas de cooperación internacional y en políticas públicas de educación en los Estados. Incidir en el aumento del presupuesto público para la educación y en la formulación de procesos educativos con los valores de la educación popular (éticos, políticos, pedagógicos y epistemológicos). 

Estamos en buen momento

El futuro siempre incierto genera tensiones. Como Movimiento Internacional tenemos una palabra que decir y mucho que hacer. Sin embargo, hay preguntas de fondo que nos generan tensiones y retos desafiantes. Por citar solo algunas:

¿Cómo mantener la tensión entre 

- la necesidad de dar respuestas globales a problemas muy locales y concretos?

- la atención a lo urgente y la atención a la estrategia de fondo que nos piensa como unidad?

- las necesidades y roles federativos y las necesidades y roles nacionales?

- las necesidades casi infinitas de las gentes con las que trabajamos y los recursos siempre limitados con los que contamos?

- las respuestas a la gente que se nos muere (y se nos va a morir) y las respuestas más sistémicas?

Estamos por comenzar el proceso de evaluación de nuestro Plan de Prioridades Federativas 2016-2020 y la planificación de nuestro nuevo plan de acciones para el 2021-2025, con un ojo en la realidad de la emergencia post COVID-19 y otro en las Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía de Jesús. En este marco, nos trazamos una hoja de ruta para evaluar el avance y los próximos pasos. Nos iremos adaptando con un pie en la tierra, con la gente y nuestras realidades. Y otro pie en el aire, recreando los próximos pasos y “di-soñando” el futuro con esperanza, con Fe y Alegría.

 

Por: Gerardo Lombardi

Coordinador del Eje de Acción Pública de la Federación Internacional de Fe y Alegría. Artículo fechado 6/6/2020