No imaginé escribir estas líneas apenas dos meses después de haber llegado al SJPAM, pero el COVID19 y sus consecuencias adelantaron mi salida de Leticia. A pesar de ser una experiencia corta, considero haber aprendido mucho durante estos meses y pese a las circunstancias, me siento muy agradecida por el tiempo vivido y compartido.
Agradecida por la acogida, cercanía, disposición y confianza del equipo del SJPAM; por conocer una ciudad, cultura y realidad diferente a la que estoy acostumbrada; por el contacto y el tiempo compartido con comunidades indígenas de las cuales siento, me queda mucho por aprender: su acogida, la incansable defensa de su identidad y cultura, su fuerza, la importancia de la espiritualidad en sus vidas, su relación y cuidado con la madre naturaleza, el buen vivir, … Agradecida por haber vivido y sentido muy cerca las llamadas que surgen del Sínodo, tanto desde los pueblos indígenas como del Papa Francisco. En este sentido, admiro y agradezco la manera en la que el SJPAM entendió e interpretó estos mensajes y cómo dedica y dirige su trabajo en dicha dirección. Todo ello, me ayudó a sentirme parte de la Amazonía y reforzó mi compromiso y consciencia hacia la importancia del cuidado de la Casa Común. En relación a esto, quisiera compartir algo que sentí la primera vez que “salí al río”: la inmensidad y belleza de la selva y, a su vez, lo pequeña que soy y somos las personas que habitamos la Tierra; el poco derecho que tenemos a maltratarla y, en consecuencia, un llamado a escucharnos, respetarnos, cuidarnos y unirnos para repensar nuestro estilo de vida, con el fin de escuchar, respetar y cuidar la casa común.
Por último, agradecida porque durante este tiempo he sentido más que nunca, que la vida y la naturaleza son un don, un regalo de Dios; lo que me invita y llama a cuidarla, compartirla y a vivirla para/con los y las demás desde la sencillez, pero fuerza del en todo amar y servir; confiando y agradecida por todas las personas, acontecimientos y aprendizajes que se van cruzando en ella.uestro estilo de vida, con el fin de escuchar, respetar y cuidar la casa común.