Compartimos el texto del P. Jorge Cela, quien estuvo a cargo de la Presidencia de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL) desde 2011 hasta 2017. Este artículo fue publicado en la Revista "Un Cuerpo para la Misión" de los 20 años de la CPAL:
1. Una experiencia de cuerpo apostólico.
Llegué a la CPAL en 2012, cuando ya estaba consolidada: con una identidad fuerte, con sentido de misión común, con estructura de redes dinámicas y flexibles y un plan estratégico nacido de su principio y horizonte. Eran los frutos de una docena de años de vida. Para mí fue entrar a formar parte de un cuerpo apostólico continental y tener la experiencia de una célula privilegiada de ese cuerpo; pude recorrerlo captando toda la vida que había en él.
Entré por la puerta de la Amazonía, donde pasé mis primeras navidades “cpalinas”. Por eso hoy siento especialmente la importancia del reciente Sínodo.
Trabajar en la CPAL fue una hermosa experiencia de sentirme Compañía de Jesús, heredero de lo construido por otros, compañero de muchos en la construcción del futuro; desde un plan estratégico que nos invita a construir juntos la conciencia y solidaridad latinoamericana en nuestro compromiso con los pobres y los jóvenes, inspirados en la espiritualidad ignaciana. Fue la experiencia de ir tejiendo redes de fraternidad en colaboración con mucha gente, como pueblo latinoamericano, insertados en una Compañía universal. Un tiempo de soñar con otros y de sentir un cuerpo amplio en que participábamos muchos colaboradores en la misión de Cristo en América Latina.
Me cautivó como proyecto personal la imagen de la jirafa, que tanto usaba el P. Adolfo Nicolás, con mirada de horizonte y corazón lleno de jóvenes, de excluidos, de pueblos originarios y caribeños, de la Amazonia, y del caribe de Haití y Cuba. Pero no con la actitud del avestruz, de esconder la cabeza en la arena para no ver, sino con la espiritualidad de ojos abiertos que crea comunidades para el compromiso.
2. Logros y desafíos de la CPAL hoy.
La CPAL es para mí un cuerpo de colaboradores en la misión de Cristo del que me siento parte. Por eso mientras que algunos hablan con preocupación de disminución de números, yo encuentro motivos para la esperanza en tanta gente que, a pesar de todo, vuelve a pescar juntos, a echar las redes sin cansarse, a crear caminos nuevos con entusiasmo. Veo que, en medio del desierto, sigue creciendo un oasis de vida.
Por eso me uno a las esperanzas que levanta el Sínodo de la Amazonía, a las redes del sector social que se fortalecen, a las nuevas formas de comunicación que nos enlazan, a los jóvenes que renuevan nuestros modos de proceder con nuevas tecnologías y estilos, al creciente cuidado de nuestra casa común, a las obras educativas que forman para un futuro solidario, a la renovación continua de la espiritualidad ignaciana y a una creciente cercanía y profundidad en nuestro acompañamiento a los pobres y excluidos.
Y sueño con que un nuevo Plan Apostólico Común estratégico, a la luz de las Preferencias Apostólicas Universales de la Compañía, nos permitirá continuar a pie, acompañando a muchos, por los caminos por donde marchan los migrantes, los pobres, los pueblos originarios, siempre en busca de la tierra sin males.
P. Jorge Cela, S.J.
Presidente de la CPAL desde 2011-2017