En 2019, a un poco más de diez años de su creación en Manaos (2008), la Red cuenta con 41 centros sociales en América Latina y el Caribe y cinco grupos de trabajo que abordan temas de Microfinanzas, Ecología Integral, Derechos Humanos y Democracia e Incidencia, y la Red Comparte.

Los logros, fortalezas y retos están ligados a la permanencia en el tiempo y a la capacidad de vinculación activa de centros sociales, universidades u organizaciones cercanas, así como del ritmo en las acciones. Los impactos son diferenciados, ligados a los contextos sociales, a la naturaleza de cada proceso y a las características específicas de los grupos.

El de Microfinanzas se ha consolidado mediante seminarios de planeación e intercambio (Nicaragua 2017 y Colombia 2018), una naciente estrategia de gestión del conocimiento en metodologías de ahorro y crédito, junto a la identificación de experiencias en coyunturas nacionales. Aporta a sectores populares una herramienta financiera que apoya economías locales y familiares, hace comprender que las microfinanzas no son un medio, sino un fin para potenciar alternativas económico-productivas bajo un esquema social y solidario.

El de Incidencia ha generado intercambios de saberes en distintos países del continente mediante la creación de un diplomado virtual en incidencia política (2014 – 2018), se cuenta con una potencial comunidad de aprendizaje de 106 colaboradores, entre jesuitas y laicos, de 50 instituciones en 16 países, mediante dos cohortes. Es un ejercicio de democratización de la información, para diseñar estrategias de incidencia a nivel regional en tres líneas de profundización (migraciones, participación de los jóvenes y extractivismo) y proyectar acciones conjuntas, con el ánimo de saltar de lo local y lo nacional a lo regional.

Mapa de los Centros Sociales ubicados en América Latina y el Caribe

Comparte es una comunidad de aprendizaje con un programa multinivel. Ha logrado profundizar y ampliar experiencias económico-productivas alternativas al modelo de desarrollo imperante, de organizaciones campesinas, indígenas y negras en diferentes territorios, que buscan ser sostenibles y replicables, acompañadas por centros y obras jesuitas en el continente.

Los de Ecología Integral y Democracia y DDHH son los más jóvenes y están en reconfiguración. En ambos casos, articulan reflexiones, ejercicios de seguimiento y la elaboración de informes para establecer ejes comunes en las temáticas.

Estos cinco espacios recogen algunas de las problemáticas y campos de acción más complejos, en tensión y desafiantes que enfrenta la región, junto al enorme reto de pensar críticamente en clave de derechos integrales, ampliar la escala y delinear un horizonte común y estratégico, un foco para la acción colectiva y colaborativa, a favor de los más pobres y excluidos. No para capturar su voz, sino para acompañar la complejidad de sus vidas, sus esperanzas y aspiraciones, pues son mucho más que simples necesidades (Cafiso, 2009, p.42, en Marroquín, 2018, p.43)[1].

Hasta el momento la fortaleza ha sido el intercambio y la generación de capacidades. No obstante, el continente reclama acciones de abajo hacia arriba que desafíen el sistema, que integren las Preferencias Apostólicas Universales y nos reten como instituciones sociales de la Compañía en alianza y vínculo con otros, para hacer del intercambio regional un camino para la transformación social global.

Estructura de los Centros Sociales

 

Por: Luis Guillermo Guerrero (COL)

Coordinador de la Red de Centros Sociales

 

[1] Cafiso, J. (2009). El camino se hace al andar. En José Marroquín, Vera Samudio, Ivonne Guzmán y Pablo Guerra. (2018). Resultados y Aprendizajes del Diplomado Virtual en Incidencia Política “De la Experiencia Local a la Acción Regional” (pp. 31-42). Bogotá: Cinep/PPP.