Del 18 al 20 de noviembre, en Bogotá (Colombia), más de 40 personas vinculadas a las dos regiones de Sudamérica de la Red Jesuita con Migrantes (RJM), nos estamos encontrando para renovar nuestro compromiso y planificar la articulación en el trabajo de defensa de los Derechos de los millones de personas migrantes forzadas. 

Es la primera vez que reunimos a las dos regiones de la RJM, el NODO ANDINO y la Región SUR, hay representación de organizaciones de 11 países, Servicios Jesuitas a Migrantes y Refugiados, tres Universidades, Fe y Alegría, Centros Sociales, etc. 

La propuesta de trabajo ha comenzado poniendo en el centro a las personas migrantes. El primer espacio del día ha estado dedicado a profundizar nuestra identidad de Red desde las Preferencias Apostólicas Universales y a reconocernos. Al ser la primera reunión conjunta de las dos regiones, mucha gente se encontraba también por vez primera. 

Pero sobretodo hemos estado analizando colectivamente el contexto. Aunque hemos prestado atención a todos los flujos, también a la situación de crisis socio política, ha sido el éxodo venezolano el que ha centrado la mayor parte del análisis. 

La RJM ordena su trabajo y planifica su articulación en función del contexto, y la realidad que nos convoca nos ha golpeado. 

Constatamos la mayor complejidad, más personas, más vulnerabilidad en los perfiles, mayor precariedad en las condiciones migratorias, más restricciones en las políticas, militarización, aumento de la xenofobia, exposición a riesgos criminales, trata, tráfico, situación de emergencia humanitaria, deterioro de las democracias y por lo tanto de todo el sistema de protección de derechos, etc.

Hay toda una orquesta de violación de derechos y unas proyecciones no muy optimistas de que pueda haber un cambio positivo, tanto en las consecuencias que afectan a los migrantes, como en el comportamiento de las causas y causantes de estas crisis. 

Durante el martes y el miércoles tendremos el tiempo de ver lo que ya estamos haciendo y están haciendo otros, y de elevar la mirada y planificar cómo fortalecer nuestro acompañamiento. Ese esfuerzo elevará el ánimo y a la vuelta a los territorios,  los equipos en terreno, en la investigación y en la incidencia seguirán con el trabajo admirable en el que ponen en juego todo. 

Pero en este primer día, en el que centramos nuestra atención en las heridas ¿de dónde sacamos nuestra esperanza? No hemos sido pocos los que reconocemos que son las personas migrantes, expulsadas, perseguidas, estigmatizadas, golpeadas de tantas maneras, son ellas las que nos dan esperanza. En su fortaleza, en su empeño, en el deseo profundo de vivir, en su alegría tantas veces, en su resiliencia, encontramos nuestro motor. Si ellas y ellos continúan así su lucha ¿cómo no vamos a seguir acompañando? 

 RJM-LAC, Bogotá, 18 de noviembre 

 

Con información de Javier Cortegoso