A los miembros, colaboradores/as y amigos/as. Conferencia de Provinciales de América Latina y El Caribe
Queridos/as amigos/as,
Les escribo desde un convulsionado Santiago de Chile, para compartirles algo de lo que hemos vivido durante estos días en la capital y en la gran mayoría de las ciudades del país. Como se habrán enterado por los medios de comunicación, lo que comenzó con una protesta juvenil que llamaba a la evasión por el alza de los pasajes del sistema de transporte metropolitano de Santiago, se ha propagado, en pocos días, a todos los rincones del país. A los incendios en algunas estaciones de metro, que se iniciaron el viernes 18 de octubre (y que han dejado temporalmente inhabilitadas 5 de las 6 líneas), se han sucedido saqueos e incendios de otros espacios. Ese mismo día viernes, el gobierno declaró estado de emergencia y, desde el sábado, un toque de queda, que busca controlar la escalada de violencia, mediante la presencia del Ejército en las calles. En otras ciudades del país, se ha ido sucesivamente declarando el estado de emergencia, en condiciones similares a las de Santiago. Hasta la fecha, tenemos que lamentar a de 15 personas fallecidas en diversas circunstancias.
La reacción inicial del gobierno fue lenta, muy poco empática y minimizando las legítimas demandas de sectores importantes de la población. Es cierto que Chile, desde hace algunas décadas, ha gozado de importantes mejoras en términos macroeconómicos. Sin embargo, los abismos de la desigualdad en los ingresos y en el acceso a bienes y servicios, se han mantenido más o menos igual. Para muchos, el alza de los pasajes fue la gota que rebalsó el vaso.
A lo largo de estos días, ha quedado en evidencia la poca articulación de las fuerzas de la oposición y la falta de liderazgos claros que ayuden a canalizar las frustraciones de millones de chilenos. Dado además el desprestigio de la Iglesia y de su jerarquía, es muy poco lo que desde aquí se ha podido hacer en favor del encuentro, del diálogo y de la búsqueda de soluciones.
Varias obras de la Compañía de Jesús han adherido a una declaración redactada por diversas organizaciones de la sociedad civil, en la que se llama a un nuevo pacto social, que tenga a la base el diálogo sin condiciones, que busque el fortalecimiento de nuestra democracia y el reconocimiento de la dignidad de todos/as quienes habitan esta tierra.
Ayer, durante la noche, el Presidente Piñera anunció una serie de medidas para contener la crisis y dar una solución a las demandas ciudadanas. En su discurso pidió perdón al país por no haber sabido responder con mayor rapidez al descontento ciudadano. Para el día de hoy, muchas organizaciones, incluidos los diferentes sindicatos y gremios, han convocado un paro general, exigiendo el retiro de los militares de la calle, la elaboración de reformas sociales e, incluso, la renuncia del Presidente de la República.
Les pedimos que, por la intercesión de san Alberto Hurtado, encomienden a Chile y a sus autoridades; que todos los habitantes de esta tierra, puedan crear espacios de encuentro y de entendimiento que permitan soñar con caminos reales para la construcción de esa paz que es fruto de la justicia.
Reciban un fraternal saludo en el Señor,
Gabriel Roblero Cum, S.J. Provincial