En este Sínodo Amazónico abrazamos con fidelidad la Buena Nueva que nos ha encomendado Cristo, a pesar de las situaciones de sufrimiento o rechazo que esto puede traer. En este camino se siente la presencia firme y amorosa de Dios que nos invita a permanecer en Él a pesar de ciertos ataques que se puedan dar por la incomprensión de esta realidad Amazónica concreta desde donde sentimos que Dios habla, o por el anhelo de defender intereses temporales o parciales.

En este caminar juntos nos sentimos llamados a examinar profundamente si hemos sido fieles a Dios en los modos en que se ha dado la escucha y en el cómo nos hemos acercado al dolor y sufrimiento cotidiano de los que viven ahí y cuyas vidas y futuro están en riesgo. En esta lectura nos sentimos afirmados para ser apóstoles de Cristo con una actitud respetuosa como la de una madre que cuida de sus hijos-as. La Iglesia en la Amazonía debe ser cada vez más madre y hermana, y mucho más que jueza. Busquemos en los rostros concretos de Cristo encarnado, muchas veces todavía Crucificado, el llamado a confiar para entregar toda nuestra vida para que los pueblos y comunidades amazónicas tengan vida y vida en abundancia.

Descargue la ficha del Día 1 de navegación.

 

 

También puede acceder a las fichas portugués haciendo clic aquí.