Compartimos un artículo de la Red de Solidaridad y Apostolado Indígena (RSAI) de la Conferencia de Provinciales Jesuitas de América Latina y el Caribe (CPAL), escrito por Daniel Spotswood SJ:

Durante el año pasado he estado viviendo en Pacchanta, una aldea quechua en el sur de Perú (Quispicanchi, Ocongate, Cusco) investigando la relación de las personas con el medio ambiente como parte de un programa de doctorado en antropología. Uno de mis intereses principales es la percepción de las personas de las montañas como seres sensibles que tienen conciencia, agencia y voluntad. Diariamente, le damos hojas de coca a un nevado llamado Ausangate (6,384 m.s.n.m) y le pedimos que nos bendiga a cambio. Lucio, el padre de mi familia anfitriona, dice que tiene una buena relación con Ausangate, por lo que la montaña siempre lo ayuda. Pero Ausangate no es solo un ser benevolente; la montaña también puede enojarse y causar daño. Un día, hubo una terrible tormenta eléctrica cerca de la casa y Lucio me dijo que algunos turistas de Cusco vinieron con un "falso chamán" que no sabía lo que estaba haciendo. El chamán hizo una ofrenda con sal a la montaña, pero el Ausangate odia la sal; él solo quiere azúcar; así que enojó y envió rayos por rabia.

Al cuidar nuestra casa común, creo que las percepciones "animistas" del medio ambiente, en las que las montañas son vistas como personas, tienen algo valioso que ofrecer y que ¡debemos tomarlo en serio! En esencia, el animismo altera la división entre naturaleza y cultura. Una montaña es tan parte de la sociedad como cualquier otra persona. Cuando cosas como las montañas se ven como personas y no solo como lugares para extraer minerales, creo que se mejora la actitud de cuidado y responsabilidad.

En junio pasado participé de la peregrinación anual al Señor de Qoyllurit’i (santuario ubicado a 4,800 m.s.n.m. al que acuden 300,000 peregrinos fundamentalmente andinos) justo debajo del glaciar Sinakara. Una noche subí al glaciar con otros hombres quechuas llamados ukukus, vestidos como mitad hombres y mitad osos y que son responsables de mantener el orden en la peregrinación. La tercera noche de la festividad trajimos cruces de la iglesia, las plantamos en el hielo y las dejamos toda la noche. Por la mañana, retornamos las cruces a la iglesia. Antes, los ukukus regresaban a la iglesia con trozos de hielo del glaciar y la gente usaba el hielo con fines medicinales. Sin embargo, hace 15 años, debido a las preocupaciones con la recesión del glaciar, los ukukus han decidido dejar de tomar el hielo.

En este contexto, el cambio climático y ritual están profundamente interconectados. En el camino hacia el glaciar, un ukuku me dijo: "si este glaciar desaparece, ¿qué vamos a hacer?" Si el hielo desaparece, ¿seguirán trayendo las cruces como parte de la tradición? Las montañas son seres poderosos y sensibles responsables de llevar la fertilidad a los animales, personas y cultivos. ¿Pero una montaña derretida sigue siendo un ser tan poderoso?

En la granja de alpacas donde vivo, Lucio ha construido una fuente en una gran roca, y está muy orgulloso de la forma en que puede bombear agua a la cima. A veces, deja el agua corriendo durante la noche y se congela, creando hermosos carámbanos en la mañana. Lo llama "su experimento". Así como puede bombear agua a la cima de la roca, quiere bombear agua a la cima de Ausangate, donde se congelará y mantendrá la montaña cubierta de hielo.

El cambio climático es real y se están tomando medidas desesperadas: desde no tomar hielo de un glaciar hasta querer bombear agua a la cima de una montaña. Algunos de estos actos pueden parecer inútiles, pero creo que expresan un profundo deseo de cambio y deben ser apreciados y valorados ya que todos intentamos cuidar nuestra casa común.

Laguna formada en Upis en los ultimos 30 años a los pies del Ausangate

 

Daniel Spotswood SJ, jesuita de Midprovince USA, doctorando en antropología en la Universidad de Edimburgo, Escocia.