La primera semana de junio, el equipo de coordinación de la Red Jesuita con Migrantes LAC, junto al equipo coordinador de la Campaña por la Hospitalidad y algunas y algunos invitados de obras parte o aliadas de la red, nos reunimos en Puente Grande. Puente Grande es un lugar donde se alimentan vocaciones y allí confirmamos nuestra vocación de caminar con las hermanas y hermanos migrantes, aprendiendo de ellos y de la llamada profunda que sentimos gracias a la capilaridad de la red en tantos territorios de nuestro continente. La reunión puede ser un hito en cómo organizar el futuro del apostolado de la Migración Forzada en la CPAL. ¿Qué hicimos, que sentimos, que pasó y qué obtuvimos en esta primera reunión anual?
En primer lugar, nos abrimos a la luz de las preferencias apostólicas universales (PAU), sentimos el deseo de renovar nuestra identidad, entendimos la llamada a la conversión como oportunidad, descubrimos que Dios nos convoca desde los clamores del pueblo caminando, integrándose, huyendo. Se trata de una convocatoria integral en las cuatro preferencias. Y desde esa integralidad buscamos aterrizarla en nuestra misión y en el cuerpo que conformamos para ella.
En segundo lugar, analizamos el contexto. Como siempre, con una fuente principal para ese análisis: caminar con ellos y ellas y contemplar desde el compromiso y la presencia la realidad que avanza. ¿Qué los expulsa y quién los expulsa?, ¿por qué deciden marcharse? ¿qué cambios y qué tendencias encontramos en los últimos meses? De este trabajo colectivo de análisis construimos algunas conclusiones:
- La Migración Forzada sigue en un aumento espectacular, son más, muchos y muchas más, más gente en camino, en caravanas, en auténticos éxodos que en su propio itinerario claman y denuncian qué es lo que está pasando.
- Migración forzada es un hecho continental: Los encontramos en todas partes, porque están saliendo/caminando/llegando, en todos los espacios del continente. Venezuela se vacía y centra los principales esfuerzos, Nicaragua abre sus puertas mientras se apagan sus luces, Honduras, El Salvador y Guatemala nos desafían con nuevos modos, Haití y Cuba permanecen invisibilizados, el desplazamiento interno en Colombia no cesa, y así podemos seguir identificando el movimiento que nos convoca en casi en cada rincón de nuestra América herida.
- Su rostro ha ido cambiando, cada vez más mujeres, cada vez más niñas y niños no acompañados, cada vez más familias completas. Mayor visibilización, pero también mayor persecución de grupos especialmente vulnerados como la población LGTBI, como líderes feministas o defensores y defensoras de derechos humanos. Cuanto mayor precariedad, mayor es el riesgo.
- Y dentro de este contexto una mayor cantidad de personas con necesidad de protección internacional, personas con un riesgo real e inminente a su vida, que se encuentran con servicios colapsados para acceder al reconocimiento de su derecho de asilo, que sufren la amenaza de la deportación, que se topan con muros, físicos o legales, que no solo impiden el paso de la vida y el acceso a sus derechos, sino que directamente les conducen a una posibilidad real de muerte.
- Pensamos en cómo poder acompañar en el camino a los pueblos originarios, a los pueblos indígenas, víctimas del mismo sistema, pero expoliados también de su cultura, de su verdad, de su tradición. Necesitamos trabajar profundamente en esta coordinación con el apostolado indígena.
- Profundizamos en las causas y en los causantes de este continente en huida, pero resistente y buscador de vida. Vimos como el sistema que genera violencia y violación, quiere además generar muros, poner piedras en el camino, deshumanizar la migración, con pactos, leyes y políticas que se centran en dimensiones alejadas de los derechos humanos. Avanzamos en la conceptualización de nuestra incidencia.
- Observamos como existen un conjunto de prácticas, políticas y creación de opinión pública que alimenta la xenofobia y la exclusión y falta de oportunidades para las y los migrantes.
Ante este panorama, en tercer lugar, trabajamos sobre nuestro modo de proceder. Compartir el viaje y aprender de sus esperanzas, hacerlas nuestras, es nuestro punto de partida. Sabemos que no viajamos solos y que la complejidad de la realidad nos desafía. Por eso creemos que la articulación es la mejor estrategia para defender juntos la vida y los derechos tanto al interno de la Compañía como hacia fuera. Tenemos oportunidades, encontramos aliados en la lucha y la defensa y el servicio, y sentimos que hay una parte importante de la Iglesia que es comprometida e inspiradora, que quiere avanzar en la lucha por los derechos de las personas migrantes. También una sociedad civil con fortalezas.
La red nos hace más fuertes y a la vez nos permite reconocernos en suma, en nuestras debilidades y en nuestra diversidad.
Trabajamos sobre la Hospitalidad como seña de identidad y propuesta. Y los jóvenes, los jóvenes migrantes, los jóvenes de las comunidades de acogida, la juventud en general es fuente de esperanza y oportunidad, es posible un horizonte de hospitalidad, justicia y reconciliación.
Nos hemos mirado también en nuestra debilidad y en nuestra fortaleza, nos hemos observado en nuestros dones: en equipos con humanidad, con compromiso, agotados por lo masivo del flujo y la tarea, pero entregadas y entregados. Estamos preocupados por su cuidado, y nos preguntamos qué tenemos que hacer para atenderlo. Celebramos cuando somos capaces de ser caballería ligera, mínima compañía colaboradora, lanzar procesos en los espacios de pertinencia. Y lo hemos hecho en una red viva que con sus limitaciones ha ido ubicándose en las encrucijadas.
Pero en ocasiones descubrimos que ponemos más el acento en la institución que en la misión. No nos gustamos así. Nos entristece cuando nos limita el miedo, la falta de generosidad y de atrevimiento en las alianzas, en la articulación necesaria, en la colaboración y en algunas presencias.
Sentimos que hay una profunda carga de sentido en el modo de organizarnos en función de los flujos. En lo territorial y en las dimensiones, y de ahí la apertura al cambio constante en nuestro modelo de organización es una virtud como red. Pero también somos conscientes de una distancia real entre lo que decimos y lo que hacemos. Es una distancia sobre la que podemos elegir si nos frustra o nos reta. Y el camino por recorrer, en todo caso, es oportunidad y es sentido. Siempre, eso sí, que lo hagamos con las personas migrantes como criterio principal de nuestro esfuerzo. Hemos avanzado en la organización de las regiones, especialmente por motivo del flujo venezolano, tenemos propuestas para una mejor articulación que requieren ahora tomas de decisión y lanzar estructuras adecuadas.
Durante la reunión se alcanzaron o se dieron pasos para obtener los siguientes productos: (1) Una batería de posibilidades de asimilación de las PAU en las obras de la red. (2) Un análisis de contexto actualizado y atento a los últimos cambios y tendencias en las regiones. (3) Un diagnóstico colectivo sobre la situación organizacional de la red con sus estructuras y modos de proceder. (4) Una serie de recomendaciones para la articulación entre los Servicios Jesuitas a Migrantes y los Servicios Jesuitas a Refugiados presentes en el continente. (5) Una propuesta de reconfiguración de las regiones de la RJM (6) Un marco para las estrategias de Incidencia y comunicación de la red y (7) lineamientos para los nuevos horizontes del trabajo de la Campaña por la Hospitalidad.
La Migración Forzada en el continente es una realidad que nos (con)mueve y nos (re)mueve, tenemos una responsabilidad en ser ágiles y flexibles en nuestra respuesta. Sabemos que ser red salva vidas, no hablamos de suposiciones, de teorías o de lemas, hablamos de concreciones de la articulación entre territorios que ya hemos experimentado, que hemos vivido, a la que podemos poner nombres y apellidos. Acertar y crecer en red es, por lo tanto, no solo una oportunidad, sino una expresión obligada del compromiso de la Compañía de Jesús en su conjunto con una de las heridas más lacerantes de América Latina y el Caribe.
Javier Cortegoso Lobato
Coordinador de la RJM LAC