Tres organizaciones jesuitas han encargado investigaciones para estudiar las correlaciones entre los impuestos y la pobreza. El informe final se presentó en una conferencia que tuvo lugar en Nairobi, Kenia, donde se consideraron algunos aspectos de la justicia fiscal y los flujos financieros ilícitos.
La conferencia, titulada "Movilización de recursos nacionales y cómo contener los flujos financieros ilícitos: justicia fiscal para promover la igualdad y la justicia social", ha atraído a más de 100 delegados de todo el mundo a la ciudad capital de Kenia. En ella, se examinaron los problemas que rodean a los impuestos justos y la pobreza para ofrecer soluciones a este problema gigantesco: aspectos empíricos, éticos y prácticos de los impuestos, la pobreza y la desigualdad.
En el primer día de la conferencia de Nairobi, en el hotel Crowne Plaza de la capital, la atención se centró rotundamente en Kenia y los hallazgos del informe correspondientes a una de las naciones africanas más grandes y más prósperas. Ricardo da Silva SJ estuvo en la publicación inicial del informe en Nairobi, Kenia. 14,7 millones de kenianos viven en la pobreza extrema, lo cual representa el 29,4% de la población nacional. Si eso no es lo suficientemente devastador, el Banco Mundial estima que de hecho la cifra real se acerca más a los 17 millones, o sea el 35,1% de la población total.
Estas son algunas de las alarmantes estadísticas citadas en un nuevo informe presentado en una conferencia en Nairobi, Kenia el 12 de marzo de 2019 sobre la justicia fiscal en la nación africana. “Justicia fiscal y pobreza en Kenia” es un informe que hace parte de una gran cantidad de trabajos de investigación que analizan la correlación entre los impuestos y la pobreza en tres países: Kenia, Zambia y Alemania. El informe técnico sobre los impuestos y la pobreza en estas tres naciones abarca más de 200 páginas y se puede encontrar en línea en www.taxjustice-and-poverty.org.
En su discurso de apertura en la conferencia, Chris Kiptoo, el secretario principal de comercio internacional del gobierno de Kenia, presentó las aspiraciones de su gobierno para frenar los flujos financieros ilícitos y para hacerle frente a la tendencia de corrupción que parece estar circulando a nivel mundial. Kiptoo presentó la agenda de los Cuatro Grandes de Kenia, enfocada en la manufactura, la vivienda, la salud, y la seguridad alimentaria y nutricional. Les recordó a los delegados las audaces promesas que esta agenda les hace a los kenianos y que se espera se logren/cumplan para el 2030 a más tardar.
Por medio de la fabricación o manufactura doméstica, Kenia espera elevar los niveles de dicha actividad desde su actual 8,4% hasta un 15%, y con ello generar 1 millón de empleos nuevos. Las ambiciones de vivienda de Kenia son aún mayores. Se construirán 500.000 hogares nuevos para las familias de Kenia, generando 300.000 empleos nuevos. También se promete que el costo de ser propietario de una vivienda se reducirá en un 50%, que los servicios básicos de salud serán totalmente subsidiados por el gobierno nacional y que el ingreso básico promedio aumentará en un 34%, todo para el 2030 a más tardar.
Pero hay un grave problema con estas ambiciones: dados los grandes niveles de deuda nacional que el país está luchando desesperadamente por amortizar o al menos no desatender, por deseables que lo sean, dichas ambiciones son totalmente irreales.
A continuación, se dirigió a la conferencia el sacerdote jesuita y director de la Oficina de Ecología y Justicia de los Jesuitas Africanos: Charles Chilufya.
Según Chilufya, aunque la justicia fiscal es un problema económico importante y algo esencial para el cálculo de cifras, hay algo mucho más profundo que permite reunir a “varios actores y pensadores” en tributación internacional para una conferencia de tres días: “no nos preocupa el dinero; más bien nos preocupan la vida, la dignidad y el bienestar humanos. ¿Cómo podemos convivir juntos y compartir lo que tenemos? Se trata de justicia social e igualdad”. Esta conferencia “trata sobre cuestiones que le preocupan a la humanidad”, agregó.
Pascal Pax Andebo, quien trabaja en el proyecto de justicia fiscal en el Centro Jesuita Hakimani en Nairobi, presentó luego su informe. Al explicar sus hallazgos, utilizó una frase que a menudo se escucha: "los ricos se hacen más ricos y los pobres se hacen más pobres". Pero esta no fue una expresión cliché, empleada simplemente por el efecto popular. Él fue claro al justificar dicha afirmación. En Kenia, 8.900 ciudadanos (0,1%) poseen el 80% de la riqueza de la nación. Además, solo el 20% de la tierra del país es cultivable y esta es propiedad del 3% más rico de la población de Kenia. La desigualdad es cruda y angustiante e inquietante.
Esto significa que el equilibrio de poder está en manos de los más ricos. También significa que estos deben asumir la mayoría de las cargas fiscales del país. Aún así, "las políticas fiscales favorecen a los ricos" y les facilitan "lagunas o escapatorias legales, administrativas y de políticas", tales como los incentivos fiscales, para evadir y evitar su obligación nacional como ciudadanos, de pagar impuestos.
La exposición del informe por parte de Andebo fue seguida por un panel de expertos. Se plantearon asuntos importantes que generaron más alarma y enojo, palpables en las acaloradas respuestas de los participantes.
Luego de evaluar la situación con respecto a la práctica y la política tributaria en Kenia, el informe recomienda una revisión radical de las políticas tributarias del país para mejorar la práctica tributaria.
En respuesta a la presentación de Andebo, Alvin Mosioma, CEO y director ejecutivo de Tax Justice Network Africa, dijo que el IVA en Kenia representa el 40% de los ingresos totales del país. El IVA es un impuesto al consumo que es fácil de recaudar y es el menos perjudicial al recaudarlo, dijo él. Mosioma sugiere que esta forma de tributación es agresiva, y pregunta si esto es simplemente "una aberración en el sistema o si el sistema es una aberración".
Una de las personas que respondieron al informe fue Attiya Waris, profesora en el departamento de derecho comercial de la Universidad de Nairobi, quien investiga cuestiones de tributación relacionadas con el alivio de la pobreza y promueve el desarrollo en los países del tercer mundo. Waris sugiere que, de hecho, solo 1,7 millones de kenianos pagan sus impuestos; porque de los 2,6 millones de contribuyentes registrados, 900.000 son corporaciones y no individuos.
Ella expresó su esperanza de que el informe podría haber considerado de una mejor manera esta realidad; profundizando e indagando aún más en las fallas y las lagunas en el sistema que permiten el incumplimiento de los impuestos. Un aspecto que le preocupó particularmente con respecto al sistema fiscal de Kenia fue el sistema de radicación electrónica puesto en marcha en el 2015. El sistema excluye automáticamente del sistema tributario, por miles de razones, a un número significativo de ciudadanos. O bien no tienen las habilidades ni el nivel de educación esperados o no tienen el acceso a la tecnología, todas las cuales se requieren para interactuar con dicho sistema de radicación electrónica, el cual se basa en el Internet y por medio del cual deben presentarse sus declaraciones de impuestos, dijo ella.
La conferencia fué organizada conjuntamente por tres instituciones jesuitas: la Oficina de Justicia y Ecología de la Conferencia Jesuita de los Jesuitas en África, el Centro Jesuita Hakimani de Nairobi y la Oficina de la Misión Jesuita en Nurnberg, Alemania.
Fuente: Conferencia de jesuitas de África y Madagascar - JCAM