Los hombres y mujeres de la vida consagrada están convencidos que ante los ataques recibidos por las personas y vehículos que transportaban la ayuda humanitaria destinada a más de 300.000 pacientes crónicos en Venezuela, no se debe caer en el desánimo; por el contrario, hay que impulsar con mayor ahínco el trabajo social, pastoral y espiritual.

Tenemos un compromiso por la vida, por la dignidad y por el bien común. Este compromiso, independientemente del contexto en que nos movamos, es irrenunciable”, dijo en conversación para el portal digital Aleteia, el sacerdote jesuita Alfredo Infante.

El también director de la Revista SIC analizó brevemente la situación desde el “cómo”, asumiendo que en este momento, el régimen de Nicolás Maduro, “agudiza la represión” en Venezuela. Por tanto, alerta en el sentido de “seguir haciendo lo que estamos haciendo”. “Primero, que no hayan más muertes para lo cual tenemos que cuidar y proteger la vida; segundo, que no se sigan violando los derechos humanos, ante lo cual debemos apoyar toda iniciativa que vaya en defensa de la dignidad humana”.

El tercer aspecto propuesto por el jesuita responsable de la red educativa popular “San Alberto Hurtado” del sector La Vega, en Caracas, es “establecer y fortalecer nuestras redes de solidaridad porque así fortalecemos el tejido social y la organización social se consolida el bien común, es decir, la defensa del bien común”. Y en esto, considera el padre Alfredo Infante, “la iglesia es compañera de camino”.

“Apuesta por transformar las condiciones para que como decía Jesús: tengamos vida, y vida en abundancia. Pero, independientemente de la situación su misión (de la Iglesia) es acompañar, en las buenas y en las malas al lado del pueblo, en la acera de enfrente del poder que niega la vida”, expresó el religioso.

 

 

Fuente: Aleteia