Compartimos el Boletín Informativo de la Compañía de Jesús en Cuba - Febrero 2019.
Uno de los textos principales es la entrevista realizada a Yovanny Bermúdez, tercerón de la provincia de Venezuela, escrito por Julio Pernús.
Cuando googleamos en Internet sobre qué es la tercera probación de la Compañía de Jesús, nos dicen varios artículos: tercer año de examen y prueba religiosa / etapa final de la formación de todo jesuita, sea sacerdote o no / una profundización y una recapitulación espiritual de los años de formación laica y religiosa / dura generalmente de seis a nueve meses y durante ese tiempo sus protagonistas son conocidos como tercerones.
Para Cuba es motivo de gran alegría poder contar con los servicios de un hombre de Dios como el P. Benjamín González Buelta. Su presencia profunda y capacidad de transparentar lo de Dios al modo de la Compañía de Jesús es una escuela viviente que convoca anualmente a jesuitas del mundo entero, que ven en esta singular isla un destino especial para realizar la experiencia de la tercera probación. Sirva este artículo de agradecimiento a tantos tercerones que han dejado una huella imperecedera dentro de la Mayor de las Antillas.
Primero, agradecerte por la oportunidad y la primera pregunta es: ¿quién es Yovanny Bermúdez?
Soy jesuita de la provincia de Venezuela; en estos momentos me encuentro en Cuba porque los jesuitas tenemos dentro de la formación lo que se llama tercera probación. Y a mí, el superior provincial me destinó a venir a esta bella isla con el padre Benjamín González Buelta, para hacer este proceso que conocemos como el terceronado.
Yo estoy muy contento de poder estar en un país caribeño, con todo lo que eso culturalmente aporta. En América Latina tenemos tres opciones de tercera probación: México, Bolivia y Cuba.
Al venir a Cuba, ¿qué expectativas traías desde Venezuela?
Primero, poder vivir una experiencia única de tercera probación en medio de un país priorizado por la CPAL, debido a su realidad social en América Latina. Entonces, yo veía esto como una gran oportunidad para poder conocer todo el trabajo que realizan los jesuitas en la Mayor de las Antillas. También, aunque alguien lo pueda dar por sentado, traía la expectativa de poder complementar la última etapa de formación. Y te puedo decir que venía buscando construir una experiencia única, desde el recuerdo y la historia creada con Dios, para agradecerle todo lo que Él me ha regalado durante estos años de crecimiento al interior de la Compañía. Por supuesto, siempre me llamó mucho la atención poder conocer la realidad cubana. Ya no sólo desde lo leído o escuchado, sino desde las mismas vivencias personales que uno va forjando en este tiempo de 5 meses, que ya tengo aquí.
Después de haber estado casi medio año en Cuba, que posee la “bendita o maldita circunstancia de olas por todas partes”, ¿qué te llevas de todo lo vivido?
Yo creo que algo inolvidable y de gran trascendencia para mi formación es la experiencia de vida de los cubanos, su capacidad de resiliencia, que van construyendo en el día a día; hablo de un fenómeno que inobjetablemente transforma las dinámicas sociales, al interior de todo el conjunto cultural nacional. También me ha llamado mucho la atención la alegría de cubanos y cubanas, porque es una manera muy propia del Caribe; esto tiene mucha similitud con mi Venezuela, ya que nosotros poseemos una gran porción caribeña. Otro elemento interesante es la esperanza; casi todo el mundo te transmite una imagen esperanzadora. Todo esto a pesar de las circunstancias propias del lugar, donde te toca enfrentar la cotidianidad con herramientas singulares, en que no a todos les alcanza para vivir dignamente. Mira, también me llevo un variopinto fenómeno de elementos culturales, que para mí son muy novedosos. Es la primera vez que vengo a Cuba y aquí me he topado con ejemplos extraordinarios de religiosidad popular y sincretismo religioso. Es impactante cómo la multiculturalidad se hace expresión tangible en el hacer habitual del ecosistema nacional.
Siempre ser parte de un grupo es un desafío. ¿Qué puedes contarnos de tu experiencia en este sentido, al ser parte de una nueva comunidad ignaciana, con un guía espiritual de la profundidad del P. Benjamín González Buelta SJ?
En este grupo de tercera probación convivimos nueve jesuitas: dos de México, dos de Perú, dos de España, uno de Malta, uno de Italia y yo de Venezuela. Como puedes ver somos una comunidad bastante plural y eso para mí ha tenido un gran valor. Te puedo decir que yo me he sentido parte de una mínima Compañía de Jesús universal. Algo que sobrepasa lo imaginado, te puedo hablar de hermanos de distintas provincias, con diversas maneras de formación, pero constituidos como un mismo ADN ignaciano, marcado por los ejercicios y nuestra singular espiritualidad. Te quiero subrayar que eso en mi persona, ha tenido un valor inmenso, porque los rostros que dibujan la tan mencionada experiencia universal, ahora son concretos.
También, evidentemente, el poder tener a Benjamín como instructor de la tercera probación es una enorme bendición. Yo creo que su hondura espiritual te lleva también a meterte adentro de tu mundo interior para, desde allí, ir haciendo ese trayecto agradecido de la mano de Dios. Entonces tener a Benja como acompañante es ir de la mano con un amigo adelantado en la materia. Para mí ha sido una experiencia inolvidable, algo que pienso transmitir cuando llegue a mi patria.
Ya estás terminando esta etapa de tu vida y es menester que regreses a tu querida Venezuela en medio de una situación compleja. Pero quisiéramos, ya que sé que tú también lo quieres, terminar esta entrevista dándote la oportunidad de agradecer a esos rostros de mi isla que te llevas en el corazón.
En primer lugar, no me puedo despedir de tu país, sin agradecer a la Compañía de Jesús en Cuba. Ciertamente nos regalan una gran oportunidad y hacen todo lo que está en sus manos para hacernos sentir a los tercerones como en casa. A los segundos que no puedo dejar de agradecer es a todas las personas que han interactuado con nosotros en esta etapa; especialmente a mis amigos de la comunidad SJ y de la comunidad parroquial del Sagrado Corazón y San Ignacio de Loyola en La Habana. El poder interactuar con cada uno de ellos ha representado para mí una verdadera escuela de fe.
A cada rostro concreto que ahora me llevo en mi memoria, le agradezco la experiencia de Dios que me han transmitido; una experiencia vivida en silencio, con humildad, pero uno, al encontrarse con ellos, ve el obrar de Jesús en sus vidas. No puedo terminar esta entrevista sin agradecer a mis hermanos tercerones; creo que hemos sido una verdadera familia, donde nos hemos sentido –como decimos en esta mínima Compañía de Jesús- acompañados, todos sus rostros me los llevo en el corazón.
Y finalmente agradecer todo lo que ha significado Cuba para mi vida. Sin lugar a dudas, me voy dotado de nuevas fuerzas para cuando me toque regresar a Venezuela en los próximos días. Creo que mi transformación interior me ha ido ayudando a contemplar de forma más pausada la intervención de Dios en la historia de mi país. Ahora comprendo mejor el llamado a ser artífices de la construcción del Reino de Dios, que Jesús nos mostró en el Evangelio. Desde ahora me voy preparando para el regreso, con la mirada y el corazón puestos en Venezuela; me parece que la Compañía tiene un gran trabajo por delante, sobre todo, en el ámbito cultural. De ahí que solo puedo agradecer a tu isla por las herramientas y el amor que me regaló.