Estamos ya en la 3ª semana de Adviento, muy próximos al nacimiento de Jesús, y la Liturgia nos ofrece un evangelio muy sencillo y directo que nos invita a preguntarnos con verdad lo que tenemos que hacer ante las situaciones importantes de nuestra vida.

El evangelista Lucas (3, 10-18) presenta a tres tipos de personas que han quedado cautivadas por lo que dice y hace el profeta Juan Bautista. Y no puede ser de otro modo, porque, como dice Jeremías, del profeta se espera una respuesta certera cuando nos atrevemos a preguntar: ¿Qué ha dicho Dios? ¿Qué quiere Dios que hagamos aquí y ahora? (Cf. Jr. 23,37). El profeta es quien está en permanente sintonía con Dios y con la vida.

El grupo de personas (la multitud), los publicanos (encargados de los bienes públicos) y los soldados (funcionarios del orden) que dialogan con el Bautista le preguntan sin rodeos ¿qué debemos hacer? Por eso su respuesta, también clara y directa, apunta al deber, al poder y al querer de una actuación que esté de cara a la realidad propia de sus vidas y oficio.

Las tres respuestas que da Juan Bautista a la única pregunta de sus interlocutores son contundentes: A la multitud, es decir, a la mayoría de las personas, dirá: hagan que nadie pase necesidad (den túnica y comida a quien no tiene). A los encargados de lo público, les planteará que administren con justicia. Y a los encargados del orden les dirá: actúen conforme a la ley, sin extorsionar ni falsear la verdad.

Quien desee que su corazón esté ganado por la esperanza y quiera contribuir a la felicidad (y no en la desdicha) de la gente, no puede estar dispuesto a las componendas con intereses mezquinos o hacer el juego a la manipulación, ni mucho menos prestarse a la mentira, sino que actuará conforme a una conciencia que se deja guiar por la verdad y por el amor auténtico. Buscará sin miedo practicar la justicia y cooperar para que todos vivan con dignidad.

El profeta Juan Bautista habló y sigue hablando hoy desde el corazón de Dios y desde la realidad que viven a diario las personas. Su respuesta no puede dejar de tocar lo más profundo de lo que somos y hacemos, de tal modo que nadie se excuse ni se desentienda, sino que nos impliquemos y comprometamos en crear las condiciones para que nadie pase necesidad, se cuide y multiplique lo que es de todos y se garantice la convivencia.

Que ante los padecimientos, problemas o pobreza de la gente, ante el cuidado de los bienes que son de todos y ante lo que asegura la convivencia y la valoración de toda persona, nos atrevamos a actuar con valentía y libertad.

Por: P. Gustavo Albarrán, S.J.

 

Lo Que Quiero y Puedo Hacer

Quiero y puedo hacer que mi palabra sostenga a quien se dobla bajo el peso de su problema, su enfermedad y su desaliento.

Quiero y puedo con mis manos provocar buena amistad, fortalecer al enfermo, al abandonado y triste, a salir de su soledad.

Quiero y puedo con mi inteligencia hacer que surja el encuentro, que se viva la esperanza y se trasforme el desaliento.

Quiero y puedo con mi afecto hacer que crezca el deseo de superar la tristeza, experimentar el perdón y eliminar el miedo.

(Gustavo Albarrán sj)