Con la festividad de Cristo Rey cerramos el Tiempo Litúrgico que denominamos Ordinario o Tiempo Común, para dar paso al Adviento. Esta celebración de Cristo Rey nos invita a convertirnos en testigos y constructores de la verdad.

La fiesta de Cristo Rey es la celebración del Señorío de todo lo bueno que Dios ha querido para la humanidad. La imagen de Jesús como Rey es paradójica, porque no se basa en el poder, prestigio o la riqueza, sino en el servicio, la sencillez y la autenticidad.

Jesús ha dicho que su Reino no es de este mundo. No se sustenta en la fuerza, ni en la violencia, ni en poder alguno que someta al hombre. El reinado de Dios es humanizador. De ahí que no se ajuste a las reglas de juego de los poderes del mundo, sino que lo trastoca todo, mediante el amor, para que se establezca un nuevo orden, donde todos los hijos e hijas se convierten en hermanos y hermanas de la gran familia universal.

Esa es la verdad que testifica Cristo Rey. Una verdad que descubre a cada persona toda la fuerza liberadora que lleva dentro de sí, para que se haga corresponsable de la marcha del mundo y del destino de la creación. La verdad de Cristo lanza a planos superiores de compromiso, de servicio, de entrega, de humanidad.

La verdad de Cristo no se reduce a doctrinas o principios como si fuera un manual de procedimientos. Su núcleo fundamental es la primacía de la vida. Por eso dice Jesús a Pilato: “¿Esto lo preguntas por tu cuenta, o te lo han dicho otros?” Porque en la primacía de la vida no caben excusas, ni medias verdades, ni componendas por convenientes que sean, sino que cada quien ha de responder por sí mismo y desde sí mismo a lo que hacemos en y con la vida.

Cristo Rey nos lanza a descubrirnos como hijos amados de Dios y hermanos misericordiosos de la gente, nos coloca ante una libertad que nos libere de las ataduras de la maldad y del pecado, y nos muestra que la vida de Jesús es la ruta que nos conduce a la realización personal y al encuentro definitivo con Dios Padre.

Cristo Rey sitúa al hombre y a la mujer en lo más radical de su verdad: “que el desarrollo de la personalidad depende de la solidaridad que podamos practicar como muestra efectiva y concreta de nuestra capacidad de amar. Y es que el amor es comúnmente afecto, empatía y adherencia. Pero será amor auténtico si se traduce en obras concretas de fraternidad y solidaridad, que son el test de la veracidad del amor (Ejercicios de S. Ignacio 230,2).

Quien se deja guiar por la verdad de Cristo Rey descubre el talento, el potencial y la dignidad de cada persona. Posee el coraje, la pasión y el compromiso para desbloquear las ataduras que paralizan. Se deja guiar por el amor que no rechaza ningún talento, ni las cualidades de nadie. Opera con más amor que temor. Crea condiciones para que cada persona tenga siempre oportunidades de comprometerse y de soñar con posibilidades más grandes que plenifican la propia vida (Arturo Sosa sj).

Hoy necesitamos valentía para hacer que resplandezca la verdad. Pero sin olvidar que la verdad será más creíble y eficaz si se le asocia inseparablemente a la caridad. La verdad sin caridad puede disfrazar muchas veces niveles serios de crueldad y la caridad sin verdad puede ocultar muchas veces niveles serios de complicidad. Para el que es amigo de la Vida y de Dios, no puede haber Verdad sin Caridad ni Caridad sin Verdad.

Por: P. Gustavo Albarrán S.J.

 

La Verdad de Cristo Rey

La verdad de Cristo Rey con la caridad labora, con la palabra sincera y con la acción sanadora.

Cristo Rey no se arregla con la actuación cautelosa, sino que abierto nos habla, nos anima y nos provoca.

Esta verdad de Cristo descubre a cada persona que lleva dentro de sí una fuerza liberadora.

Cristo Rey revela que yo soy un hijo amado, cambia miedos, limpia sombras y libera del pecado.

Esta verdad de Cristo dispuesta está a toda hora, a comprender, a servir y a abrir si a su puerta toca.

Cristo Rey nos lanza con su verdad bondadosa a planos de compromiso y de actuación creadora.

(GA)