Matilde Moreno, RSCJ, es una religiosa española, Coordinadora del Departamento de Pedagogía para Fe y Alegría Haití. Ha tomado el tiempo para compartir su historia con nosotros en esta entrevista, describiendo la misión y la labor de Fe y Alegría Haití y sus sueños y esperanzas para la comunidad educativa que ella acompaña.

¿Puedes describir tu trabajo como coordinadora de pedagogía para Foi et Joie Haití?

Lo más bonito es que soy parte de  un equipo. No soy jefa sino la compañera que cumple el rol de estar muy atenta, escuchar a las personas con las que trabaja y a la realidad para la que trabajamos. Mi papel es el de mirar e invitar a mirar para poder, entre todos: analizar, revisar, programar, corregir, dar seguimiento, evaluar. También tengo un papel muy importante para sentarme sin tiempo y acoger a las personas. Unas veces son personas del equipo que, al ser jóvenes están creciendo y necesitan apoyo. Otras veces directoras de colegio que vienen con su carga de logros y problemas. Mi lugar de trabajo es una mesa redonda que invita a compartir.

¿Cómo describirías el movimiento de Fe y Alegría y su pedagogía a alguien que no conoce nuestra red?

Somos una familia en construcción. Como en una familia, las situaciones y grados de madurez son diferentes. La experiencia de unos ayuda a la búsqueda de otros. Somos una familia que ha elegido un camino y se esfuerza por seguirlo: servir a los más pobres, a los que tienen muy difícil el acceso a una educación de calidad. Lo hacemos como respuesta a la invitación de Jesús de Nazaret de apostar por los que la sociedad deja al margen y seguimos los principios de la Educación Popular que tiene como objetivo último el formar a personas capaces de transformar la sociedad. Somos una familia global, expandida por 22 países de América, África y Europa, con más de un millón y medio de participantes y con vocación universal.

¿Qué dirías a personas interesadas en conocer más sobre la realidad de educación en Haití?

El pueblo haitiano está lleno de valores donde la resiliencia destaca con una enorme fuerza. Aproximadamente en Haití vivimos 12 millones de personas donde el 50% de la población es menor de 14 años. Solamente el 50% de los niños y niñas tienen acceso a la educación. De cada 100 alumnos que inician la primaria, solo el 2% accede a la secundaria. Las escuelas del Estado sólo son el 15% de la totalidad, lo cual supone que las familias tienen que pagar por la educación de sus hijos. Los métodos educativos, en general, son muy antiguos: memorísticos, con disciplina rígida y con muchas características conductistas. Aunque la lengua que domina toda la población es el kreyòl, la enseñanza se imparte casi exclusivamente en francés. Esto produce el bajo nivel con el que el alumnado termina sus estudios. (Al no tener estadísticas oficiales, saco esta información de UNICEF y el BID).

¿Cuáles son los retos de tu trabajo cotidiano? ¿Cuáles son tus esperanzas? ¿Cómo ves los retos como oportunidades?

Frente a la situación triste que describo más arriba, mi reto cotidiano es el de alumbrar una posibilidad real de esperanza. Una posibilidad pequeña pero realizable. Por eso dedico tiempo y esfuerzo por ir formando, al resto del equipo que trabaja conmigo, en las prácticas que la universidad haitiana no ofrece hoy por hoy a sus estudiantes como es la metodología de la Educación Popular, los métodos activos de enseñanza-aprendizaje, el camino para llegar al menos, a un socio-constructivismo que nos permita avanzar hacia una pedagogía realmente personalizada, creativa, investigadora, que forme personas autónomas, libres y solidarias, capaces de producir el cambio social. También elaboro muchos materiales de formación, en kreyòl, siguiendo la metodología de la Educación Popular, que utilizamos para la formación del profesorado, alumnado y comunidades donde están nuestras escuelas. El no tener materiales de esta clase en el país, me da la oportunidad de crearlos siguiendo la filosofía educativa de Fe y Alegría y de compartirlos con otras instituciones.

¿Qué te motiva seguir trabajando para la educación de calidad en Haití?

Sueño con un Haití libre formado por personas felices, dueñas y constructoras de su presente y de su futuro. Sueño con un país donde la gente se sienta segura, respetada y orgullosa de su capacidad de vivir de su trabajo, sin depender de la limosna internacional y de dirigentes corruptos. Esto se construye desde abajo, desde una educación que permita a las personas, crecer en conocimientos y en valores profundamente humanos, como el Padre y Madre común nos soñó desde el principio.

¿Que pueda hacer (está haciendo) Fe y Alegría en Haití para defender el derecho a la educación de calidad e inclusiva?

Estamos poniendo el mayor esfuerzo en la formación del profesorado de nuestras escuelas para que puedan dar una educación de calidad a su alumnado y a la comunidad donde las escuelas están situadas. En estos tres últimos años se han llevado acabo muchas iniciativas en este sentido: acuerdos con diversas universidades para dar cursos de formación al profesorado; congresos de docentes para tomar decisiones importantes como la gestión democrática de los centros o el destierro de la violencia; elaboración de materiales y cursos de formación sobre recuperación postraumática (después de desastres naturales), la identidad de Fe y Alegría, la gestión de centros, la formación sexual, la equidad de género, el respeto y conservación del medioambiente. También algunos de nuestros jóvenes han participado en un congreso Binacional, con alumnado de Fe y Alegría de República Dominicana. Ahora preparamos la participación en otro más.

Aspiramos a crear colegios donde los niños y niñas se sientan seguros, acompañados en su desarrollo personal y social. Personas libres, autónomas, comprometidas con la mejora de sus pueblos y felices porque saben que son valiosas y sobre todo, porque saben que se les quiere.

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Fuente: feyalegria.us