Palabras de Julian Filochowski
Estrecho colaborador de Mons. Romero en Europa.
Gustavo Gutiérrez, el gran teólogo latinoamericano, dijo una vez que si Jesucristo, la Palabra Hecha Carne, era la homilía de Dios Padre; entonces el arzobispo Romero podría ser descrito como la homilía de Jesús, su Hijo, a quien Romero siguió con tanta fidelidad y tanta valentía.
Me gustaría agregar que el difunto Monseñor Ricardo Urioste y la doctora María Julia Hernández, ambos de feliz memoria, junto con Don Gregorio, nuestro Cardenal Rosa Chávez, quien está aquí con nosotros, y junto con el dedicado Postulador de Romero, Monseñor Rafael Urrutia, y mi muy buen amigo, el jesuita Jon Sobrino, debe, cada uno, ser considerado de igual manera, como la homilía y el eco de este gran Santo contemporáneo: Oscar Romero. Ellos han divulgado obstinadamente el ministerio y el martirio de Romero, sus palabras y su legado, a la Iglesia y al mundo durante 38 largos y difíciles años. La “romero-fobia” se impuso durante mucho tiempo. Es apropiado, por lo tanto, que en la santificación de Romero aquí en Roma, les rindamos homenaje. Tenemos con ellos una descomunal deuda de gratitud.
A partir de 1977, Romero, como Arzobispo, fue conocido como la voz de los pobres sin voz. Quizo que la Iglesia expresara el sufrimiento y la desesperación, el hambre de pan y la sed de justicia de tantas personas de su pueblo que no tenían voz. En consecuencia cada semana después de una contemplación orante, con un discernimiento fenomenal, con sabiduría pastoral y, sobre todo, con valentía apostólica, este discreto y humilde obispo, este instrumento de Dios, expresó la verdad francamente y sin adornos en una tierra de encubrimiento y mentiras.
No había 'sesgo' ni 'distorsión' alguna, ni exageración, ni populismo, ni agenda oculta. Sus palabras que expresaban la verdad, eran auténtica comunicación social cristiana. Y al decir esa verdad con integridad desde el púlpito, desde su cátedra, a través de su estación de radio y su periódico, dio esperanza a su gente. Todo ello le otorgó una enorme credibilidad como testigo ante el mundo entero, a través de los medios internacionales, como testigo de la opresión y la violencia que estaba sufriendo su pueblo y que estaba siendo documentada por la diócesis.
Con masacres y desapariciones, con seis sacerdotes y docenas de catequistas laicos asesinados, iglesias ocupadas como cuarteles militares, y tabernáculos destrozados, se vio obligado a describir a su católico país, El Salvador, que lleva el nombre de Cristo Salvador, como ‘semejante al dominio del infierno' .
Por eso lo mataron: porque habló la verdad sin componendas, sin tener en cuenta las amenazas a su vida, tanto de la derecha como de la izquierda. Es importante recordar que, paradójicamente, Oscar Romero fue asesinado 'in odium fidei', por odio a la fe, por católicos autodeclarados. Él es un mártir de la a opción por los pobres, un mártir del Magisterio total de la Iglesia; pero de una manera muy especial, él es un mártir de las comunicaciones sociales auténticas en la Iglesia; además de un digno y muy apropiado Santo Patrono para SIGNIS.

A lo largo de su vida sacerdotal, Romero adoptó un estilo de vida sobrio y sencillo; Se mantuvo cerca de la gente; fue un hombre devoto y culto con una capacidad maravillosa para escribir y usar el micrófono; y con un talento espectacular como predicador.
Técnicamente hablando, no fue un periodista. Pero sin duda fue un gran comunicador, como lo demuestran incluso sus coloridas cartas a su casa en la década de los 30s desde el seminario Pio Latino en Roma. Llegó a ser Director de tres diferentes periódicos de la Iglesia. Primero en San Miguel, donde desde 1945 hasta 1967 fue el responsable del periódico diocesano 'El Chaparrastique'; luego, en San Salvador, fue editor del semanario arquidiocesano 'Orientación'; y en Santiago de María, como Obispo, fundó 'El Apostol' l un periódico diocesano. Era un verdadero creyente en los medios de comunicación eclesial. Los concibió -en un primer momento- como la "Voz de la Iglesia" que comunica y aclara la doctrina y las prácticas de la Iglesia, que transmite noticias de la Iglesia y que fomenta la religiosidad popular. ¡Hasta despidió a los columnistas que querían abordar los grandes problemas sociales del país!
Pero cuando llegó a ser arzobispo, su estrategia con respecto a los medios de comunicación de la iglesia cambió, en conformidad con su nueva comprensión de la evangelización, inspirada en la Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, reflejando su transformado enfoque personal con respecto de la espiritualidad. La espiritualidad de Romero evolucionó gradualmente a partir de una espiritualidad que equiparaba la santidad con la perfección y la rígida observancia de las prácticas espirituales y ascéticas – hasta llegar a ser una búsqueda dinámica, fiel y fervorosa de lo que Dios realmente le estaba pidiendo; y comenzar gradualmente a identificar al Dios de Jesús viviendo en las personas sufrientes en El Salvador. En base a las circunstancias que encontró en la archidiócesis en 1977 y su decisión de ver las cosas como las vería Jesús de Nazaret, puso su gran capacidad para utilizar los medios de comunicación al servicio de su misión pastoral.
El arzobispo Romero provocó una feroz oposición de los medios de comunicación tradicionales de propiedad de, y al servicio de, los sectores económicos privilegiados. Por un lado, era un pastor decidido a anclar la Palabra de Dios en la realidad que su pueblo estaba viviendo, en contra, por otro lado, de un grupo social que había abandonado su fe en Jesucristo y su deber de divulgar verdaderas noticias -- y que en su lugar defendía privilegios injustos. La ironía perversa fue que el que rechazó la violencia, ya sea para mantener o para derribar estructuras de injusticia, fue calificado como fuente de conflicto.
El episodio de la Misa única, en marzo de 1977, en respuesta al asesinato de Rutilio Grande, provocó la ira de las clases privilegiadas que se voltearon por completo en contra de quien ellas mismas habían imaginado era su 'obispito sumiso'. Pero esta acción profética de Romero, como su posterior distanciamiento de la toma de posesión presidencial, fue una comunicación social altamente efectiva. Con ello declaró que la comunión nacional se había roto con el asesinato de un sacerdote por parte de un escuadrón de la muerte; y que para restablecer la comunión, tenía que terminar la impunidad ante ese crimen.
Romero se convirtió en la brújula moral de la nación, y para la prensa internacional, en el "árbitro " de la vida nacional. Se ganó su confianza. Yo preparé al arzobispo Romero para su conferencia de prensa con los medios de comunicación internacionales en Puebla, México, en 1979. Antes de empezar estaba muy nervioso, pero El mismo se tranquilizó admirablemente y recibió una ovación de la repleta sala de prensa, que de esa manera reforzó su compromiso.
En casa, la prensa oligárquica eliminó de sus columnas las noticias sobre Romero, tanto sus declaraciones como sus acciones; casi todas las referencias a la Iglesia eran reportadas de manera tendenciosa, llenas de calumnias. Insultaban sin piedad a Romero y lo denigraban con artículos cargados de odio, calificándolo de comunista, de guerrillero, de títere y de agente de Satanás. Los medios de comunicación tradicionales se convirtieron en una zona carente de ética, una zona exenta de moralidad. Se puede pensar que "las noticias falsas" son un fenómeno de la era Trump. Pero ya existían, en los medios de comunicación salvadoreños de los años setenta. Organizaciones 'fantasmas', grupos católicos ficticios, colocaron anuncios atacando la ortodoxia de Romero y su ministerio. El diálogo entre el arzobispo y la prensa fue constante e intenso. Romero usó duras palabras, que se pueden leer en sus homilías; en esta 'prensa servil y engañosa', dijo, hay 'lenguas alimentadas con mentiras' y 'bolígrafos vendibles'. La más impactante y repugnante de todas las manifestaciones de odio apareció en las redes sociales anteriores al Twitter, en forma de calcomanías para los parachoques de los coches (stickers) con el mensaje "sé patriota: mata a un cura ".
Es posible argumentar que los medios de comunicación tradicionales salvadoreños fueron cómplices del asesinato de Romero al crear condiciones, en la atmósfera frenética que condujo a la guerra civil, en las que tal magnicidio llegó a ser concebible y factible; finalmente sabemos que lo celebraron con fuegos artificiales y champaña en los barrios ricos de la ciudad capital.
Las comunidades cristianas en América Latina de inmediato canonizaron a Romero en sus corazones, como San Romero de América. Pero, como nos lo ha recordado Don Gregorio, en adelante se va a convertir en San Romero del Mundo. Será canonizado aquí el domingo como un Santo de la Iglesia universal, un modelo ejemplar de cristiano y de obispo, como la opción encarnada por los pobres. Sus palabras y sus obras, sus homilías y sus comunicaciones sociales, coronadas por su martirio, ya están inspirando a la Iglesia en todo el mundo.
Sus palabras a veces erturbadoras son un verdadero desafío para obispos, sacerdotes y laicos por igual. Es un reto que aspiremos a la santidad y, al hacerlo, que le pidamos a Dios, a través de la intercesión de Oscar Romero, que nos otorgue la valentía apostólica necesaria, para escuchar atentamente a los pobres, para promover la justicia en favor de los excluidos de nuestros medios y para expresar fielmente la realidad de su situación; incluso aun cuando seamos criticados e insultados como 'hacedores de bien', hipócritas, ingenuos e ignorantes. Romero dijo: "Tergiversaríamos nuestra misión como pastores, si tuviéramos que reducir la evangelización a meras prácticas de religiosidad y de sacramentalismo desencarnado". Yo creo que el Papa Francisco está diciendo más o menos lo mismo.
¡El desafío para los medios de comunicación cristianos ahora es evitar la tentación de presentar a la Iglesia a un Romero descafeinado, un santo aguado, un hombre carismático y orante que, mientras celebraba la Misa, fue alcanzado por una bala de un loco armado!
No, el Arzobispo Romero fue asesinado en un intento deliberado y planeado para silenciar la voz de la verdad en una sociedad alimentada con una dieta de distorsiones y mentiras. La voz de los sin voz fue asesinada en el altar. Al final, él fue ejecutado como Jesús de Nazaret. Así que por favor cuenten la historia como realmente fue.
La piedra que los constructores rechazaron se ha convertido en la piedra angular. San Oscar Romero -- ¡Presente!
San Oscar Romero -- ¡Presente!
Julian Filochowski
Roma, 12 de octubre de 2018