José "Pepe" Sanchez Zariñana, jesuita mexicano, se despide de Bogotá donde los últimos años se desempeñó como superior en la comunidad del teologado San Francisco Javier, función que asumió ayer 27 de septiembre el P. Juan Miguel “Potxi” Zaldua. La Oficina de Comunicación Institucional de la CPAL aprovechó la oportunidad para entrevistarlo:
¿Que significó para usted ser superior de teólogos en un CIF?
La experiencia como superior de teólogos del CIF fue muy enriquecedora en muchos sentidos. Fue una oportunidad de conocer las provincias de América Latina y algunas otras a través de los estudiantes. Fue adquirir una experiencia latinoamericana significativa. Yo ya había tenido una experiencia internacional en París, durante los 5 años que estuve por allá. Pero ahora fue más una experiencia de América Latina, donde encuentro más similitudes que diferencias. Una de las cosas que encuentro en común de nuestros jóvenes es la experiencia de Dios a través de la Compañía de Jesús, y principalmente por medio de los Ejercicios Espirituales. A pesar de que somos tan diversos unos de otros, compartimos un sentir espiritual común, una experiencia que nos marca, un Dios que nos ama, que nos libera y que nos hace vivir como seres humanos más plenos. Pude ser testigo del paso de Dios en la vida de estos jóvenes, de su proceso vocacional, de sus gozos y de sus dificultades cotidianas. Compartimos una misma humanidad, nos acompañamos en nuestras fragilidades, y vibramos con lo que Dios nos hace crecer en medio de los conflictos, los problemas, los procesos de crecimiento personal y grupal. La gran mayoría de los estudiantes vive fuera de su país, lejos de su cultura, de su ambiente, de su familia, de su comida. La gran mayoría se ha tenido que adaptar a circunstancias diferentes. Pero todos han sido acogidos por Colombia con los brazos abiertos y por una Provincia que ha ofrecido lo mejor de sí para que tengamos las condiciones necesarias para vivir, estudiar, trabajar, descansar. Los estudiantes se han incorporado a los diversos apostolados que la Provincia colombiana ha ofrecido y ha sido un enriquecimiento mutuo, los proyectos ofreciendo su involucramiento en la realidad colombiana y los jóvenes brindando sus dones personales para servicios de las instituciones y de los proyectos. Soy testigo además de lo que la Universidad Javeriana ofrece como apoyo educativo para la formación de los nuestros, un magnífico aporte para que los estudiantes adquieran los conocimientos y habilidades necesarias en el ámbito teológico. No se diga de lo que los jesuitas colombianos, en sus distintos compromisos apostólicos, académicos y comunitarios, han aportado también como personas al crecimiento de los nuestros. Así, no queda más que darse cuenta de todo lo que recibimos en nuestra estancia en este bello país.
¿Qué recuerda con más cariño y gratitud?
El pueblo colombiano, los jesuitas incluidos, nos han abierto las puertas, sus corazones y sus riquezas para que podamos provechar todos sus beneficios. Es mucho lo que hemos recibido de parte de este país. En mi estancia en Colombia he tenido la oportunidad de viajar por distintas partes y he visto lo verde que es el país, con su clima tan variado, con sus pequeños poblados encantadores y mágicos, con sus ciudades bulliciosas y vivas. He disfrutado de la variada comida que se brinda en cada región y del calor de la gente. Medellín me sorprendió muy gratamente: la gente fue muy hospitalaria en nuestra estancia ahí. Los paisas se mostraron extremadamente amables y serviciales. Pero también la gente de nuestras parroquias en Cartagena y Barrancabermeja hicieron que tuviéramos un tiempo de misión formidable. Asumo con mucha gratitud la oportunidad que han tenido muchos de nuestros estudiantes de participar en los campamentos misión que organizan las universidades y los colegios, así como la oportunidad de conocer la Amazonía, este bello proyecto interprovincial liderado por Colombia, Brasil y Perú. También doy gracias a Dios por las oportunidades que se les han brindado para estar en Haití, en Cuba, en República Dominicana, en el Perú, en Ecuador, en Panamá, en Venezuela, para apoyar distintas poblaciones de aquellos países.
En Bogotá, he recibido la gracia de acompañar a la gente de la parroquia de San Francisco Javier en un sencillo curso de Biblia que tenemos cada sábado, donde la gente puede acercarse a conocer y vibrar con la palabra de Dios. Ha sido una experiencia muy vivificante, donde la gente se ha abierto, ha aprendido, se ha entregado, y ha mostrado lo mejor de sí. En la parroquia, con ocasión de la celebración de múltiples actividades, se ha dado la oportunidad de crear lazos fuertes de amistad. La misa que presido los domingos ha sido también una ocasión de ejercer pastoralmente mi labor como sacerdote y de conocer a la gente en sus problemas y en sus experiencias cotidianas.
Como podemos ver, es la gente la que va quedando poco a poco en el corazón, en nuestros sueños, en nuestro caminar cotidiano. Es la gente la que da sentido a nuestro trabajo, la que nos hace levantarnos todos los días, la que nos sostiene la esperanza y la que nos anima con su cariño. A ella, en todos los rostros y en todas sus situaciones, toda mi gratitud.
Ahora, luego de este cambio ¿cuáles son las perspectivas del futuro?
Regreso a México y en principio voy a trabajar en la Universidad Iberoamericana. Estaré dando clases y trabajando en la investigación teológica. No sé qué más se me pueda pedir desde la Universidad o desde la Provincia. Estoy abierto en discernimiento a responder a las distintas ofertas de misión que lleguen. Espero sólo poder elegir lo que mejor sirva al Señor, a la Provincia, a la Compañía de Jesús universal, a la Iglesia, al pueblo de Dios. Ya Dios dirá cómo se acomodan las cosas por allá. Voy con gran ilusión y con la esperanza sólo puesta en Aquél que nos sigue dando su vida y su amor.
Oficina de Comunicación Institucional - CPAL