El pasado domingo, 22 de julio, inició en Buenos Aires (Argentina) la versión número diecisiete de la Asamblea Mundial de CVX - CLC, que se extenderá hasta el próximo 31 de julio. Compartimos el relato de Cecilia Martínez, de la CVX España, sobre lo vivido en la primera jornada.

Llevamos meses preparando nuestra participación en la asamblea mundial, mirando qué tenemos para poner en la mesa compartida de esta comunidad a la que estamos convocadas y convocados. Una profunda gratitud por tantas personas participando en que este encuentro sea posible, por tantas que nos han traído hasta aquí y por las que me han acompañado a lo largo de todo el día.

Si en la preparación de la asamblea nos invitaban a mirar qué tenemos para traer, hoy se nos ha invitado a recostarnos en grupos sobre la hierba verde de modo que pudiéramos mirar nuestros rostros y escucharnos. El mapa del mundo ha sido el marco para traer a la sala no solo a quienes estábamos presentes, también a las comunidades que nos han enviado. Una a una han sido nombradas y presentadas. Cuántos miembros las forman, y cuántos están “en camino”, en qué misiones colaboran para hacer presente el Reino y a quiénes han enviado como delegados y delegadas a compartir “sus panes y sus peces”.

La imagen de nuestra presencia en tantos y tan diversos lugares, con tanta riqueza y diversidad ha puesto en medio de la asamblea al mundo entero, con sus sueños y dificultades. Ha hecho visible cómo Dios nos convoca a encarnar su plan de salvación allí dónde la CVX tiene presencia. Una especial calidez han tenido los aplausos a nuestros hermanos y hermanas de Siria, Nicaragua, Venezuela o Chile, muestra de nuestro cariño y nuestro deseo de paz y justicia.

Una larga tertulia ha llenado las horas de la tarde. Tiempo de grupos más pequeños, espacio para la escucha espiritual y el intercambio profundo en lo personal y lo comunitario. Cada persona ha sido para mi un regalo, y ha traído consigo la realidad de su comunidad nacional y de su país, los sueños y el compromiso con la realidad allí donde la comunidad tiene presencia.

Estar en grupo nos ha permitido mirarnos a los ojos, conocernos y reconocernos al escuchar nuestras historias, nuestros sueños. Como la multitud hambrienta y cansada del evangelio, nos hemos ido convirtiendo en grupos de hermanos y hermanas que comparten la mesa. Una mesa en la que hemos puesto nuestra conversión personal, el descubrimiento de la espiritualidad ignaciana y de la CVX como “nuestra casa”. Con sencillez hemos compartido nuestra historia, la realidad de nuestras comunidades, y nuestros deseos para estos días.

La esperanza es el sentimiento que experimento al reconocer a Dios presente y activo en la vida de cada uno, de cada una de nosotras y de nuestras comunidades. Nos hace crecer, nos ayuda a darnos y compartir, pone en nuestros corazones el deseo de buscar con fidelidad creativa el siguiente paso a dar para contribuir a los grandes retos que hoy afronta la Iglesia y el mundo. A Él, que pone en nuestros corazones ese deseo, le pido que nos conceda luz y acierto para orientar el futuro de nuestra comunidad.

Para leer el Mensaje del Papa Francisco a la XVII Asamblea Mundial de CVX - CLC haga clic en Descargar en el Documento Relacionado a esta noticia.

 

Fuente: Jesuitas Colombia