Todos los viernes vamos a estar compartiendo "Temas para reflexionar", una serie de textos producidos por la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL).

 

 

Los mundos juveniles religiosos.

Acercamientos a los jóvenes desde la experiencia universitaria

Mtro. Alejandro Ortiz C.

Coordinador del Área de Reflexión Universitaria

Universidad Iberoamericana Puebla (México)

 

Quiero iniciar con el subtítulo de este breve ensayo. Esto me permitirá ubicar desde dónde escribo. Si bien he trabajado con jóvenes desde hace más de veinticinco años en diferentes ambientes y lugares, en los últimos diez años mi experiencia y acompañamiento es desde la universidad. Pequeño microcosmos que me ha permitido comprender mejor sus mundos. Mis acercamientos han sido desde múltiples caminos: lecturas debatidas con colegas; participación en investigaciones específicas sobre jóvenes; grupos focales con estudiantes; conversatorios donde ellos y ellas expresan su opinión sobre un tema concreto -algunas voces mejor argumentadas que otras- y dónde los adultos (profesores y académicos) no opinan y solamente moderan la palabra; entrevistas a profundidad con ellos; paneles con expertos, etc. Han sido espacios que han ayudado a navegar en sus realidades y conocer mejor sus perspectivas.  

Del rol socio cultural a los mundos juveniles

En estos procesos he conocido que ha existido una evolución en las formas de entender y comprender a los jóvenes. De manera general y por mucho tiempo fue el “rol” social lo que definía a la juventud. Un joven no era un joven en sí mismo, sino era un estudiante, un hijo, un laico, un cadete. Todos estos roles coinciden en una idea: que tanto el hijo como el estudiante o cadete son personas incompletas, no son “todavía”, tienen que aprender, escuchar, obedecer para que “sean alguien” más adelante. De tal modo que la juventud era una etapa de transición que había que superar, por eso no tenían voz pública en un mundo adultocéntrico. Desde esta visión ser joven implicaba un momento transitorio en la vida del ser humano donde su cumbre era la adultez.

En un segundo momento, las revueltas estudiantiles, las rebeldías juveniles y otras “enfermedades sociales” hicieron necesarios estudiarlos desde las ciencias para saber cómo son en realidad. El joven pasó de ser un “rol socio-cultural” a ser un “objeto de estudio”. La edad dejo de ser la única categoría para definir a la juventud. La psicología ayudó bastante. Dieron datos que hoy todavía utilizamos para definir a los jóvenes. Nos explicaron que las hormonas, las neuronas y todo lo biológico en esa etapa es un caos, un alboroto, una anarquía. Con este diagnóstico era fácil explicar deducir el porqué de estos “extraños” comportamientos juveniles. Los sociólogos también harán su parte. Explicarán que las instituciones sociales como la familia, la escuela o la religión forman o moldean a las juventudes según los intereses sociales de cada época. Estudios culturales, sociológicos, psicológicos, hasta teológico-pastoralistas serán agradecidos por acercarnos al fenómeno juvenil. En este afán “científico” de etiquetar la realidad se construirá el concepto de generación para delimitar a cada una de ellas. Nacerán las famosas generaciones X, la Y, la Z, los baby boomers, los millennials y mil más. Y aunque estos estudios ayudarán a conocer sus subjetividades no serán suficientes para comprender la complejidad juvenil[1].

De ahí que se vuelva necesario que sean ellos y ellas mismas las que hablen, expresen, comuniquen quiénes son, qué quieren, que buscan, porque son así. Este es el tercer momento o etapa de acercamientos a los jóvenes. La categoría analítica “mundos juveniles” es muy apropiada para lograr estos objetivos. Con ella se propicia respetar su voz y opinión, y se exige el re-conocerles. Con los “mundos juveniles” estamos comprendiendo una serie de actividades, sentidos, pertenencias, lenguajes, culturas, búsquedas, construcciones, identidades, organizaciones y propuestas desde diversos lugares y en diferentes condiciones. Por tanto, no podemos hablar del mundo juvenil, sino de los mundos juveniles, o más exactamente del universo de mundos juveniles.

Los contextos sociales vitales donde nacen las expresiones religiosas juveniles

Según diversos documentos (investigaciones, encuestas, diálogos) los jóvenes cada vez más se distancian de los ritos y actos religiosos dominantes. Podemos hablar que se alejan de la práctica religiosa occidental dominada fundamentalmente por el catolicismo romano. No van a misa por gusto para decirlo más claro. Éste es un ejemplo común que visibiliza una molestia mayor: no están de acuerdo con el modelo religioso heredado por sus padres. Los jóvenes no son devotos ni practicantes religiosos como las generaciones pasadas. Se dice que ya no creen, aunque esto es inexacto como veremos más adelante, es cierto que a las nuevas generaciones juveniles les cuesta mantener, y por tanto expresar, la fe que heredaron. Pero esto que puede parecer terrible para generaciones mayores, no inquieta en lo más mínimo a las nuevas generaciones. No pasa nada dirán ellos. Son tiempos post-religiosos dirán los especialistas (Vigil, Corbí, Taylor, Dworkin).

Una de las teorías básica que ha servido para comprender este fenómeno de retirada es la llamada Secularización. Teóricos como Weber, Berger y otros más, expresaron que por entrar a la modernidad las sociedades agrarias tuvieron que dejar las religiones como grandes constructoras de sentido. Mariano Corbí dirá que se pasó de las creencias a las ideologías (socialista, marxista, capitalista, etc.). Hubo un proceso de “desencantamiento” del mundo (Weber, Gauchet). Ya no será necesario la fe para explicar la realidad ni para fundamentarla o llenarla de sentido. La razón, las ciencias, el progreso harán esa parte ahora. La biología, la física y la neurología brindaran una antropología no religiosa. La voz de las iglesias ya no será tomada en cuenta para decidir los rumbos políticos, sociales y globales. La educación básica y masiva ayudará a crear procesos de desmitificación en edad temprana.  Ya no se ira al confesionario sino a la terapia con el psicólogo. La religión ya no será un tema público sino privado. Sus sacerdotes y obispos dejarán de ser “intocables” y serán juzgados por las sociedades emancipadas de la religión.

Aunque este proceso de secularización no ha terminado, ni se ha desarrollado como se esperaba ni ha logrado sus metas finales, es cierto que la modernidad, la globalización, y el estado laico han ayudado a que cierto tipo de secularización –algunos dirán light- se implante en las mayorías de las sociedades actuales. Pero la secularización existente no es excluyente, ha permitido la coexistencia, de no sólo las religiones mundiales actuales, sino que ha ayudado a nacer miles de expresiones de trascendencia, o semi-religiosas o también llamadas “nuevos movimientos religiosos”. Sin quitar la secularización se habla ahora de una vuelta a lo religioso (Boff, Libanio) o de plano de una des-secularización (Berger).

¿Y los jóvenes de hoy? Para comprenderlos y entenderlos debemos conocer sus contextos vitales. Hay tres contextos sociales vitales que han condicionado y configurado su existencia. Si bien nacieron en sociedades secularizadas donde lo religioso no es medular en la estructuración de las sociedades y de las personas, es cierto también que nacieron en sociedades de libre mercado, donde el consumo es el motor de la existencia por lo regular. Nacieron en el mundo globalizado de las transnacionales, y paradójicamente sin muchas opciones de elegir otra opción. Por ejemplo, los jóvenes de hoy nacieron sin la opción “socialista”, que le había permitió a los jóvenes de los sesenta pensar y soñar con un mundo contrario al “capitalista”, de ahí que a estas generaciones les tocó un mundo globalizado por las marcas.

Un tercer elemento es que han vivido la violencia como algo “normal” en sus cotidianeidades. El mundo que les tocó vivir siempre ha estado en guerra. Las violencias se han intensificado de manera brutal. Se ha pasado de lo violento a lo cruel.  Pueden convivir en su salón de clases con probables asesinos. Sus amigos se dedican a negocios que llevan implícita la violencia. Las mujeres jóvenes conocen el feminicidio de manera muy cercana. Secularizados, consumistas y violentados. De ahí que sus acercamientos religiosos sean tan diferentes y variados. La religión no desapareció se transformó en múltiples formas de utilización de lo religioso. La lista de ejemplos es muy larga pero solo escribo tres. Los jóvenes sicarios de nuestras sociedades rezan antes de ir a matar. Los jóvenes de las elites sociales van a eventos religiosos para fortalecer y estrechar sus vínculos sociales. Los jóvenes voluntarios en zonas de peligro muy violentadas encuentran en los pobres la máxima forma de vivir su fe.

Pongo los ejemplos anteriores para hacer notar que la fe religiosa juvenil es muy compleja y variada. Es una empresa muy difícil sistematizar todas las formas religiosas juveniles actuales. Sin embargo, se deben hacer acercamientos, previniendo sus limitados alcances. Desde la experiencia de interacción o intersubjetividad universitaria, se han detectado cinco tipos de fes juveniles en los jóvenes que nos pueden ayudar a dibujar un mapa religioso juvenil básico.

Tipologia mínima de las fes juveniles

La primera categoría son los “creyentes y practicantes religiosos”. Sí los hay. Son una minoría, que a veces se esconden de sus compañeros por temor a la burla.  Participan en grupos parroquiales, en coros, grupos de catequistas, grupos juveniles, en voluntariados, en grupos escolares de escuelas religiosas, etc. Son jóvenes motivados, si bien no por un deseo ardiente de evangelizar, si por una necesidad de estar con otros como ellos, de estar en otro tipo de grupos que les brinde identidad y pertenencia. Están medianamente formados, muchos son vistos –por sus líderes- como vocaciones religiosas, aunque ellos no les anima esta opción de vida. Creen en Dios, son críticos de las estructuras eclesiales, pero la utilizan para pertenecer a la iglesia.

Los “creyentes no practicantes” son estos jóvenes que profesan una fe en un Dios, que por lo regular les cuesta definirlo y concretarlo. Expresan que ese Dios se le siente, lo ubican como una presencia, saben que está ahí junto a ellos, pero no pueden explicarlo. Pueden hablar con él cuando lo necesitan. No tiene un rostro concreto, da lo mismo si es energía o es el Dios cristiano, lo importante es que esta para cuidarlos. No practican ritos ni ceremonias religiosas tradicionales. No necesitan practicar actos sin sentido para ellos, sino más bien necesitan un Dios que siempre esté presente en sus vidas y necesidades, de acceso inmediato y sobre todo un Dios nada exigente, de frágil memoria y que no comprometa a nada. De ahí que se entienda la ambigüedad de su definición sobre Dios así es más fácil adecuarlo a sus necesidades.

Los “posmodernos mágicos” son estos jóvenes urbanizados, con estudios, hasta pueden llegar a ser doctores en una especialidad, pero que separan lo religioso de lo científico o racional. Para ellos son campos diferentes, que no se tocan, donde la religión expresa algo mayor, algo que no sabemos, que nos sobrepasa, o que no podemos comprender por lo grande que es. La ciencia o la razón no son los caminos para comprender lo religioso. Es otro orden de cosas. Pueden creer más en el relato bíblico que en la tesis del big bang en torno a la creación. Creen en santos, ángeles, espíritus, vírgenes y demonios. Leen las escrituras al pie de la letra. No son practicantes, ni confesores de un credo, para ellos todas las religiones son lo mismo, es el mismo Dios “disfrazado” con varios rostros. Por lo regular extienden sus creencias al mundo secular donde las hadas, los duendes, los lobos son posibles, sin olvidar los magos o hechiceros. Tienen una visión más mágica que religiosa de Dios mismo.

Los “católicos sin cristianismo” viven esta contradicción: se dicen católicos sin conocer nada de Jesus de Nazaret. Están en la iglesia por sus padres, pero no saben ni les interesa saber quién es el fundador de ella. Para ellos las practicas católicas no tienen una importancia teológica o religiosa, sino que las ven como un elemento o evento social, no les gusta, pero la ven necesaria por costumbre o tradición (por ejemplo, la boda religiosa). Son cascarones vacíos. Piel católica sin cristianismo molecular. Por tanto, pueden “estar” en el templo y hasta estar en un rito sacramental sin sentirse parte de la iglesia ni estar comprometido por su fe.

Y así como hay jóvenes que se autodenominan ateos o agnósticos creo que también hay jóvenes que son “cristianos latentes”. Son éstos los que profesan una fe que no les satisface y son conscientes de ello, pero saben que hay algo más y cuando reciben una experiencia fuerte religiosa, o un curso que los impacta o los reconcilia con el mundo racional sin perder la fe su identidad y perspectiva cambia. Están en espera de que les pase algo y pueden esperar toda su vida sin que pase nada, pero si pasa se vuelven creyentes practicantes serios y maduros.

Para continuar dialogando los mundos juveniles religiosos

Un elemento clave en la vivencia juvenil es la emoción. La emoción juega un papel clave en su ser y estar. Esto sirve para todos sus ámbitos de desarrollo y también el religioso. Se descubre en las vivencias religiosas juveniles que la emoción juega un papel importante. Estamos viviendo tiempos de una fe más emocional que comprometida por un cambio social. Las ambigüedades de sus profesiones de fe les permiten sin compromiso alguno mantener una imagen divina protectora, cercana, amigable, amorosa que les ayuda cubrir vacíos, rupturas, frustraciones generadas durante su vida. Como me dijo un alumno “seguimos creyendo en el Jesús amigo” de la primaria. Tal vez tiene razón.

¿Desafíos? Muchos. Para mí el mantener y continuar dialogando con estas generaciones juveniles para saber cuál puede ser la mejor manera de acompañarlos desde nuestras propias fuerzas y limitaciones es uno de los más importantes. Son tiempos difíciles donde debemos renovar creativa y descolonialmente las formas religiosas actuales y en este proceso los jóvenes deberán ser protagonistas, ya que ellos y sólo deberán ser los gestores de sus proyectos axiológicos colectivos. La pregunta inicial para nosotros será si queremos acompañarlos o no.

 

Fuente: AUSJAL

 

[1] Un ejemplo ¿un joven indígena de la sierra es igual de “millennial” que un joven urbano universitario por nacer en el mismo año?