Todos los viernes vamos a estar compartiendo "Temas para reflexionar", una serie de textos producidos por la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL).

"Con esta edición queremos contribuir al llamado del Papa Francisco: la Iglesia tiene este año su atención puesta en los jóvenes. Nos encontramos en el proceso de preparación para dos grandes y significativos eventos: el Sínodo de los Obispos, en Roma, sobre "Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional", que se realizará en octubre de 2018 y la Jornada Mundial de la Juventud, en Panamá, que se llevará a cabo en enero de 2019. Dos momentos en los que la Iglesia centrará su mirada en la juventud actual para enriquecer su plan de acción en el mundo; reseña la Carta de AUSJAL Nº 48.

 

El joven universitario en la cultura moderna líquida

Dr. José Francisco Juárez

Decano de la Facultad de Humanidades y Educación

Universidad Católica Andrés Bello (Venezuela)

  1. El estudio sobre cultura juvenil. Un aporte a la comprensión del estudiante universitario latinoamericano.

En el año 2006 la Red de Homólogos de Educación de AUSJAL decidió realizar una investigación en las universidades confiadas a la Compañía de Jesús con el fin de conocer más de cerca la realidad de los jóvenes, para dar respuestas concretas a sus necesidades y en sintonía con la misión educadora de sus instituciones. El estudio se enfocó en la cultura juvenil, apreciando la complejidad del concepto ya que sobre el tema no hay un consenso definitivo. Se identificó que la cultura juvenil tiene que ver con “manifestaciones particulares de los jóvenes que se basan en la selección de referentes culturales” (AUSJAL, 2011: 26) En ese sentido se trató de revisar la diversidad juvenil en un contexto determinado como lo es la institución universitaria.

En el estudio participaron 13 instituciones de América Latina y, después de un intenso trabajo de discusión e integración de las ideas respecto al abordaje metodológico, el cual incluyó el análisis de diez dimensiones (actividades relacionadas con el arte, apoyo familiar, hábitos de estudio, propósitos de los estudios, salud, motivaciones en las relaciones sexuales, trabajo, trascendencia, participación política y uso del internet) se obtuvieron algunos hallazgos, entre los cuales destacan que la familia tiene una influencia significativa en la vida de los jóvenes; éstos suelen tener una escasa participación política; presentan un nivel bajo de lectura; tienen un sentido alto de espiritualidad; el uso de internet es alto pero no tienen todas las competencias necesarias para un uso racional del mismo. Estos y otros resultados, así como sus recomendaciones fueron tema de reflexión y se estableció una ruta de trabajo a través de lo que se llamó monitor cultura juvenil.

La investigación presentó unos rasgos comunes del estudiante latinoamericano, de las instituciones confiadas a la Compañía de Jesús que permitieron importantes discusiones a lo interno de las universidades para dar las respuestas más asertivas ante las evidencias encontradas. Fue una experiencia novedosa y pertinente para la red.

  1. Evaluación permanente de la realidad

A diez años de ese ejercicio investigativo, valdría la pena evaluar en su conjunto el esfuerzo de las universidades de la Red, atendiendo a los retos que suscitó dicho estudio, así como revisar nuevamente las dimensiones planteadas en la investigación. También conviene la incorporación de otras dimensiones, reconociendo el hecho de que, como señalan algunos autores, vivimos en una cultura moderna líquida, concebida como un espacio de aprendizaje y acumulación permanente de experiencias que se superponen unas sobre otras, a medida que ocurren de manera vertiginosa, sin posibilidad alguna de que la persona lo asimile o madure. Este es un momento histórico en el cual los valores y las creencias están en constante movimiento, lo cual hace que la cultura, como proceso humano, esté sobre una plataforma movediza que se debe monitorear permanentemente.

Para precisar lo anterior, se puede afirmar que hoy se tiene la certeza de que las fronteras entre los países es una línea imaginaria que se sigue difuminando apresuradamente. Las creencias se ponen a prueba frente al sincretismo cultural que cada vez se consolida por una globalización amparada en la expansión tecnológica de los medios de comunicación.  Se vive el desenfreno de la sociedad globalizada y, tal como la llama Lypovesky, es la era del vacío, del sinsentido, de la relatividad moral y del pragmatismo. Es la época de las grandes contradicciones: Guerra y paz en un mismo discurso político; desarrollo y pobreza en una misma ciudad; solidaridad e indiferencia ante una tragedia. En fin, se viven momentos que claman del ser humano una revisión profunda de sus creencias y una capacidad de interiorización, fundamentales para el desarrollo humano, necesarias en la educación.  

La realidad exige respuestas acertadas a las problemáticas derivadas de esa deshumanización que se vive y que impacta a los jóvenes estudiantes universitarios. Sobre este asunto hay varias dimensiones que están afectando la cultura juvenil y tienen fuerte impacto en la universidad. Una de las preocupaciones actuales es la deserción estudiantil. Cerca del 50% de los jóvenes que ingresan a la universidad, desertan en su primer año de carrera. Hay varias razones que pueden explicar el fenómeno, pero uno de ellos es la escasa formación que traen del bachillerato. Otra explicación es que los jóvenes están dejando de soñar por su futuro, por su país. Han caído en una especie de paralización sostenida por la falta de proyectos personales y colectivos. Estudiar, probablemente, no tiene el mismo significado motivacional que hace unas décadas atrás. Al parecer las utopías ya no tienen la misma incidencia que antes en el espíritu del joven del siglo XXI.

Los jóvenes tienden cada vez a leer menos y no aprovechan convenientemente los recursos tecnológicos que tienen a su disposición. Aunque son nativos digitales y están en condiciones de usar la tecnología, no la comprenden del todo y por eso no logran apropiarse de ella adecuadamente. Hay mucha información disponible y poca capacidad de crítica ante el gran volumen comunicacional. Es evidente que el estudiante de hoy tiene mayor acceso a la información pero se encuentra más desprotegido que nunca ante la manipulación de quienes ostentan el poder y manejan los mass media.

El joven de hoy tiene una alta sensibilidad hacia lo social. Parece que en los últimos años éstos han ido asumiendo un protagonismo en la sociedad, desligados, por cierto, de parcialidades políticas. Y esto es significativo porque el universitario es capaz de comprometerse por causas humanitarias que lo sensibilizan y toman consciencia de su entorno. Por ejemplo, en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas abundan las experiencias de organizaciones estudiantiles cuyo fin es dar respuesta a las problemáticas de la comunidad. Estos grupos generalmente son espontáneos y, aunque en ocasiones son asesorados por personas con mayor experiencia, ellos suelen ser innovadores, es decir, crean sus propias oportunidades de avanzar en esos proyectos.

Un rasgo interesante del joven actual es que está en una constante búsqueda. Probablemente sin saber exactamente lo que busca, pero ciertamente trata de dar respuesta a situaciones que escapan a su comprensión racionalista.  Y en ese sentido están dispuestos a aprender, cuando se les motiva adecuadamente. También podríamos decir que son religiosos pero no confesionales y parece que ese es un aspecto cada vez más evidente en las instituciones de educación media y superior.

  1. Los estudiantes universitarios, racionalidad técnica y humanismo cristiano

Lo cierto es que nuestros jóvenes universitarios viven esta realidad y en ella se forman. Por eso, no se puede perder de vista la misión de las instituciones confiadas a la Compañía de Jesús en medio de esta situación. Ante el pragmatismo y la racionalidad técnica que están despojando de  humanismo a la sociedad del siglo XXI, merece la pena insistir en estas cuestiones ¿los jóvenes siguen siendo personas que buscan la trascendencia y piensan que existe una fuerza espiritual que los guía en su vida?, ¿con qué expectativas está entrando el joven a las universidades?, ¿los estudiantes tienen las competencias básicas en lectura, escritura, razonamiento lógico que les permita avanzar con éxito en su formación profesional?¿cómo se relacionan entre ellos y qué quieren de los adultos?, ¿ las universidades de inspiración cristiana están conscientes de esta realidad y tienen un plan estratégico que las oriente en relación con esta problemática?, ¿hay un proyecto común compartido entre las universidades de inspiración cristiana que ayude a comprender y atender las cambiantes culturas juveniles?

Estas y otras preguntas quieren ser provocadoras de una reflexión en torno al compromiso formativo de las instituciones de AUSJAL para retomar con ánimo la misión de formar con calidad desde un enfoque ignaciano.

  1. El compromiso de las universidades de AUSJAL

De lo anterior concluimos que las universidades confiadas a la Compañía de Jesús tienen que estar a la vanguardia de los estudios y respuestas que merecen los estudiantes. Estamos en un momento donde parece que no hay certezas, lo cual lleva a la desesperanza, a la pérdida del norte y por consiguiente a que se piense que todo está permitido porque nada en sí mismo tiene valor.

Estamos comprometidos a formar profesionales exitosos, capaces de transformar la sociedad. Para ello se debe atender la problemática del joven y dar las soluciones acertadas que nos permita enfocarnos en lo prioritario de la educación que es formar profesionales competentes, compasivos, comprometidos y conscientes de su realidad.

 

Fuente: AUSJAL