La misa de Acción de Gracias celebrada en el Santuario de Nuestra Señora del Carmen, en Mariana (Minas Gerais), el 15 de junio, marcó el cierre de la fase diocesana del proceso de beatificación y canonización de monseñor Luciano Mendes de Almeida.

La eucaristía fue presidida por el administrador apostólico, Mons. Geraldo Lyrio, con la presencia de algunos obispos, entre ellos Mons. João Evangelista Tierra S.J., obispo emérito auxiliar de Brasilia, varios sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y muchos fieles. En el marco de la celebración, el promotor de Justicia, Mons. Geovane Luiz da Silva (obispo auxiliar de Belo Horizonte, del clero de Mariana), el postulador diocesano de la causa, canónigo Lauro Versiani, el hermano de Mons. Luciano, Candido Mendes de Almeida, y el representante del provincial de los Jesuitas de Brasil, padre Geraldo De Mori, que es rector de la Facultad Jesuita de Filosofía y Teología (FAJE). Después que los principales implicados en el proceso de beatificación prestaron juramento, se pasó a la lectura del acta y al cierre de la caja con todos los autos: más de 6.000 páginas que serán enviadas a Roma (Italia). Para la fase romana del proceso, fue nombrado el sacerdote jesuita Pascual Cebollada, postulador General de la Compañía de Jesús.

La vida de Mons. Luciano

Mons. Luciano Mendes de Almeida nació el 5 de octubre de 1930, en Río de Janeiro. Fue alumno de los colegios jesuitas Santo Inácio (Río de Janeiro) y Anchieta (Nova Friburgo). En 1947 ingresó a la Compañía de Jesús.

Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, Mons. Luciano fue secretario general y presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), por 16 años, además de miembro permanente de la entidad hasta su muerte, en 2006. Él actuó en la Pontificia Comisión Justicia y Paz, fue vicepresidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y presidente de la Comisión Episcopal del Mutirão para a Superação da Miséria e da Fome.

Mons. Luciano también fue arzobispo de Mariana, de 1988 a 2006, cuando falleció a los 75 años. Su actuación al frente de la Arquidiócesis de Mariana fue marcada por organizar el trabajo pastoral y religioso y en las obras sociales, además de invertir en la preservación de las iglesias históricas.

Hombre sensible y preocupado por los pobres, Mons. Luciano dejó huellas por donde pasó, lo que, además de la fama de santidad, motivó el pedido de santidad.

 

Fuente: Jesuitas Brasil