
Estamos en la Semana 12 del Tiempo Ordinario y la Liturgia nos presenta en esta ocasión una escena evangélica vivida por Jesús y sus discípulos que dice mucho para nuestro tiempo. Se trata de la actuación en tiempo de crisis, de tribulación o de desasosiego: La tempestad calmada.
El evangelio de Marcos (4,35-41) comienza diciendo sin más que Jesús plantea a sus amigos: “vayamos a la otra orilla”. Ir a la “otra orilla” tuvo que ser de gran estupor para los discípulos porque ellos sabían muy bien que al otro lado del lago Tiberíades estaba el territorio pagano de la Decápolis. Una realidad extraña y distinta a su religión, a sus creencias y a sus costumbres. Jesús no quiere quedarse en lo mismo de siempre. No quiere hacerse costumbre. Para el Señor, una realidad nueva y distinta, es una ocasión especial de actuación. Estando ya en la ruta hacia la “otra orilla” un fuerte ventarrón estremecía la barca poniendo en peligro la vida de todos. Y los discípulos reclaman a Jesús: Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?
En su sencillez, la escena del estremecimiento de la barca nos remite a los estremecimientos de la vida debido a los cambios y nuevas realidades con las que nos topamos a diario. Y puede que ante las crisis o novedades que nos asaltan, tengamos la tentación de replegarnos, encerrándonos para protegernos, o llamar las cosas con otro nombre y no con el que tienen. Pero ante el terror padecido por los discípulos, Jesús interroga: ¿por qué tienen tanto miedo? ¿aún no tienen fe?
Hoy nos encontramos con muchas “otras orillas” a las que tenemos que adentrarnos, por ejemplo, el privilegio de lo inmediato contrapuesto a la construcción de una vida en solidaridad; la superabundancia de medios en contraste con la proliferación de la exclusión; el beneficio desmesurado de unos pocos opuesto al enorme crecimiento de la marginación; el vertiginoso crecimiento científico, contrapuesto a la constante amenaza de la vida (Cf. CG 35-Decreto 3,11).
Ante tanta novedad pudiéramos conformarnos con preguntar al Señor: ¿no te importa que nos hundamos? Sin embargo, cabe la actitud de Jesús: afrontar cada circunstancia de la vida con corazón generoso, con razonamiento amplio y con su misma magnanimidad de ánimo. Hoy como ayer, fe y superación del miedo van juntas. La fe es confianza. Ponerse en las manos de quien sabe hilar perfectamente los hilos de la vida y del destino: Dios.
El Evangelio nos está invitando a poner toda la confianza en Dios, como dice Santa Teresa: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda…, quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta”. Pero también nos está invitando a no huir, ni escondernos ante los cambios o peligros, lo que supone aquella actuación auténtica que sepa combinar audacia y verdad, creatividad y consistencia, firmeza y bondad, convicciones y diálogo, autoridad y caridad, generosidad y discernimiento. Porque así es como sustentamos nuestra vida y nuestra misión en la fuerza salvadora del Señor.
Por: P. Gustavo Albarrán, SJ

TRANSITAR CON FE
Si tu paso se detiene por la incertidumbre, angustia o dolor,
o por los encantos de un mundo con brillo que ofrece al instante su falso color;
espacios helados de manos inertes y escarcha esparcida en el corazón,
que hacen de los días como de las noches rutinas transidas de falsa emoción.
Una voz te dice: cruza a la otra orilla, ven a descubrir la luz y el color,
que no te detenga ni el susto ni el miedo, que es mundo de nadie, reino del temor.
Levanta los ojos, traspasa, camina, con tu paso firme, se abrirá el amor,
y aférrate al cielo, avanza seguro, te guía, te lleva, a un mundo mejor.
Comienza de nuevo, abraza la vida con toda tu fuerza, recibe su ardor.
y al pasar el vado deja allá en la orilla, el miedo y el vértigo que la novedad causó.
No temas, confía, en que todos pueden liberar sus vidas mediante el amor,
porque así tus noches y también tus días, llenarás de paz, audacia y calor.
(Cf. Anónimo)