En el marco de la celebración del Día Internacional de la Mujer, compartimos la entrevista realizada por Miguel Estupiñán (ALC Noticias), al P. Ismael Moreno SJ; en donde habla de su entrañable amiga Berta Cáceres, quien fuera una líder indígena lenca, feminista y activista del medio ambiente en Honduras.
“La sangre derramada de Berta Cáceres la tenemos que convertir en pensamiento y en modo de situarnos hoy en la lucha hondureña, centroamericana y continental”, dice Ismael Moreno SJ, director de Radio Progreso, de Honduras.
Recientemente se cumplieron dos años del asesinato de Berta Cáceres, lideresa ambientalista de origen lenca, ganadora del Premio Golman en 2015 por su compromiso en defensa de la naturaleza y de los derechos humanos junto a articulaciones como el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH). Ismael Moreno, uno de sus mejores amigos, nos regala unas palabras sobre el legado de Berta, la situación del país, los retos de los movimientos sociales y del periodismo en Honduras, entre otros temas.
La conversación con el padre Melo, director de Radio Progreso y del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús (ERIC-SJ), tuvo lugar en Bogotá (Colombia), durante un encuentro de la coordinación continental de comunidades eclesiales de base, llevado a cabo hace unos días.
¿Cuál es el legado de Berta Cáceres?
En la medida que pasa el tiempo, Berta va creciendo más, porque en ella uno puede recoger un pensamiento y un modo de situarse. Yo llamo a eso “el aporte bertiano”.
El pensamiento de Berta es profundo y sencillo al mismo tiempo. Yo conocí el proceso de su consolidación. Era claramente anticapitalista y antisistémico, se expresaba en la lucha inmediata contra el neoliberalismo feroz, contra los proyectos de extractivismo. Pero también nos ayuda a situar que la lucha anticapitalista y antisistémica es, a la vez, una lucha antipatriarcal, porque es imposible que el capitalismo se entienda sin el patriarcado, el dominio y poder de los varones sobre las mujeres, los territorios, los bienes, el mercado y la política. Dicha lucha es contra el poder que oprime, aplasta, domina, destruye; una lucha que conduce a entender el poder como la capacidad para lograr transformaciones personales y ambientales en el entorno, desde la humanización, desde nuevas relaciones de género. La lucha anticapitalista y antipatriarcal es, por tanto, una lucha contra el poder que oprime y por el poder que humaniza.
Pero hay un tercer dinamismo en el triple pensamiento de Berta y es que fue antirracista, dado que el capitalismo y el patriarcado se asientan en el desprecio de la gente pobre, de los pueblos indígenas, de los campesinos, de la mujer, de las niñas y niños, del trabajador y de la trabajadora, del obrero y de la obrera, del desempleado.
El racismo, hasta en empresas, tiene expresiones normales; por ejemplo, ¿qué nos dice el capitalista, el político que tiene poder y un cargo alto, cuando uno lucha?, ¿qué le decían a Berta? “Igualada, quieres ser como nosotros”. Ella luchó contra el racismo y éste es propio del capitalismo y del patriarcado.
Por tanto, el pensamiento de Berta es actual. Y si queremos luchar tenemos que ser anticapitalistas, antipatriarcales y antirracistas, buscando nuevas relaciones de género, nuevas relaciones humanas en donde no sea la discriminación, el desprecio ni la exclusión lo que domine, sino la inclusión. Eso debe expresarse en un nuevo Estado. Ella lo tenía bien claro al hablar de una nueva Constitución que tiene pasar por una nueva constituyente que sea para todos y no algo reformista. Ella iba a lo radical.

Ese es el pensamiento. Pero también Berta recuerda que hay un modo de situarnos y eso es interesante. Yo tuve el privilegio de conocerla bastante; sus limitaciones, incluso, y también sus procesos de desarrollo.
No solo en una ocasión, Berta llegó a mi casa con mochila y botas de hule a bañarse, diciendo que venía de San Roberto o de Montaña Grande y que la llevara al aeropuerto, para viajar a Ginebra o Washington.
Llegaba entonces con botas de hule y salía con zapatos de tacón. Berta nos ayuda a entender que estaba situada vitalmente en la comunidad lenca y en su pueblo, en el COPINH; esa era su vida, su relación vital: el COPINH, el pueblo lenca, el territorio de Intibuca… Ah, pero de ahí Berta tenía una enorme capacidad para articular esa relación vital con las organizaciones sociales de Honduras y lograr instancias articuladoras.
Recuerdo que el 22 de agosto de 2003, reunidos, Carlos Reyes, veterano dirigente sindical, ella y yo, porque nos habían dado la tarea de elaborar un documento para lanzarlo a lo público el 26 de agosto, en una lucha por el agua y contra la privatización de los bienes públicos, por la cual habíamos pasado varios meses reuniéndonos diversas organizaciones, nos preguntamos quién firmaba el documento y ella me dijo a mí, que estaba de amanuense: “póngale ahí ‘Coordinadora Nacional de Resistencia popular’”, que fue la instancia de articulación más grande que hemos tenido en los últimos 20 años. Yo escribí así en la computadora. El 26, cuando lanzamos y presentamos el llamamiento, habíamos como veinte mil personas en la capital y ahí se conoció la coordinadora, que después dio tanta vida en Honduras. Luego, en 2008, tras una huelga iniciada por los fiscales, se conformó un movimiento por la justicia.
De pronto te encontrabas con que ella había convocado un encuentro centroamericano, mesoamericano, en la lucha contra la militarización, y te encontrabas con guatemaltecos, nicaragüenses, salvadoreños, panameños, costarricenses, mexicanos; luego se iba y la encontrabas en los foros sociales mundiales, hablando sobre la necesidad de salvar el planeta. Se situaba con una visión universal, planetaria, con compromisos regionales muy específicos; con articulaciones nacionales muy bien definidas, pero sembrada en el COPINH y en su tierra, tanto como en sus botas de hule.
Eso no es de cualquiera. Esa forma de situarnos en la lucha es el gran aporte estructural de Berta, un modo de situarse que tiene un pensamiento anticapitalista, antipatriarcal y antirracista, desde un pueblo concreto, pero con mirada y compromiso universal. Ahí está su máximo aporte, que hoy, cuando celebramos el segundo aniversario de su muerte, tenemos que ratificar, para alimentarnos. Esa sangre que se derramó la tenemos que convertir en pensamiento y en modo de situarnos hoy en la lucha hondureña, centroamericana y continental.

¿Qué está pasando en Honduras en este momento?
Lo que tenemos en el país es una alianza entre la reducida oligarquía hondureña con las transnacionales, mayoritariamente de Estados Unidos. Esa alianza es, en la realidad, el auténtico Gobierno hondureño. Ahí es donde se define el presente y el futuro sin contar con el país y a sus espaldas; en esa alianza, por ejemplo, le da el aval definitivo al régimen autoritario. Porque una sociedad cargada de desempleo, violencia, narcotráfico, que son los subproductos del neoliberalismo creados por esa alianza, necesita la militarización para que la inversión sea exitosa en ganancia.
Eso es lo que hay detrás del golpe de Estado de 2009, del fraude electoral y de la inconstitucionalidad en la reelección de Juan Orlando Hernández. He ahí un primer punto.
Pero otro punto también importante tiene que ver con los intereses geopolíticos, porque para asuntos de ganancias particulares y de intereses privados está esta alianza; pero para asuntos estratégicos, políticos, Honduras no importa y sigue siendo la “Banana Republic” de hace 100 años para los intereses de Estados Unidos.
Lo que importa para Estados Unidos, y por eso la presencia de intervención desproporcionada en Honduras, es que el territorio hondureño sea un lugar políticamente manejable para los intereses geopolíticos del Pentágono, del Departamento de Estado y de la Casa Blanca.
Y, en ese sentido, geográficamente estamos hablando de un territorio privilegiado, que vincula auténticamente el norte con el sur del continente; que tiene costas en el Pacífico y el Atlántico, y los vincula; que tiene fronteras con Nicaragua, El Salvador, Guatemala y una mirada inmediata con el Golfo de México y con las costas de Miami y de Nueva Orleans. Es, en términos estrictos, el patio trasero de Estados Unidos desde 1823. Y el patio trasero no lo pueden limpiar nadie más que ellos.
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Fuente: http://alc-noticias.net