En los últimos años el cultivo de la interioridad ha aparecido como novedad en los currículos escolares, con variados objetivos, perspectivas y modos. Es un tema de interés actual no solo para la educación formal, desde la educación inicial hasta la educación superior en los centros de la Compañía de Jesús, sino también para reanimar la formación de educadores, la pastoral juvenil, vocacional o parroquial, entre otros.

Desde el Centro Virtual de Pedagogía Ignaciana (CVPI), que pertenece al Sector Educación de la Conferencia de Provinciales Jesuitas en América Latina y El Caribe (CPAL), compartimos este texto: ¿De qué hablamos cuando hablamos de Interioridad? (EIDES, 2013) Con artículos de Lluís Ylla, Xavier Melloni, SJ., Josep M. Rambla, SJ., y M. Dolors Oller, todos de interés, pues examinan el tema desde diferentes ángulos; si bien el P. Rambla lo hace más desde la riqueza de la aproximación ignaciana que incorpora integralmente la exterioridad.

 

INTRODUCCIÓN: PEDAGOGÍA DE LA INTERIORIDAD

Este Cuaderno es fruto del deseo de sinergia entre la Fundació Jesuïtes Educació, EIDES (Cristianisme i Justícia) y la Cova de Sant Ignasi de Manresa. Las tres instituciones decidieron aunar esfuerzos para ofrecer conjuntamente una atención especial a la adolescencia y la juventud, fomentando en ellos el proceso de crecimiento en la fe y la “iniciación” en el no fácil camino de la interioridad.

Todo ello se ha concretado en:

Ofrecer pedagogías para suscitar la interioridad, el silencio, el autoconocimiento... (con ejercicios de expresión corporal, danza, relajación, silencio, reflexión...) de manera que los adolescentes experimenten la alegría del descubrimiento del misterio de lo Transcendente en el propio corazón y en el corazón de la vida, no obviando, sino encajando, las rupturas propias y ajenas que se producen durante su proceso de crecimiento.

Fomentar el estudio teórico de la pedagogía de la interioridad para adolescentes y jóvenes, participando en los fórums de reflexión sobre el tema, convocando un seminario de expertos y dedicando una especial atención a la formación de «pedagogos de la interioridad», una interioridad que, en la estela de Ignacio, sólo será válida si se conjuga con la “exterioridad”.

Y todo ello vinculado al “lugar santo” de la Cova de Sant Ignasi en Manresa, donde Ignacio se encontró con el Señor Jesús, con la misma inmediatez con la que un «amigo habla con otro amigo».

Como previo a este proyecto, las tres instituciones vinculadas a la Compañía de Jesús convocaron en la sede de Cristianisme i Justícia una jornada sobre el tema. Este Cuaderno recoge las tres breves ponencias “provocativas” y el diálogo posterior que se produjo, y que hemos recogido en el último apartado.

La sinergia entre las tres Instituciones ha llevado ya a una reformulación del Proyecto «Casal Lluís Espinal», del que se puede encontrar una primera información en www.casallluisespinal.cat, pero que está abierto a nuevas sugerencias y modificaciones, ya que nos encontramos ciertamente ante una realidad compleja y cambiante.

Esta propuesta se ha incluído en las últimas páginas de este cuaderno.

Francesc Riera i Figueras, sj. President de la Fundació Lluís Espinal - Cristianisme i Justícia Director del Centre Internacional d’Espiritualitat Cova de Sant Ignasi

 

1. DE ENTRADA UNAS PREGUNTAS

A la hora de hablar de la interioridad, seguramente son mucho más importantes las preguntas que las respuestas.

Tenemos que empezar, pues, con una actitud de interpelación:

  • El interés moderno y postmoderno por la interioridad, ¿no participa de un flujo poderoso que lleva a centrar el yo en sí mismo y que desemboca en un yo con pocos vínculos, por más que los humanismos cristianos siempre nos empeñemos en ligarlo al otro?
  • ¿El interés por la interioridad y las prácticas asociadas no son una especie de “mentiras románticas”?
  • ¿Qué decir de los planteamientos que asocian experiencia espiritual a actividad emocional y plantean el trabajo de la interioridad como un tobogán hacia la fe?
  • ¿Puede la experiencia de Dios ser el resultado de la aplicación de tecnologías del yo (interiorización) o de metodologías?
  • Si queremos velar por la interioridad, ¿no habría que dejar a un lado tanta lógica de la actividad y la fortaleza y dar paso a una sabiduría de la pasividad y la debilidad?

El interés por el mundo interior es un signo de los tiempos. Hoy hay muchas iniciativas cualificadas que de una manera autónoma (independiente de instituciones, corrientes...) se adentran en los terrenos de la interioridad. En este mundo diverso, las tradiciones espirituales, que han sido ricas en el cuidado de la interioridad (entrelazándola con una ética, una estética y unas cosmovisiones), tienen el reto de decir una palabra propia, humilde. Una palabra que no es fácil, porque el contexto actual es muy distante de aquel en el cual se originaron.

Velar por el mundo interior se irá haciendo más y más urgente, y será una demanda creciente. Ponerse en esta tarea, saberlo fundamentar, hacer que se integre como un nuevo progreso, que no acabe como una moda pasajera, es todo un reto.

«El camino más largo es el camino hacia el interior», escribió Dag Hammarskjöld, una persona comprometida en el desarrollo y la paz mundial. 

1.1. Estado de la cuestión

Durante años para cuidarse de la vida interior bastaba con los ritos sociales, las liturgias, las plegarias o el silencio. El ritmo de la vida lo favorecía.

Dentro de la gran tradición cristiana éramos deudores de maestros como Agustín, quien en Las Confesiones se explayó en el mundo interior; como Casiano, quien siguiendo a Evagrio, en las Colaciones hizo una disección precisa, que después fue extendida por el monaquismo benedictino; y así podríamos seguir con Eckhart, Kempis, Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Francisco de Sales, etc.

La vida familiar, de escuela y de pueblo mantenía pequeños gestos, ritos religiosos o civiles, que invitaban al recogimiento, a mirar hacia dentro. Al menos callábamos, estábamos en silencio o pensábamos.

El siglo XX fue el siglo de la antropología y del yo. Teilhard nos dejó una propuesta paradójica: centrarse en el yo, descentrarse en el otro, sobrecentrarse en el misterio. Aprendimos de la Ortodoxia a compasar la respiración con la palabra “Jesús”. Hablábamos de la espiritualidad del arte. En Occidente irrumpió la psicología que abrió la conciencia del yo. Del Próximo Oriente nos llegó el sufismo; del Lejano Oriente la sabiduría del hinduismo, el budismo y tradiciones como el yoga, el zen y las artes que implican el cuerpo y la mente.

De Ramana Maharshi (+1950) recibimos la pregunta persistente de quién soy yo. En Vida Interior y no violencia (1962), Lanza del Vasto, discípulo de Gandhi, hacía una propuesta integradora de la vida interior y la práctica externa. Maslow hablaba de las experiencias cumbre con una especie de jerarquización de las necesidades (1964). Con Thomas Merton (+1968) se hizo algo accesible la riqueza interior del monaquismo. A partir de la Gestalt, en Darse cuenta (1971) John Stevens propuso numerosos ejercicios que algunos denominarían de interioridad. Las psicologías del cuerpo (bioenergética, focusing) se difundieron y encontraron muchos desarrollos. En Sadhana (1980), Anthony de Mello empezó a hacer escuela en el Occidente cristiano.

Más tarde empezamos a hablar más de emociones (Goleman, 1996), se difundían muchas intervenciones terapéuticas o de desarrollo que integran el cuerpo, las emociones, la mente... Finalmente, la autoayuda penetró en las librerías.

Desde la religión, y desde humanismos diversos, la necesidad de velar por la vida interior se ha ido haciendo más presente en nuestra cultura de la segunda mitad del siglo XX.

Sin embargo son pocos los que hablan de interioridad.

 

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